Jaime Jaramillo nos recibe en la sala de su casa en las últimas horas de la tarde. Nos saluda como si nos conociera de toda la vida, nos invita a un té que él mismo prepara y nos ofrece colombinas. La conversación con Jaime, es cálida como el té recién servido en la mesa y tan dulce como los dulces que saca de un cofrecito que tiene en una repisa. Su biblioteca está llena de libros minuciosamente ordenados y él sabe perfectamente en qué lugar está cada uno de ellos. A Jaime no le gustan las preguntas de respuesta corta: se extiende en las palabras, como una alfombra roja por la que desfilan cientos de celebridades. ¿Acaso no son ellas las que le han dado sentido a su vida? Todo comenzó cuando junto a otros poetas, escritores y pensadores de la ciudad, se dedicaron a “filosofar” “a soñar con hacer algo diferente”, Jaime evoca esa época de nadaísmo en la que todo su quehacer giraba en torno a la existencia, y cómo esas conversaciones hasta la madrugada lo ayudaron a formar el pensamiento y sobre todo, a darle vida en sus poemas.

Jaime, hombre de múltiples facetas, piensa en las ciudades de Colombia y cómo entre ellas se ha tejido una cultura literaria, artística, musical y hasta onírica donde, como él mismo dice “la juventud debe ser protagonista”. Para este hombre de 85 años la vida siempre ha sido un ir y venir, de Medellín a Barranquilla, a Bogotá, de Pueblorrico a Cartagena; estuvo muchos años vinculado al sector de la publicidad con su gran amigo Plinio Apuleyo, a quién le debe varios encuentros con el Nobel Gabriel García Márquez, a pesar de que nunca intercambió palabras con él. “Yo veía a Gabo, y lo observaba y lo escuchaba. ¿Qué podría decirle yo a él? Cualquier cosa habría sido un sin sentido”. Esta frase nos hace pensar en lo poderoso de las palabras y de los encuentros, pero aun también en la importancia de los silencios. Leer no se reduce únicamente a libros, también podemos leer personas: observando y analizando sus conductas, escuchándolas y apreciándolas desde lejos.

Jaime Jaramillo Escobar es todo un poeta: desde su vestimenta impecable, sus modales rigurosos, su manera pausada de hablar; como si cada palabra fuera una piedrita que una a una van formando un camino que conduce a un altar; amigo del Plan de Lectura, Escritura y Oralidad, tallerista de la Biblioteca Pública Piloto y escritor antioqueño, Jaime Jaramillo es una prueba evidente de cómo las palabras funcionan: para construir relaciones, para cambiar o crear imaginarios, para comprender la sociedad y el territorio que habitamos, y para invitarnos a tomarnos la palabra.

0