Kamila Delacruz es cuentera y hace parte de la Compañía Artística Gestclan. Desde hace diez años se dedica a la cuentería y la actuación. Sus largas caminadas entre el colegio y la casa cuando vivía en la vereda Los Medios de Granada, Antioquia, le despertaron esa fascinación por contar y oír historias. Kamila es también una de las talleristas del proyecto Re- enamorándonos de las Buenas Prácticas, dos veces ganador de la convocatoria de Estímulos LEO, que lleva a cabo con su esposo, Ramón Delacruz, en la Fundación Pan de Vida, donde el trabajo con niños y adolescentes se convierte en la excusa para re-enamorarlos de esas acciones pequeñas, pero que engrandecen el espíritu.

Nos tomamos un tinto con ella para entender un poco  más qué es eso de la cuentería, y esto fue lo que nos dijo:

¿Qué es eso de ser cuentero?

Es ser narrador de historias para llevar a la gente a imaginar otros lugares, otros espacios, a salirse de su realidad. Porque las historias sacian al ser humano pues siempre queremos oír historias, oír al otro o contarle algo. Para eso nos reunimos siempre ¿no? para conversar. Ahí radican la narración y la intención de contar cuentos. Que parte de algo muy básico: contar, chismosear, hablar. Es algo común que, se convierte en una excusa para hacer arte también, pero siempre partiendo de un supuesto: decir algo.

 

¿En ese sentido cómo la cuentería es una forma de fomento de lectura?

Los cuentos permiten “picar” a la gente, como cuando a vos te dan un postre y querés más. El cuento lo que hace es atrapar a la persona e inquietarla por lo que hay detrás. Que busquen el cuento, el libro, la película, que se pregunten por quién lo escribió, de qué país o cultura es la historia que acaban de oír, todo eso es fomento de lectura.

¿Por qué contar cuentos y no leerlos por ejemplo?

 La lectura es muy interesante en el sentido de que pasa por tu cabeza, lo que ocurre cuando lees pasa en tu mente, pero el hecho de leer y después contar el cuento, eso implica que la historia ya pase por mi cuerpo y se transmita a otros, entonces para yo poderlo contar, el cuento tiene que pasar primero por mi cabeza, después por mi cuerpo, después por mi voz. Yo lo memorizo y lo interpreto según esas imágenes que me causa el cuento. Incluso para memorizarlo yo hago dibujos, o sea que intervienen también otros sentidos. Contar un cuento es vivirlo, y eso definitivamente marca una diferencia grande.

¿Qué hace a un buen cuentero?

Eso es de gustos, pues hay muchos tipos de cuenteros, cada uno con su estilo. Pero la característica más significativa de un buen cuentero es lograr que el público se conecte, que “se meta en la película” como decimos cotidianamente. Eso hace a un buen narrador escénico. Pero eso es hablando de la profesión, del oficio como tal, porque en realidad todos somos cuenteros naturales.

¿Hay diferencias entre contar un cuento en vivo y grabarlo por ejemplo en un canal de Youtube?

Sí claro, hay diferencias. Es que el mundo virtual en sí ya tiene la separación de una pantalla que no me permite ver ni interactuar con el público. En la narración del cuento en escena hay una comunicación viva, el poder ver al otro ahí, sentirlo, olerlo ya genera una conexión distinta. Digamos que grabar el cuento, aunque siga siendo actuado, se considera cuentería, pero la comunicación es diferente.

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