Nuevas tecnologías, ¿cómo afectan nuestro cuerpo y nuestra salud mental?

Cada invención técnica del hombre es una proyección de su cuerpo. Por esto no es extraño que cada que surja una nueva tecnología, se descubran, se potencien o aparezcan con ella algunos trastornos, enfermedades o nuevas adicciones. Por ejemplo, antes del alfabeto era imposible hablar de disgrafía, o de dislexia. Más tarde a la televisión se le  asoció con la obesidad y los trastornos de atención e hiperactividad. Finalmente, desde la comercialización de la Internet hasta ahora han salido un sinnúmero de patologías atribuidas a su uso excesivo. Veamos algunas de ellas:

Para empezar, continúa existiendo una estrecha relación entre las nuevas tecnologías y el exceso de peso o el déficit de atención.

También, parecen ser responsables de ciertos problemas de postura como la rectificación de la lordosis cervical  o cuello de texto, debido a la posición que lo usuarios adoptan para hacer uso de las tabletas o teléfonos móviles inteligentes.

Afecciones como el síndrome del pulgar y el del túnel carpiano aumentan cada día por el uso del chat, los teclados y los controles de videojuegos.

Además, se pueden desarrollar problemas de estrés visual como la vista cansada o la miopía, pues los ojos requieren mayor hidratación ante  la exposición excesiva a las pantallas. La página EFE-Salud aconseja una distancia mínima de 50 cm entre el rostro y el monitor.  Igualmente es importante dejar descansar los ojos durante 5 minutos por cada hora de trabajada frente al ordenador.

Según un grupo de médicos del Hospital Quirónsalud de España, otros problemas de salud causados por las nuevas tecnologías son:  insomnio como consecuencia del uso de dispositivos justo antes de dormir, pues la luz emitida por las pantallas causa una disminución de melatonina, hormona encargada de regular los ciclos de sueño; problemas auditivos desarrollados por el abuso de volumen y el uso continuo de los auriculares; y, problemas de fertilidad en los hombres por cargar el teléfono móvil en el bolsillo delantero o trabajar con el portátil sobre las piernas.

Sin embargo, los usuarios de artefactos tecnológicos no son los únicos que pueden llegar a desarrollar nuevas enfermededades.  De acuerdo a la página del Catalunyapress, un estudio internacional  publicado en ‘The Lancet’, cuenta cómo los trabajadores encargados de la fabricación de estos nuevos artefactos tecnológicos como las pantallas de plasma líquido, se ven expuestos a numerosos agentes que afectan los pulmones, estando propensos a sufrir enfermedades como asma, cáncer, fibrosis pulmonar, inflamaciones de la tráquea, neumonitis por hipersensibilidad o bronquiolitis.

Pero no sólo el cuerpo es quien sufre las consecuencias de los excesos. Una interminable lista de enfermedades mentales, cada una con un nombre más curioso que la anterior, se han potenciado o han salido a la luz a causa de la hiperconexión.

La más nombrada hasta ahora es la nomofobia o la tecno-ansiedad, cuyo nombre proviene de un juego de sílabas sacadas de la expresión “no mobile phone phobia”. Este trastorno produce un miedo incontrolado cuando no se tiene a la mano el teléfono celular.

Otro trastorno que suele ser común es la ciberdependencia, una adicción o apego enfermizo a las redes y dispositivos, que hace que las personas descuiden aspectos importantes de su vida.

También, puede aparecer el Síndrome de alienación, en el cual quien que la padece se siente menos apreciado cuando no está conectado a alguna red social o de mensajería instantánea.

Otra curioso cuadro es el Síndrome de mensaje múltiple, en el que el afectado requiere estar manejando de manera simultánea, multiples chat, ventanas y redes sociales, para no perderse ninguna novedad de sus círculos virtuales.

Igualemente, hay quienes experimentan la textofrenia que es la sensación de estar recibiendo notificaciones constantes a través del celular, sin que esto sea cierto.

Existe además la taxiedad, que es la angustia que se siente cuando se envía algún mensaje a alguien y no se recibe una respuesta inmediata.

Por supueso, la posibilidad de fácil acceso a los juegos en línea han aumentado los casos de ludopatía.

Por otro lado, también se ve afectada la memoria por el Efecto Google. Dicen algunos expertos que el fácil acceso a la información, en plataformas como Google, hace que nuestro cerebro se acostumbre a no almacenarlo, por lo tanto, vamos perdiendo la capacidad de retener la información.

Otras afecciones mentales que se ven potenciadas con la aparición de la Internet, son las obsesiones. Por eso los casos de acoso, celos enfermizos   se ven agravados con el fácil acceso a la información personal que los usuarios van colgando en las redes sociales.  Otra obsesión que se transfoma es la hipocondría que con la aparición de la internet y la posibilidad de consultar de manera compulsiva enfermedades, signos, síntomas y remedios caseros en la web, toma el nombre de cibercondría.

Pero no todo es amor a la conexión, algunas fobias también han surgido de la mano de las nuevas tecnologías:

La editiovultafobia es el sentimiento de aversión por las redes sociales, ya sea por un sentimiento de superioridad frente a los usuarios de estas o por miedo a comparar su vida con la de los demás.

La retterofobia es el miedo obsesivo a cometer errores de ortografía o gramática en un mensaje de texto.

la telefonofobia es el miedo a recibir una llamada, desencadenada por la ansiedad que produce el timbre de el teléfono. Existía ya con la telefonía doméstica pero se potencia, por obvias razones, con la aparición de los celulares.

Y se puede suponer que debe haber un nombre para la aversión a los grupos de Whatsapp, otro para la ansiedad de recibir mensajes de trabajo durante los días de descanso laboral, y otro más para la sensación de sentirse siempre disponible para la familia, los amigos, la pareja o el trabajo, sin posibilidad de desconexión.

Aunque la lista de afecciones es curiosa e impresionante no hay por que temer al uso de las nuevas tecnologías siempre y cuando se usen con conciencia y con un fin, sin perder de vista que son  herramientas que facilitan la comunicación y la interacción, que acortan distancias, que facilitan tareas, pero que requieren no sólo una posición ergonómica, sino además unas pausas para nuestro cuerpo y nuestra mente y finalmente, un momento adecuado para su uso donde se establezcan prioridades, es decir, saber cuando es el momento de apagar el móvil o dejarlo a un lado, para poner atención a la familia, al trabajo, a los amigos y los más importante a nosotros mismos permitiéndonos tiempo de descanso de calidad.

Por eso desde el Parque Biblioteca Fernando Botero te queremos invitar a que revises cuáles son tus buenos y malos hábitos al momento de hacer uso de las TICs y que trabajes en pro de tu salud mental y física.