Muros que tejen comunidad

Cada día, cientos de personas transitan frente a los muros del Parque Biblioteca Doce de Octubre. Es un lugar vivo, donde el baile, el rap, el fútbol, la bicicleta y la comida del barrio tienen su propio espacio. Y en ese movimiento constante, los muros también están ahí, con sus colores y sus historias, pasando desapercibidos entre tanta vida. Lo que ocurre frente a ellos y lo que tienen pintado hace parte de lo mismo: un barrio que se expresa, que se reconoce y que teje comunidad.

Detrás de esas intervenciones está el colectivo Graffiti Art, un grupo de jóvenes de la comuna 6 que lleva tiempo pintando estos muros y que usa los espacios de la biblioteca para dictar sus talleres de grafiti y arte urbano. Un espacio que ha entendido que una comunidad que pinta sus paredes está en el fondo escribiendo su propia historia. La biblioteca no solo aloja libros, es parte del tejido vivo del barrio, y estos muros son su extensión natural hacia la calle.

Las obras que rodean el edificio reúnen voces distintas sobre un mismo territorio. Hay trabajos de artistas locales que conocen el barrio desde adentro, y también de artistas invitados de otras comunas y otras ciudades del país, que llegan a sumar su lenguaje a una conversación que ya venía siendo construida. Entre los más recientes está José Agudelo, más conocido como Fato, artista local que intervino uno de los tragaluces de la biblioteca con una propuesta que él mismo describe como «un diálogo muy directo entre lo íntimo y la calle, donde la técnica y la emoción se juntan con una fuerza tranquila, parchada, que solo quiere fluir pero que es imposible de ignorar».

“Desde adentro hacía la calle”, por Fato

“Érase una quimera”, por AMBS

Sobre la estructura rígida del edificio apareció un rostro profundamente humano: introspectivo, detenido en ese instante donde algo se revela. «Una mirada amplificada por los lentes», dice Fato, «no solo observa, atraviesa. Te sostiene, te cuestiona, te obliga a sentir algo. No es una imagen pasiva, es un encuentro.»

Con letras que se convierten en imágenes y símbolos, la artista bogotana AMBS también dejó su firma en estos muros. Esta escritora de graffiti y artista visual, ha construido un lenguaje propio donde la letra se transforma en signo y en imagen, guiada por una búsqueda simbólica y personal. Su obra, como ella misma lo describe, conecta «lo visual con el territorio, abordando imaginarios que cruzan lo femenino, la naturaleza, la música y lo oculto, en un diálogo continuo entre lo íntimo y lo público». Su intervención en este espacio “articula, en sus propias palabras ‘graffiti y fantasía’: letras que se expanden y adquieren fluidez hasta convertirse en formas orgánicas, construyendo un paisaje simbólico donde el gesto, el color y el movimiento abren múltiples lecturas. Como figura central emerge una quimera (un dragón híbrido) símbolo de transformación y tránsito, que activa un umbral donde la letra, el gesto y la intuición se entrelazan, dejando que la pintura funcione como un lenguaje en constante mutación.”

Estas pintadas son efímeras por naturaleza. El tiempo y la misma dinámica del arte urbano pueden transformarlos o cubrirlos. Pero mientras estén ahí, son parte de este lugar: una biblioteca que es también territorio, que se expresa, se encuentra y se pinta a sí misma todos los días, con lectura, con aerosol, con música, con movimiento, con vida.

Por: Lina Marcela Ríos López, Mediadora de Cultura digital.

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