Ruido y resistencia

Trabajar en el Parque Biblioteca de la Comuna 13, ha sido poder vivir de primera mano, la cultura tan potente, las expresiones tan diversas y la resistencia social que, durante muchos años, ha construido este territorio.  

El sábado 16 de julio, por ejemplo, en el Parque Biblioteca Pbro. José Luis Arroyave, San Javier, se llevó a cabo el primer Anti-militar Orión de la 13, un evento muy particular que contó con la participación de siete bandas:  In-existentes, Unos punks, Auge de violencia, Proyectil, Malefizium, Zoociedad punk y Dexenfreno.  Este espacio tuvo como objetivo conmemorar a través de un concierto de Punk y Metal, los 20 años de la Operación Orión, intervención militar que dejó alrededor de 6.002 víctimas directas, entre ellas, 105 personas desaparecidas forzosamente.  

El concierto era el evento que los organizadores consideraban perfecto para evidenciar el descontento que tienen los jóvenes frente a una de las intervenciones militares más complejas que ha tenido la comuna, y la búsqueda de la no repetición. Realizarlo no fue nada fácil, pues uno de los organizadores nos contaba que en otros espacios les cerraron las puertas, les pusieron tantos limitantes que no era posible hacerlo y encontraron en el Parque Biblioteca “Un lugar que desde el principio nos dijo que sí. El mismo día nos estaban mostrando dónde podíamos hacerlo y cada vez que pueda lo voy a agradecer”, decía uno de ellos.  Esta fue la primera versión del evento, pero se espera que pueda darse cada año por estas mismas fechas.  

Desde la tarde el Parque Biblioteca comenzó a sonar fuerte, los tímpanos estuvieron más sensibles, pero también mi corazón, al sentir que todos cabemos en este espacio que es “Un mundo donde quepan muchos mundos”, como lo dice el manifiesto zapatista. Uno donde los espacios no se cierren, donde la interculturalidad esté siempre presente, pero más allá de eso, uno donde nos respetemos y sintamos mucha empatía entre nosotros. El negro, un color tan estigmatizado que ha cargado con cuantos prejuicios han podido existir, tomaba la vocería de un espacio público, con un micrófono, un bajo y una batería, se abría lugar a la diversidad, esa que queremos ver en las bibliotecas.  

Como era de esperarse, algunas personas se sorprendían al entrar al lugar y escuchar la música, ver los artistas y la cantidad de punkeros y metaleros que había. “Hay mucho ruido, ¿no pueden hacerlo en un lugar cerrado o donde no le estorben a la gente?”, mencionaba una persona adulta. Pero precisamente la idea del concierto era, según uno de los organizadores, que la gente se diera cuenta de que la cultura del Metal y del Punk están presentes en la comuna y que tienen una voz contra las injusticias que este territorio ha sufrido.  

El rap y el grafiti han sido dos manifestaciones artísticas muy conocidas en la comuna y que han marcado significativamente la resistencia frente al conflicto armado, inspirando procesos como el graffitour C-13 y la creación de organizaciones sociales. El punk y el Metal quieren igualmente abrirse espacio, demostrar que son resistencia musical, ruidos que tienen sentido, música fuerte que quiere tener voz y busca ser escuchada, es música resistiendo a través del tiempo.  

Soy una convencida de que los espacios culturales deben llenarse precisamente de esto, de diversidad e inclusión, de sonidos tranquilos, pero también fuertes, que recuerden que estos espacios tienen muchos matices y que todos valen, dignifican y aportan a la construcción de ciudad que queremos y una donde todos quepamos, que todas las manifestaciones artísticas sean válidas. 

 

Alejandra Restrepo Ortiz. 

Politóloga y estudiante de Derecho.  

Mediadora Social y Cultural-Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín.