¿Se han preguntado alguna vez qué puede ser aquello que más llama la atención de los niños en un buen cuento infantil o en un cuento de fantasía? ¿Serán las peripecias de un grupo de personajes pintorescos?, ¿el despliegue de colores y formas?, ¿las sensaciones producidas por el humor, el suspenso e, incluso, por el terror? Probablemente se trate de varias cosas o de todo a la vez en distintas proporciones. Innegable e infalible el efecto que producen duendes, princesas y príncipes, brujas y brujos, lobos feroces y mágicas alfombras. Y, sin embargo, de regreso a nuestra material realidad, resulta que toda esta maravilla muy bien la puede contener un buen libro sobre ciencia. Aventuras de personajes pintorescos; no hay más que echar un ojo a Auguste Picard y a sus ascensos y descensos, de la estratosfera a las profundidades del océano; o se podrían considerar las singulares vidas de Hedy Lamar, princesa y científica por partes iguales, o de Jane Goodall, aventurera capaz de comprender el lenguaje de los simios. Despliegue de formas y colores; abundan los ejemplos en los reinos animal, vegetal y fungi, algunos, como el del tardígrado, casi tan fantásticos, o más, que un unicornio.Y para el suspenso, el misterio y el terror basta con repasar la larga lista de lo que la ciencia aún no sabe pero que muchos investigan con audacia y entusiasmo; desde la incasable y feroz batalla contra bacterias y virus, hasta el misterio insondable de los agujeros negros y la física cuántica.
Porque si algo puede despertar emociones, entre ellas sorpresa y felicidad, y además promover la curiosidad, tal cosa es la ciencia. Ciencia que, ¡gracias a Newton!, no es privativa de los científicos. Dicho de otra manera, aunque algunos aspectos de la ciencia requieren de una especial preparación intelectual, e incluso de equipamientos peculiares y de difícil acceso, varios de los valores asociados históricamente a la ciencia son patrimonio de la humanidad y, todo hay que decirlo, se pueden adquirir de manera gratuita; pueden ser adoptados por cualquiera, en cualquier lugar del mundo, con el fin de mejorar su calidad de vida, y esto gracias a que intensifican la capacidad de disfrutar de la existencia llenándola de emoción y propósito, y proveyendo de una buena gama de herramientas intelectuales y emocionales.
Así las cosas, qué mejor que la infancia para promover valores científicos, y quiénes mejores que los niños y las niñas para aprender a observar detenidamente, a plantear hipótesis a partir de evidencias, a realizar experimentos con atención y paciencia, a corregir diligentemente los posibles errores, a integrar nuevas evidencias y a cambiar u optimizar los puntos de vista. Porque los niños y las niñas son científicos por naturaleza, tanto más como pueden ser pequeños magos, valientes princesas o simpáticos ogros. La capacidad de fantasear, así como la necesidad de indagar acerca de la realidad circundante, están inscritas en nuestro ADN humano, y ambas cosas, además, pueden combinarse, sintetizarse de maneras ingeniosas especialmente en los libros de divulgación científica que resultan de los esfuerzos de científicos, escritores y educadores de todas partes del mundo.
Teniendo en cuenta lo dicho hasta aquí, y con el afán de promover los valores asociados a la ciencia, y el deseo de exhibir y dinamizar la colección de divulgación científica infantil del Parque Biblioteca Presbítero José Luis Arroyave, San Javier, es que nace el club de lectura infantil Literatoides. Sin perder de vista el propósito de generar espacios (o mejor aún espacio-tiempos) para el disfrute y el enriquecimiento de la experiencia lectora, en Literatoides también queremos complementar, desde esta perspectiva lúdica, el trabajo que las Instituciones Educativas llevan a cabo con respecto a las disciplinas científicas; trabajo que, muchas veces y lamentablemente, termina asociándose, en la mente de niños, jóvenes y, trágicamente, en la de muchos adultos, con una institucionalidad inaccesible y una solemnidad y una dificultad excesivas. Precisamente, y tal como se mencionó más arriba, ha terminado por convertirse la ciencia en un asunto exclusivo de los científicos, de los gobiernos y de las instituciones, ajeno al ciudadano lego que queda reducido al papel de usuario descuidado.
Tal desconexión entre la ciudadanía de a pie y la ciencia es, como mínimo, preocupante. Se trata de un asunto de la máxima seriedad y de absoluta relevancia, toda vez que nuestro marco civilizatorio, el macro-sistema ideológico que condiciona nuestra forma de ver el mundo y que empuja nuestros esfuerzos hacia el futuro, la manera en la que nos relacionamos con la naturaleza y con los poderes sociopolíticos y económicos, casi todo, en fin, y prácticamente en todo momento, se sostiene y se justifica en la ciencia, en sus presupuestos filosóficos y, especialmente, en sus usos. Como ciudadanos hoy estamos llamados a comprender, sea de manera general, las particularidades del mundo en el que vivimos. Si los hombres y las mujeres de las sociedades occidentalizadas seguimos viviendo nuestras vidas como si la ciencia no tuviera nada, o tuviera muy poco que ver con nosotros… si es así, vamos entonces como ciegos, como sordos y mudos, siendo incapaces de tomar decisiones acertadas sobre nuestro presente y, especialmente, sobre nuestro futuro. Por traer a colación uno de los casos que, hoy en día, se nos presenta como uno de los más urgentes: si como sociedad no comprendemos el funcionamiento, las posibilidades y los límites del uso de inteligencias artificiales, de los LLM de hoy y las AGI del futuro, difícilmente podremos tomar decisiones relevantes con respecto al trabajo y a la economía, difícilmente sabremos qué líderes podrán guiarnos en una transformación que ya se vislumbra como inevitable.
En el núcleo de estas cuestiones tan apremiantes, reposa la capacidad de sentirnos cómodos y familiarizados con la ciencia, o por lo menos con la información científica. Apuntando a lograr esta familiaridad es que Literatoides propone, incluso desde su nombre, un juego que combina ciencia y literatura (un literatoide es una suerte de androide cuya principal tarea es leer y disfrutar de la lectura). De esta manera, el niño se divierte y aprende, al sentirse por un momento transformado en otro ser, un literatoide, un ciudadano del futuro quizás, un explorador de los misteriosos y maravillosos mundos de la ciencia en la literatura. A los pequeños participantes de nuestro club se les insta a preguntarse por el funcionamiento de la naturaleza, se los invita a ser autónomos en su exploración, a experimentar, a equivocarse y a volverlo a intentar corrigiendo lo que pudo haber fallado en la versión beta. Y así como el niño comienza preguntando el porqué del color de las hojas, el porqué de la luz y la temperatura de las estrellas, así, más adelante, podrá preguntarse el porqué del funcionamiento de su sociedad y, sobre todo, el cómo solucionar, optimizar y adecuar aquello que así lo requiera, con el objetivo de que las más brillantes y grandiosas promesas de la ciencia estén al alcance de todos.