Encima de una de las estanterías de fina madera esmaltada hay un pequeño libelo que cabe en la palma de la mano. En su portada, bajo el efecto de  gruesas pinceladas rojizas, se aprecia el retrato del poeta antioqueño que un día escribió:

“Hemos hablado mucho, compatriotas /¿por qué no nos callamos / para que las palabras se maduren / en medio del silencio / y se vuelvan arroz, / cajas de pino, escobas, duraznos y manteles?”.

Era un señor cachetón, de cejas espesas como montes nocturnos, el pelo corto canoso peinado hacia atrás. Carlos Castro Saavedra. El mismo nombre que bautiza a la Biblioteca Departamental, ubicada en el segundo piso del Palacio de la Cultura.

En el Instituto de Cultura han denominado al segundo piso del palacio: el sistema de información patrimonial. Allí convergen la Biblioteca Departamental Carlos Castro Saavedra, el Centro de Documentación Musical Hernán Restrepo y la Fonoteca Departamental, que tiene alrededor de 50 mil acetatos y más de 300 mil fonogramas.

Y el Palacio de la Cultura es en sí mismo un referente arquitectónico e histórico de la ciudad, que “luce como un camaleón ajedrezado que no encontró con qué mimetizarse”

(https://www.centrodemedellin.co/ArticulosView.aspx?id=60).

El diseñado del palacio es del arquitecto belga Agustín Goovaerts, que, inicialmente contempló una estructura cuatro veces más grande de lo que se puedo levantar; según los planos originales, el edificio, de estilo gótico renacentista, quedó inconcluso. Una vez terminada esa primera y única parte que finalmente construyeron, fue la sede de gobierno del departamento hasta 1987.

La labor principal de la biblioteca Carlos Castra Saavedra es la de hacer cumplir la Ley de Depósito Legal (leyes 44 de 1993 y 1379 de 2010, y los decretos 469 del 1995 y 358 del 2000). La cual, saliéndose del concepto cronológico, considera que “todo libro que se produzca en los departamentos es patrimonio”.

Los libros depositados en las bibliotecas departamentales integran una especie de banco de la memoria literaria del departamento, que da cuenta de esa diversidad cultural e intelectual reflejada en una producción bibliográfica o audiovisual, y que pudo nacer de una mente creativa en las costas del Urabá, en el recóndito Nudo del Paramillo o en el caluroso Bajo Cauca.

La misión de estos lugares, además de proteger este acervo literario, es dar a conocer la producción de autores, editores, productores del departamento en diferentes áreas del conocimiento y en distintos formatos.

La biblioteca también ofrece los servicios de acceso a internet, consulta de prensa, formación de usuarios, bibliografía especializada, apoyo al Plan de Lectura y la Red Departamental de Bibliotecas Públicas de Antioquia, asesoría técnica y capacitaciones a bibliotecarios municipales, apoyo en los trámites de depósito legal y registro de derechos de autor y visitas guiadas.
Ese trabajo de divulgación se refleja en el catálogo colectivo de la Red Departamental de Bibliotecas Públicas de Antioquia, conformada actualmente por la Biblioteca Departamental Carlos Castro Saavedra y 129 bibliotecas públicas municipales.

Se trata del Koha, una de las plataformas de software libre más importantes del mundo, desde donde los usuarios pueden hacer préstamos, reservas en línea y solicitar material bibliográfico que esté en cualquier municipio.

(https://youtu.be/_bw0EQxJpIM)

http://kohareddebibliotecas.culturantioquia.gov.co/

Visitar el segundo piso del Palacio de Cultura de Antioquia es una cita con la historia colectiva. Una manera de sintonizarse con la palabra patrimonio podría ser recorriendo esos pasillos, salones y recintos por donde también pasaron catedráticos, intelectuales, artistas y políticos de la región.

Indagar en los libros que allí se preservan o escuchar una antiquísima grabación en un tornamesa, puede ser como volver a la casa de la infancia, a revivir esos olores, imágenes y sonidos que se alojan en la memoria, en los fragmentos de la vida que nos recuerdan quiénes somos. O pude ser que al recorrer los anaqueles se tope con las palabras del poeta, que sacudiéndolo le diga: “Bajo la tierra crece la semilla / porque el surco no habla / ni le pone adjetivos a la espiga”.

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