Travesías: El transito de lo rural a lo urbano

LUZ EUGENIA GÓEZ RESTREPO
Gestora social y cultural,
JONNIER ALBERTO ANGULO RAMÍREZ
Técnico de biblioteca,
ÓSCAR MAURO ÁLVAREZ VÉLEZ
Técnico de teatro
PARQUE BIBLIOTECA FERNANDO BOTERO DE SAN CRISTÓBAL
Jueves 13 de agosto de 2015

A escasos cinco minutos del casco urbano del corregimiento San Cristóbal, se encuentra la vereda Travesías. Se llega a través de la única vía por la que entran y salen vehículos. Una carretera estrecha, pavimentada que trepa por la montaña y deja ver algunas colinas carcomidas por la explotación de la tierra y mucho verde al fondo.
A lado y lado de esta calle se observan las casas, tienen un aspecto urbano, construidas una al lado de otras, conforman un paramento de viviendas en ladrillo, algunas de 2 o 3 pisos, revocadas, pintadas, adornadas con plantas que cuelgan sobre macetas. Mientras vamos ascendiendo por la pendiente, éstas empiezan a separarse, cuentan con una mayor extensión de tierra, y aún perviven algunas que nos recuerdan un pasado rural muy cercano.

A diferencia de lo que pasa en El Naranjal, en la vereda Travesías se cultiva poco para comercializar. No obstante podemos ver algunas matas de yuca, plátano, naranjos, cebolla de rama, achiras, yacón –cerca a la cancha-, y plantas ornamentales como platanillo, curazaos, san joaquín y rosas.

Recuerdo que en los años ochenta la mayoría de mangas de la vereda eran potreros, huertas y grandes pineras. Además, un sin número de árboles frutales como mangos, pomas, naranjas, limones, nísperos, uvitos y moras de monte. Un lugar bañado por pequeños arroyos o quebradas donde los habitantes del Corregimiento solíamos ir de caminata a realizar comitivas de papas chorreadas, chorizadas, chocolate con parva, sancochada o frijoladas. Hoy día el panorama ha cambiado. Cada vez son menos las grandes mangas verdes y más las construcciones de casas, las empresas de producción de marranos y pollos de engorde. Ha crecido tanto la población que se construyó un centro educativo en el sector que se conoce como “La Cumbre”. Está ubicado al lado derecho, sentido oriente occidente de Travesías, en la carretera que la une con las veredas La Ilusión y San José de la Montaña”, cuenta Óscar Mauro Álvarez, Técnico de Teatro del Parque Biblioteca Fernando Botero de San Cristóbal.

La pendiente parece una perpendicular perfecta, Lucero y Jonnier observan con detención el paso de una moto y un carro, apostamos, si esa moto, o ese destartalado carro tendrá la fuerza suficiente para continuar y si no se devolverá al retomar la curva arriba, no dudamos que las volquetas, los vehículos que surten gaseosa, o la camioneta de EPM lo puedan hacer.
Sobre la vía principal está ubicada una cancha encementada que tiene una ramada, en ella se realizan actividades comunales y lugar adecuado, donde Lucero, Oscar, Beatriz, Jonnier y Eliana dan bienvenida al grupo de la tercera edad que llegó con sus sudaderas rojas y camisetas blancas, así como uno que otro vecino, a quienes se también se invitan a la toma veredal.

Llegaron las y los “cuchachos”

Al encuentro acude un grupo de mujeres y hombres del sector que pertenecen al grupo de la tercera edad de la vereda La Cumbre. Llegan expectantes, con una alegría que demuestra que la edad no es solo sinónimo de sabiduría. Se encuentran para compartir y pasar un rato agradable entre amigos.

Las y los primeros en llegar, se acercan al “Picnic Literario” para observar y dar una leída rápida al material bibliográfico que con anterioridad y muy llamativamente ha organizado la compañera Beatriz, en sus manteles de colores. Ella explica que se pueden anotar para quedar registrados en el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín y así poder acceder al préstamo de materiales bibliográficos en la biblioteca. Luego de verificar los datos personales de cada uno, una de las señoras exclama: “Yo creí, que era para que me prestaran plática”, a lo que sus compañeros responden con sonoras carcajadas.
Los “cuchachos” participan muy animados en la primera actividad lúdica, un juego de cooperación y trabajo en equipo. Las primeras diez personas que se ofrecen para el juego, preguntan “si hay que brincar o correr, ya que la mayoría presenta quebrantos de salud”. Dado que la actividad no implica riesgos, todas acceden al juego del “Pulpo”.
Oscar inicia con un ejemplo que permite aclarar las reglas de juego mientras ellos participan, para así, hacer más divertido el ejercicio. Desde fuera, una de las mujeres se animó a ser la líder y coordinar al grupo y entre risas, “esta nos va es a embolatar”, dijo doña Margarita una vieja amiga conocida de la mamá de Oscar y compinche de jugarretas de remix y tute.
La invitación es a ser niños y niñas

Al unísono las carcajadas continúan, tanto de las que participan como de las y los que observan, que son quienes más gozan cada vez que la líder direcciona el juego. Oscar pide que “sean obedientes ante su líder para cumplir con el objetivo”. Y, dicho y hecho, entre aplausos y sonrisas de satisfacción, lo logran.

Pero aun no terminaba la actividad, se invita un nuevo grupo a participar. Rápidamente está el nuevo equipo creyendo que realizarán el mismo ejercicio. “Ah no, esperen un momento esto se complicó”, dice Oscar, en tono serio y preocupado, “porque ahora la líder será la única que tendrá los ojos abiertos, el resto cerraran los ojos y confiaran plenamente en ella”. “No así no se vale” o “eso así es muy difícil” fueron expresiones que lanzaron ante las nuevas reglas. Se invita a confiar y acatar las indicaciones que exprese su compañera.

Si en cinco minutos no se cumple el objetivo, paramos para reevaluar las reglas, pero antes de los cinco minutos ya está el juego terminado, aplausos y sonrisas son fuertes “¿Cierto que esto se puede hacer en la casa o con el grupo?” Oscar afirma y explica que podían colocar los cupos de participantes que quisieran en el juego.
Charlan sobre lo sucedido en el juego a lo que dicen: “sirve para el trabajo en equipo”, “para ser obedientes” “para tener disciplina” “para ayudarnos entre todos”, “sirve para tener confianza en los demás”; todas estas exclamaciones son pertinentes para el juego. Óscar invita al grupo a creer y confiar en el otro. “Yo no creo ni en mi sombra”, dijo un señor que apenas llegaba y ni se dio cuenta del proceso del juego. “A usted no meta la cucharada que se perdió lo mejor”, dijo una señora del grupo. Así terminó este ejercicio.

El ascenso por una loma

En una casa finca de aspecto urbano, Lucero y Jonnier llegan al área donde las viviendas están más dispersas. Encuentran un pequeño estanque donde cultivan peces, observan a dos jóvenes trabajando muy tranquilos. Hablamos con ellos sobre lo que hacen, comentan que ya tienen todo preparado, los alevinos, para cultivar tilapia roja.
Continuando el ascenso observamos una ramada que se asienta sobre costales de tierra, en la que se deja ver un yunque y otros elementos de metal. Es el espacio de la forja. Don Octavio González, un habitante de la vereda, comenta “en la fábrica se trabaja desde temprano hasta las 2 de la tarde”.
Llama nuestra atención que al lado de la fábrica se visualiza un gran portón y rejas ubicadas en un espacio que parece una unidad residencial. En una de esas casas vive Kevin Palacio, un adulto con apenas 13 años de edad, estudiante, laborioso, quien cuenta que vivió sus primeros años en el barrio San Germán y luego de un incendio, su familia se trasladó a la vereda.

Allí montaron el taller de forja, negocio en el que participan algunos de sus familiares, además tienen otro negocio por la Plaza Minorista en el que diversifican la producción. Muestra orgulloso, los adornos de su casa, los faroles, los cebaderos, las mesas, sillas, las rejas que producen. “En esta gran extensión de tierra queda la fábrica, y varias casas”, -cuenta Kevin- “mi mamita dividió el terreno y cada uno de mis tíos construyó allí su casa, de tal suerte que conforman una unidad de viviendas en donde compartimos nuestras vidas y el trabajo de la forja”.

De alguna manera la tierra en la vereda poco a poco va cambiando de usos, adquiere un mayor valor y por la presión de la cercanía al casco urbano, y a Medellín, hace tránsito, de un lugar rural, con cultivos, agricultura y crianza de ganado, a un espacio cada vez más urbanizado, más citadino en el corregimiento, una segunda residencia para los habitantes de Medellín.
De regreso observamos algunos ventorrillos en los que los vecinos ofrecen algunas golosinas aprovechando su cercanía la Institución Educativa Travesías El Morro. Visitan el lugar y toman los datos de la institución para posteriormente tratar de relacionar sus procesos formativos con el parque biblioteca. Luego, se desplazaron nuevamente hasta la cancha. Se observa a Beatriz en la ejecución de su actividad picnic literario e Isabel integrante la Secretaría de Las Mujeres conversa con un grupo de mujeres de la tercera edad. Así pues, se da por terminado la visita. El equipo se despide de la comunidad agradeciendo la participación de todos y su disposición.