Una tarde entre la prisión y el castillo

La toma veredal de Pedregal Alto de San Cristóbal

Por JUAN PAULO CAMPO VIVES
Gestor Coordinador
PARQUE BIBLIOTECA FERNANDO BOTERO DE SAN CRISTÓBAL
25 de junio de 2015

El sol resplandece sobre la pequeña iglesia de Pedregal Alto, el atrio desolado genera algo de preocupación en el grupo de seis personas que llegan cumplidamente a su cita. Al otro lado de la calle empinada que atraviesa serpenteando este sector de la vereda, las mallas y el alambrado electrificado de la cárcel fijan la atención en las enormes edificaciones grises, donde hombres y mujeres purgan sus desaciertos ante la sociedad.

Los funcionarios del Parque Biblioteca Fernando Botero de San Cristóbal se alistan, como cada jueves, a su encuentro con la comunidad. Cada uno con una responsabilidad diferente, con una expectativa nueva. ¿La soledad del momento puede ser consecuencia de alguna falla en la convocatoria o porque los habitantes de Pedregal Alto no tienen interés en esta visita?

Luego de algunas llamadas a celular y cuando la ansiedad se apodera de Juan, Beatriz, Óscar Mauro, Jonnier y Héctor, aún inclusive de Johan el conductor del Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín, allá abajo de las escaleras, por la estrecha carretera, aparece con tres sillas plásticas blancas María Matilde Cobaleda, la artista plástica y líder comunal de la vereda encargada de invitar a la comunidad. Detrás de ella, aparecen dos niños que la ayudan con la carga de dos sillas más cada uno y una niña que los acompaña con las manos desocupadas.

De forma inmediata, el atrio de la iglesia cobra vida. Beatriz, con el apoyo de Jonnier, extiende los manteles para el picnic literario y baja de la camioneta las cinco canastas de libros cargados de historias para niños, jóvenes y adultos… Libros de literatura, cómics, revistas y cuentos esperan por sus nuevos amigos.

Por su parte Óscar Mauro “el mono”, se “encarreta” con los primeros “pelaos” que se acercan a la iglesia. Ahí, al lado derecho de la construcción bajo un techo de zinc, él y los jóvenes se hunden en el juego del teatro, de la expresión corporal, de la interacción con los demás y de muchas experiencias que invitan a actuar, a leer, a conocer una pequeña muestra del Parque Biblioteca.

El rey pide

“Una gran satisfacción, es salir del parque biblioteca a realizar actividades con las comunidades que tienen poca oferta cultural, artística, lúdica y deportiva. En este día soleado, cuando mi mente alberga una gran cantidad de recuerdos nacidos en esta vereda, niñas, niños y jóvenes con quienes se inicia el encuentro preguntan – ¿Y… si es divertida  la actividad? – Les contesto en tono  juguetón: Ahora me dirán si se divirtieron o no”, así narra su experiencia Óscar Mauro.

Se inicia el encuentro con un juego de roles desde la corporeidad, con alrededor de 18 participantes, en su mayoría niños y niñas. Cada uno dice su nombre y su edad. Al principio están un poco tímidos. Con el pasar del tiempo se toman confianza y participan más activamente. Esto permite que la actividad evolucione y sea más divertida. En algunos florecen habilidades inexploradas y destrezas para hacer teatro.

Luego realizan un juego de protagonista y antagonista bajo el poder de la estrategia. El mono afirma: “creo que fue cuando más se divirtieron; pues ya habían tomado confianza y entendían la dinámica del teatro y su respuesta fue altamente positiva desde los argumentos con los que construían los objetivos  tanto de los protagonistas como de los antagonistas:

A: ¿Amá  me deja salir  a jugar que ya realicé las tareas?

B: (Rascándose la cabeza) Pregúntele  a su papá.

A: ¿Apá que si me deja salir  a jugar  que ya hice las tareas y además le organicé la cama para que ahora se acueste bien rico con mi mamá?

C: ¿Su mamá que dijo? – A: Que sí.  (Risas)”
El “mono”, los niños y niñas, las madres, los jóvenes se integran del todo cuando  empieza “El Rey pide”: allí todo es disfrute, trabajo en equipo. Casi treinta personas, con los que llegan más tarde, se desbordan, no paran de reír y de alentarse, para disfrutar la magia que el Parque Biblioteca les llevó.

Un brindis con jugo de piña

Al ponerse en marcha las actividades, la toma de Pedregal Alto es realidad. Jonnier y Juan descienden por las escaleras para tomar la estrecha carretera que atraviesa el núcleo habitacional de la vereda. Un poco atrás, los siguen Héctor y Matilde.

Y así, atraviesan la vía principal, recorren el sector, invitan a todos y cada uno de los habitantes que encuentran a su paso, inclusive a los curiosos que se asoman desde las puertas y ventanas de sus casas: “Hola, somos funcionarios del Parque Biblioteca Fernando Botero de San Cristóbal. Hoy queremos invitarlos a que se acerquen y conozcan un poco más sobre él”, invitan una y otra vez los funcionarios.

Caminan por la vía principal, se desvían por estrechos callejones con escalones que separan las casas de la vereda. Allí se encuentran varios pobladores del sector. Entre casas, pasos estrechos y empinados, barandas de tubos; y sobre todo, abrigados por el calor humano que encuentran a su paso, continúan los funcionarios con su mensaje de amistad y cultura.

En el recorrido se llega a una casa blanca con terraza, en la que una señora mayor presta atención al murmullo que se toma la calle: “El Parque Biblioteca nos visita”. Es en ese momento cuando Jonnier se dirige a ella amablemente: “¿A usted le gusta el tango?, le tenemos una invitación para que disfrute de un espectáculo maravilloso que tendremos en el teatro el próximo sábado”.

En ese momento, doña Amelia, la señora asomada en su terraza, decide sellar su nuevo compromiso con esa Negra Grande de San Cristóbal y con los funcionarios que alegre y laboriosamente recorren la vereda. De su nevera trae una jarra y en ella, un helado jugo de piña para hacer el brindis por sus nuevos amigos y el compromiso de visitar el Parque Biblioteca, para leer, pero también para olvidar por un rato el malestar que le genera esa hernia discal que limita su movilidad.

El castillo encantada de Catalina

Cuando el recorrido casi termina, Matilde y Héctor cuentan de la invitación a conocer la Fundación Senderos de Amor y Paz, ubicada treinta metros arriba de la calle donde está la Iglesia Santa María de los Milagros. Tiene como sede un “castillo” que alberga a más de 400 niños del programa Buen Comienzo de la Alcaldía de Medellín. Es un jardín infantil con énfasis en el servicio social. Además, es una institución educativa privada. Educa y forma al niño, pero también brinda oportunidades de crecimiento a sus padres.

Al llegar los funcionarios del Parque Biblioteca Fernando Botero, los reciben las caras amables de las docentes y cientos de cabezas preciosas de pequeñines entre los dos y cinco años.

Uno, consentido, con sobrepeso, tiene en la mano una chupeta roja en forma de corazón, ofrece sus brazos para que lo carguen, pero cuida celosamente su golosina. Otra, hermosa, dicen que con autismo, los guía para que se conozcan al resto de sus compañeros. En medio de ellos, aparece María Catalina Cifuentes Ospina, la fundadora, directora, gestora y muchos cargos más, para orientar con corazón y empeño un proyecto de gran magnitud.

Son tres bloques con salones especiales para formación, alimentación y entretenimiento de los pequeños. Einstein, Caldas, Carrasquilla, Cervantes y otros grandes de las letras y la ciencia prestan sus nombres para denominar los proyectos de formación de la institución educativa.  A cada paso florece el orgullo de Catalina, quien con el apoyo de fundaciones norteamericanas y de los programas del Municipio, cuenta, construye día a día un castillo encantado a espaldas de las penurias de la prisión.

A las 4:35 p.m. dos horas y dieciocho minutos, después de llegar a la Iglesia Santa María de los Milagros, con doce registrados en el SBPM, más de sesenta participantes en las actividades, decenas de vecinos contactados, algunos compromisos y propuestas de trabajo interinstitucional entre el Parque Biblioteca, la comunidad y la Fundación, concluye la toma veredal a Pedregal Alto.

Una vereda barrial

Se caracteriza por poseer un alto porcentaje de zona boscosa y presenta riesgo de ser intervenida por construcción. “Limita con el casco urbano del Corregimiento y con las veredas Pedregal Bajo, Pajarito, Travesías y La Ilusión. A simple vista, y por su infraestructura habitacional, se considera una vereda con alta densidad poblacional, no obstante desconocen cuántos habitantes y familias la integran.

La vereda Pedregal Alto, por su cercanía con la parte central del Corregimiento, Es un lugar propicio para la expansión urbana del mismo. Llama la atención que sea considerada como vereda porque sus habitantes la refieren y nombran como “el barrio”.

Pedregal Alto se conforma por una población de productores agropecuarios tradicionales, sustentada sobre vínculos de familiaridad y una buena vecindad trenzada por la mayoría de sus habitantes a lo largo de 20 o más años de confianza recíproca, que alimenta un sólido sentido de pertenencia a un imaginario campesino que oficia en cuanto sustrato de sentido y referente para objetivar su buen vivir comunitario”.