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Recomendado literario. Las pulgas de Leviatán

“Lo malo de la sabiduría de los ermitaños es que dura hasta que se encuentra con la vida” 
Don Anselmo en el cuento El secreto y el profeta.
Las pulgas de Leviatán, Álex Jiménez 

Por Ana Bedoya

Por Ana Bedoya

Desde el collage, la obra de Natalia Osorio que ilustra la portada del libro, se advierte lo que viene con la lectura. En la imagen, sobre un cúmulo de ranchos coloridos y apeñuscados que se elevan siguiendo la curva de un cerro, flota un animal marino preñado de símbolos, semicubierto por nubes grises a punto de descuajarse en un aguacero de trópico.

Las pulgas de leviatán es una obra engañosamente liviana y aparentemente sencilla, por el dominio del autor, Álex Jiménez, de un lenguaje llano, que se divierte con las figuras literarias sin ostentación. Y por el uso de lugares, personajes y situaciones que resultan tan familiares. 

El escenario es Santa Rosa del Valle, un lugar de matices. Allí mandan Los Cuervos. Y el chisme, la justicia por cuenta propia, el fanatismo, la lujuria, el temor a lo desconocido, el desprecio por lo diferente. Es el valle-casa del que duerme la borrachera en una acera, de la que espía la vida ajena a través de las ventanas, del que regala una historia para un cuento, del que se funde con el campo cuántico, de la que arde por ver actuar a los justicieros, del hijo que salva al padre.  

Y así mismo, como brotan dientes de león del pavimento, aflora lo extraordinario: visiones otorgadas en sueños, posibilidades de crear nuevos mundos, sabiduría popular en cada esquina, compasión hacia todas las criaturas, amor incondicional y estados de iluminación en medio de balaceras, cabezas con tentáculos, ancianos a punto de desintegrarse y bocas que devoran ratas.

Las páginas se van como el agua. Pero los doce cuentos que compilan este libro, escritos a lo largo de 15 años, son de digestión lenta. Se pueden leer como sucesos anecdóticos y cotidianos, que van de lo ordinario a lo fantástico, con personajes estáticos y personajes que transitan por distintos estados emocionales, mutando de hombres a bichos.  

Y se pueden –deben-, leer como cuentos dotados de significado, que interrogan nuestro entendimiento acerca de la realidad. “No el sistema de acuerdos tácitos y actos de fe que habitamos todos, sino la realidad”. Tal como lo entiende Jonás, el primer ser humano en saber que el contacto no existe. ¿Somos los creadores de la realidad o somos creación del entorno?, ¿estamos encadenados a la ley newtoniana de la causa efecto? 

Tiene mucho de especial este libro. Ha sido escrito por un autor que se gana la vida como músico, con tendencia a la introversión y al silencio, y que ha creado un narrador para cada cuento. Los narradores de estas historias son el reflejo de un hombre que escribe desde un cuarto de espejos.  

Un observador, en la mayoría de los casos, no participante, observando diferentes ángulos de la condición humana. Un observador-artista, como plantea el narrador de Hacia una estética del tabaquismo, que busca el arte de desaparecer en su obra e, incluso, como le sucede al de Mostro, que da su vida a cambio.  

Las pulgas de Leviatán, de Álex Jiménez, obra ganadora de los estímulos a la creación 2020, está disponible el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín.  

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