Una visita al pasado

MARÍA MARCELA OCAMPO RODRÍGUEZ
Gestora de Servicios Bibliotecarios
PARQUE BIBLIOTECA FERNANDO BOTERO DE SAN CRISTÓBAL
Jueves 09 de julio de 2015

El balcón del segundo piso de Medellín, que otro nombre podría recibir esta hermosa vereda llamada Pajarito, aunque pensándolo de nuevo su nombre le sienta bien “Pajarito” eso piensan los servidores del Parque Biblioteca aquel segundo jueves de julio al llegar a este lugar.
Sumado a la alegría de tener esta hermosa vista de la ciudad, está la motivación de ser esperados por las habitantes de la vereda y las personas que tienen el placer de trabajar con ellos. Es así como Marcela, Natalia, Oscar, Beatriz, Julieth y Mauricio descienden de las camionetas esta vez reforzados con la presencia de Nora Correa del programa buen vivir en familia.
En la sede de la acción comunal se encuentran el club de vida Feliz atardecer integrado por 40 adultos mayores que con sus uniformes banco y gris se encuentran con la expectativa del arribo de las personas de la biblioteca, es así como con gran entusiasmo reciben a Beatriz, Julieth y Mauricio quienes con la sorpresa de la cantidad de asistentes se preparan para dar paso a la actividad.

Mientras tanto – Buenas tardes, pensé que no habían llegado – dice Iván Jaramillo el bibliotecario de la Institución Educativa Alfonso Upegui Orozco,– los niños están allí esperando – entonces se dirigen a la escuela Oscar, Natalia, Mauricio y Marcela mientras que Beatriz y Julieth ya se encuentran entre la suma incalculable de años de los asistentes al club de vida.
Mauricio con cámara en mano comienza a disparar el clic, clic tratando de defenderse de esa embestida de imágenes dignas de guardar para la historia, la ciudad de Medellín a lo lejos, los chicos en la escuela, algunas chicas bailando en la cancha, una y otra fotografía de la biblioteca y el salón en los que Natalia y Oscar ya hace poco habían entrado en calor con los chicos y quedarían allí un buen rato.

Lo que perciben los que no nos conocen

Mientras se devuelven a la sede Marcela quien es nacida y criada en la vereda vecina va recordando el Pajarito de antes y las cosas que allí vivió con sus amigos, mientras repara que cosas han cambiado y que otras son como si el tiempo las hubiese congelado. Es así como en este ejercicio decide hacer lo acordado comenzar a recorrer el caserío cercano a la sede, el primero que aborda es un chico que recostado en uno de los muros de la sede manipula su celular desapercibido de ese paisaje hermoso que tiene al frente. Orientada por un pequeño formulario Marcela le pide a Diego, el joven, darle una idea de que piensa del Parque Biblioteca, él dice no conocerlo pero describe lo que imagina cuando lo ve de lejos, y seguidamente también dio su opinión sobre lo que allí quizá se pueda hacer y de cómo serán las personas que te reciben.

De este modo y con los mismos tres interrogantes Marcela aborda uno tras otro de los habitantes que se encuentra a su paso al recorrer uno de los sectores de la vereda, un joven que ahora es tendero y la reconoce como vecina de pedregal y le alegra que trabaje en un lugar tan hermoso como el Parque Biblioteca, un señor que desde su casa desconfía de otra de las desconocidas que pasan ahora con frecuencia por este lugar, una señora y dos señores muy amables que suspenden su conversación para ponerse en común sobre lo lejos que creen que esta la biblioteca y lo grande que les parece.
Entre comentarios, supuestos y anécdotas Marcela logra vislumbrar algunas ideas que tienen los habitantes de esta vereda del Corregimiento de San Cristóbal de uno de los espacios sociales y culturales que está provisto para ellos, Parque Biblioteca.
De su estructura piensan que es amplio, organizado, chévere pero en su mayoría Grande y Bonito aunque lejos. De sus servicios piensan que acá convive la gimnasia y la lectura, mientras que de la gente que atienten piensan que es amable y que es gente de bien.

Entre risas, café y parva

Mientras Marcela reconocía algunas cosas del territorio que por años fuera su vecindad, Julieth y Beatriz se entremezclaban entre años y canas dando a conocer algunos de los servicios y espacios que pueden encontrar en el Parque Biblioteca. Risas comentarios y muchas dudas surgen al momento de jugar con ellas “Conoce tu corregimiento” actividad en la que Julieth incita a los participantes a recordar quien fundo a San Cristóbal, porque época, entre otros datos históricos. Don Ramón no se hace esperar y comienza a poner en evidencia su liderazgo, no solo en el club de vida sino en su comunidad y lo inquieto que ha sido por esos temas históricos y patrimoniales. Desde aquí Mauricio comienza a atesorar audios y fotografía como material para dejar en la memoria todo aquel conocimiento de un territorio y unas vivencias que este hombre sabio disfruta compartir.

Entre conversas y el juego las abuelas de este club de vida van endulzando la tarde con una pequeña tienda que tienen para recolectar sus fondos y porque no lograr pegar pellicos a esas cositas no es posible disfrutar en casa, mientras tanto Beatriz invita a registrarse al Sistema de Bibliotecas a todos los asistentes y 5 de ellas muy motivadas en poder prestar material para ellas y para sus nietos, dan sus datos y se comprometen a visitar el Parque Biblioteca.

El lider que todos aprecian

Entre su voz ronca y su fluidez al hablar Don Ramón Rico líder de la vereda Pajarito hipnotizó a Mauricio, funcionario del Parque Biblioteca que tenía la difícil tarea de realizar un retrato sonoro que intentara recopilar un poco del conocimiento que tiene don Ramón y su enriquecedora experiencia de vida en este territorio.
De pregunta en pregunta Mauricio intenta hilar toda la sabia con la que cuenta Don Ramón, sobre la escuela, las prácticas de construcción, los cambios positivos y otros no tanto que ha tenido el territorio y su aventura el ejercicio del liderazgo en su comunidad, su experiencia de vida y un sin número de temas que este buen conversador puede abordar.

El pajarito se creció como cóndor de los Andes

Antiguamente La vereda Pajarito era ese lugar donde las mangas pululaban llenas de palos de mangos, pomas, algarrobas, naranjas, mandarinas, nísperos, uvitos de monte y unos cuantos charcos donde los fines de semana las familias se agrupaban al son del sancochos, las papas chorreadas, el mondongo o el asado de carnes y chorizos.
Hoy el lugar donde es el colegio era antiguamente la cancha de futbol; un potrero que resumía agua por do quier, y los arcos era de palos de madera; allí los torneos de futbol eran famosos, los de Robledo, los del cucaracho, los de las Margaritas, los de la Loma, los San Cristóbal, los de San feliz; nos reuníamos alrededor del balón.
Hoy ha crecido; son grandes unidades familiares, urbanizaciones; y aquella escuelita es un gran complejo; con restaurante, cancha, sala de profesores, vigilantes y las demás arandelas.

Nos recibe el bibliotecario y a lo que vinimos, nos dividimos el grupo en dos; Un quinto de primaria, la mitad para Natalia y la mitad para mí (Oscar Mauro) Nos presentamos y le contamos al grupo la temática de cada uno; los unos conmigo, los dos con Natalia; algunos se quería salta el número por estar con su amigo o amiga, o por el tema del taller; fue muy grato ver como algunos querían hacer trampa exclamaba “Yo quería hacer teatro Ahhhhh”

Nos fuimos a un salón y empecé contándoles que la carrera de teatro es igual que las demás, que te demoras cinco años y una niña dijo “Yo estoy en una academia de actuación” Y seguidamente varios niños-as al unísono…“Estamos en un grupo de teatro en la urbanización” Eso me alentó a jugar con más animo; ya tenía aliados para jugar al gran mundo de la actuación.
Empezamos con un juego del “Como si” Los invite a realizar el como si de los personajes del pueblo desde lo corporal; y que se presentaran diciendo su nombre completo, años y lugar donde vivían, para poder hacer énfasis en la proyección, vocalización y dicción de la voz; no sabía yo que ese juego sería el único , porque fue de tanto agrado para ellas y ellos que cada uno quería hablar de su personaje y como lo estaban construyendo; a tal punto que me tocó pedirle que no me contaran, que el cuerpo hablaba por sí solo; La profe que nos acompañaba no paraba de reírse y de sorprenderse de lo que estaban realizando sus alumnos; llego un momento donde cada uno quería salir ya no tenía que decir ¿quién sale? , si no escogerlos.
Sonó el timbre para el descanso; les pedí unos minutos para terminar, yo no lo podía creer…. “Quiero volver” Así vale la pena jugar al mundo del teatro; sin pedir que por favor hagan silencio; siempre será mejor “Atajar locos, que arriar bobos”

Y así llegamos al final

Entre todas esas experiencias, con los chicos de la Escuela Alfonso Upegui y su bibliotecario piloso, las personas entretenidas en su quehacer, las jóvenes de espíritu que disfrutan de su feliz atardecer, con Don Ramón ese líder incansable y un equipo motivado para continuar explorando el territorio, así termina esta toma veredal, con el compromiso de poner dejar en párrafos esta vivencia y afianzar el compromiso de volver nuevamente a Pajarito para ser testigos de tantos cambios, escudriñar en la memoria y acercar a tan hermosa comunidad a su Parque Biblioteca.

Una vereda suburbana

Esta vereda citadina con un área de 102.9 hectáreas se ubica en la zona de expansión urbana del corregimiento de San Cristóbal, se destaca por las latas visuales del Valle de Aburrá, el clima templado-frio y las pronunciadas pendientes. La propiedad de la tierra se concentre en once predios que ocupan el 43,62 % de la jurisdicción; sus terrenos están influidos por una falla geológica que puede incrementar el riesgo y la vulnerabilidad de sus habitantes y cuyo impacto es visible en el movimiento en masa que se encuentra activo en la zona limítrofe con la vereda El Yolombo e incluye la placa polideportiva en el sector que linda con Puertas del Sol.

Antaño, su reputación respondía a la producción de flores y al copioso volumen de hortalizas que surtían las despensas de las proveedurías de Medellín, amén de la principal cosecha de frutales de clima frio. Actualmente, la abundancia de productos del agro se encuentra anquilosada en los anaqueles del recuerdo, pues la agricultura es poco rentable, aplica una tecnología de producción anclada en los cánones de la tradición, con escasas prácticas de conservación de suelos, uso indiscriminado de agroquímicos, casi nula transformación de los productos y relegada a un 0.3% de un territorio sin bosques, conurbado en dos tercios de su extensión y destinado en el área restante a potreros sin manejo o ganado alguno, que propician con esta alternativa la expansión de la centralidad urbana.

En el Pajarito de hoy, se puede percibir en la mayoría de sus habitantes nativos un acendrado sentido de pertenencia fundamentado, por lo pronto, en tres razones: son propietarios de sus predios, habitan la vereda hace años y participan de una fuerte dinámica organizacional expresada en diversas entidades comunitarias vinculadas activamente al proceso de Presupuesto Participativo. Aun así, se reconoce un déficit en la prestación de los servicios públicos domiciliarios, especialmente en gas, alcantarillados, educación y seguridad.

La mayor amenaza para la pervivencia de la comunidad campesina es el acentuado proceso de expansión urbana, con el concomitante incremento del precio de las tierras, los impuestos y el valor de los servicios públicos, que desplazó definitivamente la agricultura, en la que se destacaba el cultivo de la fresa pajarito y las brevas azucenas.
…El proyecto urbanístico Nuevo occidente, impulsado por la Alcaldía de Medellín, donde habitan miles de nuevos habitantes, ha transformado radicalmente esta vereda al configurar un nuevo ámbito urbano entramado en un complejo arquitectónico, privilegiado por la posibilidad de disfrutar una amplia panorámica del valle de Aburrá.