Entre hilos y letras: un club donde también se tejen afectos

Hablar del Club de Lectura Entre hilos y letras es hablar de un grupo de mujeres que se quiere, se acompaña y siempre encuentra un motivo para volver a verse. Cada martes llegan poco a poco a la Biblioteca Popular N°2, se saludan, preguntan cómo estuvo la semana y ocupan los mismos lugares de siempre. Antes de abrir el libro ya han compartido alguna anécdota, una preocupación o una buena noticia. Después comienza la lectura.

El club, como hoy se conoce, nació en 2024 a partir de la unión de dos grupos históricos de la biblioteca, el Costurero Literario y el club de lectura Leyéndonos para la emancipación. La intención era reunir dos espacios que compartían intereses, pero con el tiempo ocurrió algo que no estaba planeado. Las participantes fueron construyendo una identidad propia y encontraron una manera muy particular de vivir los encuentros.

Aquí la lectura y las técnicas manuales nunca han ido por caminos separados. Mientras se teje, se pinta o se borda, se lee en voz alta. Una pregunta en medio de la lectura termina convirtiéndose en una conversación sobre la infancia, la maternidad, el trabajo o los cambios que ha tenido el barrio. Hay encuentros en los que el libro ocupa el centro de la conversación y otros en los que la vida termina tomando la palabra.

Las lecturas también nacen de los intereses del grupo. Han pasado por novelas, cuentos, biografías de mujeres y textos propuestos por las mismas participantes. No siempre coinciden en sus opiniones y eso hace parte del ejercicio; escucharse, discutir con respeto y descubrir otras formas de leer una misma historia.

Algunos libros han dejado una huella especial. Por los valles de arena dorada, de Estercilia Simanca Pushaina, abrió conversaciones sobre el territorio y la identidad. Con Las mensajeras del ruiseñor, de Marcela Guiral, recordaron a sus ancestros y conversaron sobre cómo eran las comunidades donde las sanadoras, las yerbateras y las parteras ocupaban un lugar fundamental. A partir de ello, compararon esas formas de vida con sus propias realidades.

Malas posturas, de Lina María Parra, por medio de sus cuentos, les permitió hablar del dolor, del cuerpo y de las ideas de género. Su lectura también despertó el interés por conversar con escritores, lo que les dio la oportunidad de encontrarse con Lina Parra en la Biblioteca Popular N°2.

Otro libro que sigue apareciendo en las conversaciones es La cuadra, de Gilmer Mesa. Fue una lectura que dividió opiniones; hubo quienes la disfrutaron profundamente y quienes la leyeron con incomodidad. Sin embargo, precisamente esa tensión hizo que las conversaciones fueran más largas y profundas. Vivir en una comuna cercana a muchas de las realidades que narra la novela hizo que varias participantes se sintieran interpeladas por la historia.

Con Relámpagos, de María del Rosario Romero Contreras, se dejaron llevar por la poesía. Las metáforas, la sencillez de su lenguaje y la lectura en voz alta marcaron varios encuentros. También tuvieron la oportunidad de conocer a la escritora y conversar con ella sobre su obra.

En el club también han leído Aura, de Carlos Fuentes; Vida puta, puta vida, de Reinaldo Spitaletta y Mario Escobar Velásquez, una obra que las acercó a distintas realidades por medio de la crónica; y Felicidad clandestina, de Clarice Lispector. Los cuentos de esta última despertaron conversaciones sobre la vida cotidiana, los pequeños azares, los deseos y las distintas formas de entender la felicidad desde una escritura íntima y profundamente humana.

Cada lectura ha encontrado también una manera de pasar por las manos. Muchas de las manualidades nacen de los libros que leen, han elaborado separadores inspirados en vestidos, pintado colibríes, trabajado con porcelanicrón, realizado cuadros en lienzo y acrílico, tejido en crochet, hecho bisutería y explorado diferentes técnicas que alguna integrante conoce y comparte con las demás. No se trata de hacer manualidades por hacerlas; casi siempre hay una conversación, una imagen o un personaje que termina convirtiéndose en una creación colectiva.

Como ocurre en cualquier proceso, algunas mujeres han dejado de asistir y otras nuevas han llegado. Muchas de las participantes actuales fueron invitadas por las mismas integrantes del club, que siempre encuentran la manera de abrir un espacio para quien llega por primera vez.

Con los años también han pasado distintas gestoras por la biblioteca. Cada una ha acompañado el proceso de una manera diferente, pero el grupo ha seguido reuniéndose martes tras martes. Son las propias mujeres quienes sostienen el club, recuerdan los encuentros, proponen lecturas, preguntan por quién hace falta y mantienen vivo el deseo de volver a encontrarse.

Quizás esa sea la mejor manera de describir Entre hilos y letras, un grupo que encontró en los libros y en las técnicas manuales una forma de seguir conversando, de aprender unas de otras y de hacer de cada martes un lugar al que siempre vale la pena regresar.

También puedes leer