El erotismo es una búsqueda y una vivencia eminentemente personal, que obviamente tiende a expresarse mejor en compañía, pero que debemos saber disfrutar también en soledad. Leer una historia ardiente, escuchar a hurtadillas una inflamada conversación, ver una película o asistir a una picante obra de teatro, pueden darnos pistas de aquello que nos gusta o que por momentos nos asusta con delicioso placer, pero tales prácticas no pasan de ser unas primeras lecciones o unas pistas que descubrimos con el tiempo, unos pequeños bocetos de lo que realmente queremos vivir, experimentar y compartir en carne propia. 

Cada persona debe descubrir esos caminos que lo pueden llevar a placeres insospechados y aprender a expresarlo con sus parejas. El sexo es, en el fondo, la forma más excelsa de las bellas artes; tan fugaz como esencial, construido palmo a palmo con la piel y los sentidos; una canción que entonamos a capela al compás de un corazón que va a mil, un concierto para orquesta de cámara y solista, pero con arreglos para duetos, tríos y otras agrupaciones corales.

En este seminario, Alejandra Quintero, Gina Quintero y Severina, aka ‘Oscar David Tamayo’, tres estudiosos, practicantes y divulgadores del erotismo, conversaron acerca de tema, reconociendo la dificultad de objetivar acerca de una expresión humana más artística que biológica; por eso, aparte de sus palabras, nos dejaron una buena lista de lecturas recomendadas y la invitación, por supuesto, a seguirles la pista en sus redes sociales. 

Compartimos, a continuación, una síntesis de lo que expuso cada invitado:

Alejandra Quintero es psicóloga y educadora sexual, fundadora y directora de El Diván Rojo y del Colectivo Psicología por Colombia. Ha sido presentadora y directora de programas de televisión transmitidos por Telemedellín y Canal Capital. Fue embajadora de Durex para Colombia y Latinoamérica. Ha trabajado como asesora en Derechos Sexuales y Reproductivos en el sector público.

Sobre el erotismo:

“No hay definiciones puntuales ni objetivas sobre el erotismo. Lo podemos entender como la lúdica de la sexualidad. Algunos científicos evolucionistas han dicho que el erotismo surgió cuando el ser humano logró la bipedestación; es decir, cuando se puso de pie y dejó de desplazarse en cuatro. Al estar de pie, logró tener contacto ocular directo con su amante y se generó la intimidad, conexión, coqueteo, seducción. 

Hoy en día, según la información que circula en internet, en blogs y redes sociales, parece que todas las mujeres fuéramos súper orgásmicas. Además, como estamos en una cultura hipererotizada, creemos que todo el mundo siempre logra el orgasmo y que es facilísimo, pero resulta que no es así. El orgasmo es un momento de liberación de tensión muscular, por eso, una vez sucede, genera un efecto de relajación. Sin embargo, alcanzarlo requiere experiencia, técnica, autoconocimiento. 

Creer que en cada relación sexual uno tiene que tener un orgasmo, es lo que yo llamo la dictadura del orgasmo. La metas de una relación sexual también pueden ser: liberar el deseo, sentir un estado de unión con el otro o, simplemente, el placer. Debemos quitarnos tantas metas que nos limitan y hacen vivir la sexualidad con angustia

Para que el erotismo sea un buen estímulo debemos usar nuestros cinco sentidos. Mientras más estimulados tengamos los sentidos, más efectivo puede ser el proceso de excitación. Y no solo los cinco sentidos, hay uno muy importante que es la mente, la imaginación, la fantasía. Para esto, la literatura erótica es un recurso excepcional que ayuda a aumentar la imaginación y el deseo sexual.

Lo importante al momento de explorar las posibilidades para estimular el deseo sexual, es no limitarse a una experiencia puntual, no quedarse solo en el fetichismo, por ejemplo,  abrirse a ese mundo erótico infinito, donde la única limitación es la mente. 

Pienso que la educación erótica debe ser lúdica, entorno a nuestros cuerpos, desde los cinco sentidos, más la imaginación. Y tenemos que entrenarnos en erotismo, ponernos en clave erótica. Hay que dedicarle tiempo, incluso de manera voluntaria, porque el erotismo no solo hace parte del del acto sexual; realizar estas prácticas hará nuestra vida mucho más sensual”. 

Sus lecturas recomendadas

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Severina (Aka Oscar David Tamayo) se define así mismo como un melómano, gestor cultural, artista plástico, desempleado crónico, coleccionista de pendejadas, “conexionista”, DJ, cantinero, conferencista, kinkster, libertino, ex hijo de papi, animador de jolgorios fetichistas y bacanales literarios, promotor del “Degeneris Nacional”, creador de festivales y además presentador radial. Severina es máster en Estética y en Artes Plásticas de la Universidad París, Sorbona.

Sobre el erotismo:

“La sexualidad, desde el punto de vista de la biología, es una necesidad, pero cuando hablamos de erotismo, se le pone el factor cultura: la sexualidad culturizada.  De ahí se desprenden un montón de miradas diversas. El orgasmo, por ejemplo, es la trampa biológica, cuando se centraliza en eso, se pierde todo el resto, que es lo interesante.

El erotismo es una construcción que estamos haciendo desde el lenguaje, mientras que el orgasmo está ahí, como diciendo: hágalo, porque si no nos dan nada no haríamos el esfuerzo de reproducirnos. Pero todo lo que el ser humano construye fuera de eso es donde está el erotismo y donde entra el lenguaje. Un ejemplo es la poesía erótica, que siempre está mirando más allá.

Eso de meterle al erotismo todo tipo de dispositivos, aparatos y prótesis que amplían el espectro de sensaciones, es muy propio de la experiencia humana. Considero que, en el caso de cierto erotismo, el hábito sí hace al monje; por ejemplo, el vestuario. 

Si se va a jugar algo que tiene que ver con el rol, una de las partes fundamentales es esa percepción que tengo del otro a través de su apariencia, de lo que tiene puesto o lo que no tiene puesto. Y eso es un factor fuertísimo en una cultura tan visual.  El vestuario tiene que ver más con una cosa muy ligada a los objetos, con el fetichismo.

El cliché que a usted se le viene a la mente cuando piensa en objetos sexuales es un látigo, un instrumento que tiene un valor simbólico fuertísimo. Las velas, mientras tanto, son como una puerta de entrada a determinadas experiencias sensoriales, son un buen camino para quien quiera empezar a experimentar. Otro cliché son la esposas de metal, y las pinzas, las agujas, hacen parte de otro nivel, donde hay hasta especialistas.

El lenguaje erótico se aprende, como en un proceso de la alfabetización. Tenemos un lenguaje muy básico cuando sabemos las palabras básicas, pero lo podemos sofisticar gracias al aprendizaje y a la imaginación. En función de cómo se manejan esas herramientas, el lenguaje se puede usar para construir un gran poema o, simplemente, para pedir una bolsa de leche a la tienda”. 

Sus lecturas recomendadas

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Gina Quintero o La Curiosa Incorregible dice que es una mandona, una perversa polimorfa en rehabilitación, y porque asistió a un cursillo de Dominación Femenina, hoy se quiere comer el mundo sin pasante. Es promotora de lectura de grupos diversos, desde bebés hasta pensionados. Ha creado experiencias como Susúrrame Cochinadas, el Bacanal Literario, Varietes KinkysTupper Sex Literario, Erolecturas y Noches de poesía y literatura en lencería. Todera, al fin y al cabo, ha ejercido la gestión cultural desde ámbitos innovadores y poco trillados.

Sobre el erotismo:

“Mi definición de erotismo está en construcción. Me empecé a interesar en el tema hace algunos años, cuando lo que sabía al respecto ya no era suficiente. Ahí nació La Curiosa Incorregible, y surgió esa pregunta por el erotismo. Un constructo que he venido haciendo a la vez que me voy conociendo. Y es una dimensión muy particular que relaciono con el gozo y el placer, que puede estar en muchas circunstancias, no netamente relacionadas con el tema sexual. 

Las experiencias que he creado tienen que ver con la exploración del erotismo a partir de la palabra. La palabra que ha construido otro y con la que, quizás, puedo hacer eco; la palabra a partir de la cual puedo concebir algo diferente a lo que había creído y llegar a otros lugares. 

Uno de los rituales que tenemos en el Bacanal Literario, por ejemplo, es hacerle striptise al libro. Fernando Vallejo cuenta en su libro, Los días azules, el recelo que tiene con los libros. A los de las biblioteca pública los compara con las prostitutas, pero con los libros que él compraba, tejía una relación casi secreta, y tener esa relación íntima con el objeto o con el otro, es, en últimas, es una expresión de una relación con uno.

Sus lecturas recomendadas

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Si quieres revivir esta charla, puedes acceder a través de este link: Seminario Abierto del Observatorio Los lenguajes del erotismo

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