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Parque Biblioteca Nuevo Occidente – Lusitania:

el sueño de apostarle a la construcción de una biblioteca viva

Reconocer el carácter público de las bibliotecas necesariamente pasa por asumir que las bibliotecas tienen una misión social y que esta debe ser entendida, construida, pensada, dialogada y definida en clave de la garantía de los derechos. De tal modo, se convierte en un imperativo necesario, para dejar de asociar estos dispositivos socioculturales a las nociones tradicionales (y obtusas) de espacio eminentemente dedicado al acceso al conocimiento/información para ser entendido como un escenario para el encuentro comunitario y ciudadano.  

En esa lógica, el encuentro comunitario y ciudadano, gestado desde el Parque Biblioteca, se construye a través de los programas y servicios, y se convierte en la posibilidad de agenciar experiencias, acercamientos y dinámicas frente a y desde las palabras leídas, escritas y habladas. Este encuentro no sólo reivindica el carácter público de la biblioteca, en tanto plural y diverso, puesto que invierte el carácter estático, espacial e instrumental de la biblioteca, para darle lugar a la apuesta por un proyecto; un proyecto que incluye el diálogo de saberes, la construcción de conocimientos, el ocio y la experimentación.  

Reconocer el carácter público de las bibliotecas a través de la construcción de un proyecto con las condiciones mencionadas, es la expresión real de un espacio democrático, incluyente, diverso, plural y accesible. En este “territorio vertical”, como le dice Alfonso Buitrago, “todo está mezclado y a la vista: los niños jugando, los ancianos conversando, los muchachos bebiendo, las jovencitas bailando, la mujer comprando el revuelto, el hombre con la caja de huevos al hombro. En la vida vertical de La Aurora la cotidianidad se vive como en un día de mercado.”, pero también es un territorio joven, creativo, cambiante, diverso, festivo, enigmático e inacabado y por ello pensar una biblioteca en un territorio como este y para un territorio como este no es sino posible desde el mismo territorio y quienes lo habitan, por tanto, su biblioteca debe ser una biblioteca viva, que apueste por ser una biblioteca en la que tengan cabida, no sólo de forma física, sino desde las dinámicas y procesos pedagógicos y políticos que allí se gesten, las niñas y los niños, las mujeres, los migrantes, las víctimas del conflicto, los adultos mayores, las personas en condición de discapacidad, los jóvenes, las personas LGTBI+, los habitantes de calle, las historias de las cuadras, las lomas y las escalas, las voces que reconstruyen las memorias y los medios alternativos. Aquí tiene sentido nuestras juntanzas con las asociaciones de comerciantes, recicladores, juntas de acción comunal, grupos culturales, espacios de con adultos mayores, la escuela, las organizaciones de mujeres o los colectivos juveniles.  

Una biblioteca que salga de la biblioteca y que vaya más allá de sus propias paredes, que vaya por los Cantares o pase a El Tirol, que suba de La Aurora a El Cucaracho y en Nuevo Occidente se inspire en la vista privilegiada de la ciudad. Una biblioteca que priorice los relatos y las palabras que no figuran en las primeras planas, es una biblioteca viva, que recupere las historias para guardar la memoria- La biblioteca viva no es una alusión vacía o un hashtag atractivo para manipular el algoritmo.  

Una biblioteca viva es la materialización de un proyecto público de mediación, animación y promoción de la lectura, la escritura y la oralidad, del arte y la cultura, de los servicios digitales y bibliotecarios, y que sea construído con los ciudadanos, los colectivos, las organizaciones, los actores sociales, los tomadores de decisiones, los estudiantes, los docentes y los usuarios. Dotar de vida a la biblioteca es posibilitar el acceso, la pertinencia y la movilización para el uso, goce, creación y disfrute de las palabras leídas, escritas y habladas, así como para la recuperación de las memorias y la construcción de las identidades.  

Eduardo Galeano decía que “estamos hechos de historias” y Fernando Aramburu que “estamos hechos de palabras”. La biblioteca viva no se agota en los libros, sino que se nutre de las palabras y las historias. Es el derecho a lo que nos pertenece y nos es común. La biblioteca viva es el reconocimiento a qué por encima de los edificios, los estantes y las pantallas, está la posibilidad del encuentro a través de los relatos y los saberes, a que a desde el poder creador de las palabras leídas, escritas y habladas podemos habitar otros mundos que sean más justos, dignos y felices. Por todo ello creemos que el Parque Biblioteca Nuevo Occidente – Lusitania es una biblioteca viva.  

Referencias: 
Buitrago, Alfonso. Universo Centro. Número 39. Octubre de 2012. https://www.universocentro.com/NUMERO39/Lavidavertical.aspx  

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