“El que se murió se jodió”: Álvaro Cepeda Samudio

  • ¿Entonces por qué te preocupa?
  • Porque si hay una huelga tenemos que respetarla y no meternos.
  • Ellos son los que tienen que respetar.
  • ¿a quién?
  • A las autoridades, a nosotros.
  • Nosotros no somos autoridades; nosotros somos soldados; autoridades son los policías.
  • Está bien, pero los policías no sirven. Por eso nos mandan a nosotros.
  • Lo que pasa es que los policías no han podido con ellos.
  • Tú tienes miedo.
  • ¡qué vaina! Que no tengo miedo, lo que pasa es que no me gusta eso de ir a acabar con una huelga. Quién sabe si los huelguistas son los que tienen la razón.
  • No tienen derecho.
  • ¿Derecho a qué?
  • A la huelga
  • Tú qué sabes.

¿Y para qué sirve la literatura? ¿Acaso sirve para algo? ¿Dice algo la literatura?

Seguro no sirve para nada. Por ello nunca será rentable ser escritor en un país donde se admiran y se repudian a los artistas por igual. Si la literatura sirviera para algo más que para ser literatura, y con ella los profesores enseñaran un buen vivir, enseñaran la otredad, enseñaran el sentir, el encarnar, el destrozarse y reconstruirse; si enseñaran la memoria y el pensamiento colectivo; la literatura diría algo, y sería terrible porque nos encontraríamos cara a cara con el otro, con lo que se siente y duele, también con lo que no se entiende y con lo que no se sabe.

Si la literatura sirviera de algo y contara a su manera de ser literatura, de ser arte y música, y contara, narrara, literaturizara una masacre, por ejemplo, sería terrible porque al abrir y leer ese libro, al sentir y llorar con ese libro; se abriría y se sentiría y se lloraría una y otra y otra vez la masacre de un pueblo, de una multitud de humanos. Se viviría una y otra vez y así este sería un libro-eterno retorno donde se vive, se revive y se vuelve a vivir la masacre. Por ello sería terrible. Y tal vez por eso… Tal vez por eso… Tal vez…

La presente podría ser una reseña a la novela La casa grande de Álvaro Cepeda Samudio. Novela basada en la masacre de unos huelguistas en la Costa Atlántica; y a pesar de ello, en sus páginas solo hay quizás, un solo muerto y un puñado de voces. Pero esta no es una novela más sobre las víctimas, al igual que esto no es (dirán) una reseña.

Álvaro Cepeda Samudio nació un 30 de marzo 1926. Cuando ocurrió lo de la masacre “vivía en un caserón de madera con seis ventanas y un balcón con tiestos de flores polvorientas frente a la estación del ferrocarril donde se consumó la masacre”, según cuenta Gabriel García Márquez, su amigo. También se cuenta de él que cuando vio publicado el Ahogado más hermoso del mundo, dijo: “mierda, si ese cuento es mío” y con alegre ironía y complicidad, propone un guion cinematográfico y en el cuento El Ahogado, que aparecen en Los cuentos de Juana, se refiere a él:

Por debajo de este ahogado ha corrido mucha agua. Y por arriba también. Cuando Luis Ernesto comenzó con su tema, Obregón lo reclamó para sí. Más tarde, Gabo, al enterarse del asunto, dijo categóricamente: “Como ninguna de ustedes se toma el trabajo de escribirlo, el ahogado es mío”. (El ahogado)

Muchas veces la época no es justa con las obras. Se enaltecen unas que van perdiendo altura con el tiempo, mientras que otras van creciendo, también con el tiempo. Así es La Casa grande y la obra de Cepeda Samudio, cada vez más grande con los años, cada vez más comunicante e importante. Y esta importancia reside en la constante experimentación con el lenguaje, con los puntos de vista, con las voces y el tratamiento de los temas. Al referirse a la obra de este hombre lo ponen incluso en la génesis de la nueva novela Latinoamericana, al lado de Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y demás; con tan solo una novela (La Casa Grande), dos libros de cuentos (Todos estábamos a la espera y Los cuentos de Juana) y un puñado de entrevistas, reportajes y críticas. Una obra extraña que aún hoy sigue siendo fresca, ágil y profunda.

El mundo de hoy ha encontrado fórmulas para todo (el amor, el trabajo, el éxito, hasta la poesía misma y el arte). La obra de Álvaro Cepeda Samudio, se sale de ellas, es una invitación abierta a poner los ojos, la risa y el juego en todo. Tal vez para eso sirve la literatura, tal vez eso dice la literatura o tal vez no.

  • ¿Y qué es la literatura sino la gran historia del mundo bien contada?
  • ¿mano, te gusta escribir?
  • A mí sí, pero no me da la gana.
  • ¿Y a ti te gusta pintar?
  • A mí no, pero me da la gana.
  • Ahora sí vamos por donde es.
  • ¿Y de la vida?
  • Primum vivere y endespúes philosofare.
  • Pero eso no es griego; es cienaguero: el que se murió se jodió.

(Entrevista con Alejandro Obregón)

Juan Pablo Henríquez 

Dentro de todas las muchas cosas que podría ser, digamos que hoy es gestor de fomento de lectura, escritura y oralidad del Parque Biblioteca Tomás Carrasquilla, La Quintana. Se volvió lector cuando quiso saber, qué le gustaría leer. Aún hoy sigue buscando la respuesta a la pregunta, aunque ya va acompañado de gratos encuentros literarios. Tal vez por la misma pregunta escribe en libretas y publica en algún blog perdido en la red. Entre otras cosas, se gradúo de Comunicación Social-Periodismo y realizó estudios de Filosofía y Letras