Medellín está llena de lugares fascinantes donde día a día las personas trabajan y se reúnen en torno a un mismo objetivo: superar barreras, eliminar estigmas, dar felicidad, tranquilidad, construir paz. No estamos hablando de una paz política. Es una consigna de vida, una forma de hacer las cosas y de generar confianza.

Hace 50 años se fundó en Medellín la Bblioteca Comunitaria El Principito ubicada en el barrio La Esperanza entre los límites de la Comuna 6 y la Comuna 5, por unas mujeres que conformaban el grupo SERVICOR (Servir con el Corazón). En un principio estuvo ubicada en un salón de la parroquia del barrio, y luego se trasladó a la sede actual. Una casa pintada de azul que combina con casi todo lo que hay en su interior. En cuya fachada hay dibujadas estrellas de distintos colores y formas que hablan, como la biblioteca, de lo diversos que somos.

La Biblioteca Familia La Esperanza (como se llama hoy en día) es un espacio tan pequeño como mágico: para entrar hay que bajar unas escaleras que dan a una puerta metálica de color azul. Al llegar hay varios niños afuera ansiosos por entrar, pero esperan con paciencia a que sea la hora de apertura. “¿Todos los días son asi?” le preguntamos a una de las bibliotecólogas, ella responde con una sonrisa: “Todos”. Una vez abiertas las puertas el asombro es inmediato. A la derecha unos bellos cubículos enumerados para que todo el que ingrese deje sus objetos personales son prueba de que a pesar de ser un espacio para todos, también hay reglas. A simple vista es un lugar pequeño, pero su inmensidad no radica en los metros cuadrados. La Esperanza es, sin lugar a dudas, el hogar del conocimiento del barrio.

Tiene unas estanterías verde aguamarina que albergan una colección de más de 4.000 libros. Las mesas, del mismo color, están dotadas con computadores de última generación donde los niños interactúan con el mundo digital. Y definitivamente, el alma de la biblioteca son sus personas. Quienes trabajan allí o las que llegan todos los días a los talleres o a conectarse con la lectura. La biblioteca, como dice su lema, es “un espacio para el encuentro y el aprendizaje”. Un aprendizaje entendido no únicamente como un tema académico, sino también social y personal. Como Juan Pablo, el niño al que no dejaron entrar al colegio por llegar tarde que decide irse para la biblioteca a leer “porque me gusta”. En su actitud se da uno cuenta de que la autonomía no se impone y de que este lugar, esta biblioteca, es de puertas abiertas para todos y por cualquier motivo.

La Esperanza es la biblioteca popular más antigua de Medellín, Sandra Zuluaga, directora de la fundación Ratón de Biblioteca expresa que “La importancia de esta biblioteca radica en que más que un espacio físico donde se guardan libros o se hacen talleres es que es de la comunidad y ellos se apropian de ella con amor. La cuidan y acuden a ella no solo para leer o estudiar, sino para relajarse, sentirse seguros, hablar de cualquier duda que tengan o de problemas personales”.

La Biblioteca Familia La Esperanza es eso: un espacio para el conocimiento, el hogar de miles de libros, una familia, un motivo para nunca perder la esperanza.

Conoce más de esta y otras bibliotecas populares en www.ratondebiblioteca.org

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