Flores, hortalizas y … antenas.

Por JUAN PAULO CAMPO VIVES
Gestor Coordinador
PARQUE BIBLIOTECA FERNANDO BOTERO DE SAN CRISTÓBAL
Jueves 23 de julio de 2015

A media hora de la centralidad de San Cristóbal, se encuentra la Vereda El Carmelo, un balcón desde el que se divisa, en toda su extensión, el Valle de Aburrá. Una zona rural idónea para los cultivos y la ganadería, pero también estratégica para la ubicación de antenas radiodifusoras.
Olímpica, Todelar, Caracol y RCN, cadenas comerciales, Policía Nacional y Cámara de Comercio, emisoras institucionales, entre muchas, tienen instaladas sus repetidoras de señal operadas, en algunos casos, por campesinos de la zona y en otros por técnicos “importados” que conocen poco o nada acerca del cultivo de la tierra.
Sí, todo en El Carmelo es contraste. Una parte está en San Cristóbal, Medellín, y la otra en San Félix, Bello. La Iglesia está en Medellín y la escuela en Bello. Hay casas de recreo en medio de un mar de antenas que como dicen sus habitantes “generan campos electromagnéticos riesgosos para la salud, porque aquí la gente se enferma de cosas raras”.
Hay cultivos de gladiolos, cebolla y cilantro, que no les permiten a sus habitantes olvidar su origen, que rodean las inmensas estructuras metálicas pintadas de rojo y blanco que les proporcionan su mayor ingreso. Y estas antenas, que se encargan de repetir mil voces y canciones a los habitantes del Área Metropolitana y un poco más allá, que generan bullicio en algunos sectores, están enmarcadas en el silencio de uno de los parajes más tranquilos de Medellín.
Es que a los habitantes de esta vereda les tocó renunciar al cultivo como su principal fuente de sustento. Por eso es fácil encontrar fincas donde solo tienen sembrada una antena.
“Antes de las repetidoras las fincas eran auto sostenibles, pero se debía esperar a que las cosechas salieran y pasábamos momentos difíciles. Fue por eso que recurrimos a esta práctica laboral ya que cuentan con todas las prestaciones”, dice Olga Lucía Naranjo, líder comunal y matrona de la Vereda, quien fuera presidenta de la Junta de Acción Comunal durante años.

La toma veredal de “El Carmelo”

Ese es el panorama que encuentra el equipo humano del Parque Biblioteca Fernando Botero en las, que ya son costumbre los jueves en la tarde, visitas programadas a las veredas del Corregimiento de San Cristóbal.
Hoy, el punto de encuentro es la Escuela de la Vereda El Carmelo, allí espera un grupo de personas, doce adultos y tres menores. “Fue difícil convocar a los menores. La escuela está cerrada hace quince días, por qué la maestra se encuentra incapacitada”, cuenta Mauricio Sierra, vicepresidente de la Junta de Acción Comunal.
Beatriz Zapata, Eliana Moreno, Diana Ramos y Óscar Mauro Álvarez se disponen a atender a los asistentes. Inmediatamente se extiende el picnic literario en el césped verde de la zona de juegos de la escuela. Para las señoras asistentes es la oportunidad de mirar revistas de moda, de bordado y de farándula. Toman ideas para la próxima reunión del costurero.
Por su parte, una madre con su niño pequeño se sientan a disfrutar de los cuentos infantiles dispuestos en las canastas. Dos niñas, casi adolescentes, los siguen. Poco a poco se informan sobre los servicios del Parque Biblioteca. Al ver los libros y revistas expuestos en las sabanas y canastas, tres habitantes de la vereda, quienes “a pesar de la distancia”, se motivan a registrarse para acceder a los servicios de préstamos y afirman: “iremos a visitar la biblioteca con más frecuencia ahora que estamos inscritas”.

Medellín presente

Por su parte, la Policía Nacional, la Mesa Corregimental de Derecho Humanos y la Secretaría de Gobierno, se vinculan a esta campaña. Y con ellos, al igual que lo hicieran anteriormente la Secretaría de la Mujer y el Programa Buen Vivir en Familia de la Alcaldía de Medellín, se inicia el recorrido por las fincas de la vereda.
Lo abrupto del terreno y la distancia entre las casas proponen una dificultad mayor. Sin embargo, esto no es impedimento para que Sergio Graciano, Dora Villa, Sandra Uribe, Sebastián Dávila y Juan Campo, acompañados por Mauricio Sierra, visiten nueve fincas y cumplan con el propósito de acercar un poco más la institucionalidad a la comunidad.
A medida que avanzan en el recorrido y al conocer la comunidad sobre la oferta de servicios en Cultura Digital y debido a las deficiencias y limitantes para acceder a otras tecnologías, el vicepresidente de la JAC solicita una capacitación en Alfabetización Digital, a lo cual el coordinador del Parque Biblioteca responde con una propuesta que será estudiada por los habitantes de esta verde, fría, segura y silenciosa vereda.

Cachete del cielo

Así es como le dicen sus habitantes a El Carmelo, ubicada en el extremo noroccidental de San Cristóbal, por la altitud en la que se encuentra y “lo cerca al cielo, especialmente en estos días soleados en que el verde de la montaña contrasta con el profundo azul del horizonte”, así lo siente doña Olga Lucía Naranjo.
Es una vereda de 104 hectáreas, con pocos habitantes. Algo más de 150 personas viven en las fincas. Hay pocos niños y jóvenes, porque como dice la líder comunal “a los niños y a los jóvenes se los llevan a estudiar en el pueblo o la cuidad. En las fincas lecheras hay mucha rotación de personal y sobre esa población no tenemos datos”.
Aunque sus límites los determina la quebrada la Madera, que divide a El Carmelo en dos, los habitantes de la vereda la reconocen como parte de San Cristóbal. “De hecho, los mayores beneficios y proyectos hacia el futuro que se proponen, están atados a Presupuesto Participativo de Medellín”, afirma Mauricio Sierra, vicepresidente de la Junta de Acción Comunal.
Dos horas, toma el recorrido por la vereda y a eso de las 4:40 p.m. vuelven al sitio de encuentro en la escuela. Allí, Beatriz Zapata hace entrega a Mauricio Sierra, en nombre del Parque Biblioteca Fernando Botero de San Cristóbal, la donación de quince libros para la comunidad.