Una sonrisa en el alma

Por CAROLINA GALLÓN LONDOÑO
Gestora de Fomento de Lectura
PARQUE BIBLIOTECA FERNANDO BOTERO DE SAN CRISTÓBAL
Jueves 02 de julio de 2015

La emoción sale empacada en cinco canastas y varias cajas de libros. Carolina, Julieth, Eliana, Beatriz y Andrés toman la carretera a El Yolombo entre risas y comentarios que denotan su emoción. El paisaje del ascenso a la vereda es cada vez más sublime. Pocas construcciones y mucho, mucho verde acompañan el recorrido ya tradicional de los jueves de Toma veredal.

La llegada a la escuela marca la acción. Los chicos que juegan fútbol detienen el partido ante la llegada de la camioneta. Entran corriendo y llaman a los demás y como acto de magia, la cancha se llena de caras expectantes que intentan adivinar qué van a sacar y cuál será la actividad que dará inicio a esta tarde en la biblioteca.

 

De manera alterna Beatriz y Carolina organizan el espacio. Pinceles gruesos, vasitos que se llenan de amarillo, rojo, verde, azul y negro y unas hojas blancas esperan en un costado, mientras Beatriz extiende manteles de cuadritos con libros de literatura infantil al otro lado. Sin ninguna instrucción inicial, se arman dos grupos. Uno que pinta su entorno y otro que lee en voz alta historias llenas de fantasía.

Antes de empezar a pintar, los niños piensan en sus lugares favoritos de la vereda y luego se presentan a medida que cuentan su lugar de vivienda y su espacio preferido. “El colegio, ese es el más bacano”, “la cancha de allí arriba”,  “por mi casa que queda por donde los Giles”, dicen todos y minutos después esos lugares se vuelven color en las hojas.

Jugando y enseñándoles una coreografía de baile, Andrés logra unir a los niños más grandes, que siguen sus pasos y se asombran de cada uno de los movimientos que hace. La conversación en medio del ritmo transcurre alrededor de la vida saludable que trae la buena alimentación conjugada con el ejercicio.

Por el camino veredal

Julieth y Andrés salen a recorrer el camino veredal y encuentran uchuvas, cilantro y espinaca que pueden comer o recoger para su consumo personal de manera gratuita. “Uno pasa y puede ir cogiendo así, está ahí sembrado para todos”, señala Julieth con cara de asombro de encontrar en un lugar real los recuerdos de las historias contadas por los abuelos.

En el camino encuentran muchos hombres que labran la tierra. Sólo se cruzan con una mujer, todos los niños están en la escuela. Santiago un joven que usuario reconocido de la biblioteca se alegra de verlos y pregunta por sus libros favoritos que son los de Paulo Cohelo. Y se emociona aún más cuando sabe que sí hay y puede bajar a prestarlos.

Más adelante, en el largo camino entre una casa y otra, una familia que ya sale para Medellín se maravilla con la presencia del Parque en la vereda y uno de ellos dice: “qué pesar perdérnoslo, pero ya tenemos que salir. Ojalá vuelvan porque acciones como estas son las que necesitamos aquí”.

Convocan a todos los que ven, pero sus labores no les permiten llegar. Esta vez regresan solos a la Institución.

Todos nos unimos

Don Carlos Ignacio Sierra habitante de toda la vida de El Yolombo, dueño de una de las fincas más grandes de la comunidad y benefactor que regaló el terreno para el colegio es el protagonista del retrato sonoro que Eliana realiza en medio de sus cultivos de cebolla, gladiolo y cartucho amarillo, él habla del crecimiento de la vereda, que al inicio estuvo habitada por 4 o 5 familias. Ahora, ya sobrepasa las 30. Cuenta anécdotas del que puede saber más que muchos con tantos años en este territorio

Es tiempo de estar todos juntos y para eso Juliana, la bibliotecóloga de la Institución Educativa, llega con un tubo de crema dental que es el pegante para los dibujos del territorio, que son ahora la exposición permanente de la biblioteca. Luego, es tiempo de ir a jugar. Un gran círculo con los 50 niños, que comparten toda la tarde, se llena de cantos y rondas, juegos tradicionales y manos entrelazadas.

A la hora de la despedida cada uno dice una palabra que encierra lo que sienten al compartir una tarde con el Parque Biblioteca: “Alegría, compartir, compañerismo, rico, amistad, diversión, juegos, aprender” son las que más se repiten.

Los funcionarios se despiden con un enorme gracias y una sonrisa que queda en el alma, deseosos de volverse a encontrar muy pronto con los nuevos amigos de la Vereda El Yolombo.