Bullying y nuevos medios: un acoso sin fronteras.

   

Por: Ana María Zuluaga Ramírez – Mediadora en cultura digital.

   

Quienes crecieron viendo series de los 80’s y 90’s, deben guardar en algún lugar de la memoria la estructura jerárquica de las escuelas “gringas”, donde los atletas y porristas estaban en la cúspide de la pirámide, mientras los “nerds”, “ freaks”, entre otros apodos, se encontraban en la base, casi como parias e intocables.  El primer grupo abusando siempre del segundo, por medio de la fuerza bruta y el maltrato psicológico, haciendo de la jornada escolar un verdadero infierno para los más débiles.

Este fenómeno no ha muerto ni sucede únicamente en Estados Unidos. En un artículo del periódico El Tiempo,  publicado en febrero de 2018, el periodista Julián Vivas afirma que “de acuerdo con un estudio revelado el año pasado (2017) por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en Colombia el 7,6 por ciento de los estudiantes aseguró estar expuesto diariamente a algún tipo de maltrato físico en su colegio”.

Tampoco es solo un problema entre atletas e intelectuales. “Thirteen reasons why”, una escalofriante serie de internet basada en la novela homónima de Jay Asher, que actualmente se encuentra en petición de censura por una de sus escenas finales de la segunda temporada, da una idea de cómo se vive, cómo se complejiza este tipo de abuso y cuáles son algunas de sus nefastas consecuencias, evidenciando, además, que no hay que ser nerd o freaky para sufrirlo, ni ser atleta o porrista para ser responsable o cómplice; cualquier razón es buena para convertirse en la próxima carne de cañón o para aplicar la violencia y demostrar el poder sobre alguien diferente o vulnerable.

No se sabe a ciencia cierta desde cuándo existe el bullying, pero la primera vez que se utiliza la expresión es en 1970, cuando el psicólogo Dan Olweus lo usa para referirse a un tipo de violencia que ocurre en el ambiente escolar y que cumple tres características: “es intencional, es repetitivo y existe un desbalance de poder”.

Muchos coinciden en que esta conducta ha existido siempre; incluso, algunos juzgan a las nuevas generaciones de poseer un carácter débil que no soporta el más mínimo sufrimiento.  

Puede ser que la manera en cómo se ejerce la violencia en las escuelas haya cambiado o, es posible, que algunos tengan la concepción del bullying como un mal chiste que le hace eventualmente un niño a otro. Puede que no.  

Evidentemente, el bullying no es sólo un problema de niños. Muchas de sus consecuencias se deben a que los infantes y adolescentes de esta época, están, en su mayoría, emocionalmente abandonados por sus padres o responsables, por sus profesores o por sus compañeros, quienes en muchas ocasiones no notan la situación o prefieren ser testigos distantes.  Ésto hace que la capacidad de resiliencia o las posibilidades de pedir ayuda de quienes son víctimas, disminuyan, y que la necesidad de atención, sumado al seguimiento que requieren quienes abusan, simplemente no se haga de la manera adecuada.

También, es probable que el comportamiento social haya ido cambiando, pues cada vez nos es más importante la opinión de los demás haciéndonos más inseguros y más propensos al abuso.

Seguramente, es una simple coincidencia que la fecha en que Olweus utilizó la palabra bullying, sea, por pocos años, posterior a la comercialización de los televisores en el mundo. Sin embargo,  tanto el consumo televisivo como el bullying, tienen una fuerte influencia sobre la autoimagen.

Debray en “Las tres edades de la mirada”, habla de cómo se transforma la imagen a través de sus posibles medios de transmisión. Dice entonces, que la forma en que interpretamos las imágenes o les damos credibilidad, pasa por tres momentos momentos semióticos: la logosfera  (a partir de la escritura), la grafosfera (a partir de la imprenta) y la videosfera (a partir de la televisión a color). Esta última tiene  una obsesión por la repetición de la imagen, pues da veracidad y existencia a algo. Además, dice el autor, la videosfera ordena sus propios estereotipos.

El estereotipo no es más que la diferenciación prejuiciosa y superficial que se hace de una persona o un grupo, por sus conductas, costumbres o habilidades. Por ejemplo: las porristas, los freaks, los atletas, los nerds, las lolais, los gordos, los flacos, los loser,  entre otros. En la actualidad aumenta la lista, poniéndole nombre a cada ente diferenciador incluyendo entre estos, el color de piel o las preferencias sexuales.

Debray explica que a diferencia de la logosfera, época de los ídolos y los dioses invisibles, en la videosfera se toma lo visible como autoridad simbólica. Por lo tanto, la función de la imagen en esta última etapa no es proteger ni deleitar, sino simular o entretener, convirtiéndose en un objeto comercial (personajes, más que personas). Además, dice el autor,  el motor de obediencia de la videosfera es la opinión.

La imagen propia y la necesidad de obtener el reconocimiento de los demás, ha venido tomando importancia gracias a la llegada de la televisión y la proliferación de Superstars. La gente del común aún busca identificarse con esos personajes que logran gran popularidad y poder de influencia; mientras, los famosos, que antes se popularizaban a través de la radio, han encontrado en el audiovisual un medio mucho más efectivo para vender no sólo su voz, sino, principalmente, su imagen y estética propia como Estrellas Pop, Rock y demás.

Otra consecuencia de la llegada de la televisión, es el beneficio que trajo al gremio de los paparazzis, personajes que se hacen ricos mostrando las desgracias de los famosos dando inicio al acoso de las cámaras.

Parece que todos quieren un poco de ese reconocimiento; los estudiantes también. A escala buscan el protagonismo, intentando ser el más “cool” de su generación y para lograrlo se valen de muchas estrategias, algunas loables, otras no, como rechazar o humillar a aquellos que por alguna razón no logran encajar en esa dinámica.

 

¿Qué pasa entonces con la llegada del internet?

 

Debray, más adelante en el libro “Introducción a la mediología”, habla de una cuarta edad, la Hiperesfera.  Ésta, se define como una hipérbole de la videosfera, donde todos los problemas de la era de la televisión se viven de una manera exagerada. En la etapa anterior era difícil difundir nuestra imagen y, si antes la gente hacía lo que fuera por salir un minuto en televisión y obtener un poco de reconocimiento, ahora escapar de la lente de los teléfonos inteligentes es una tarea imposible. Parece que los paparazzis se quedaron sin trabajo y la gente del común, tomando su lugar, está a la saga de cualquiera. La información que se monta a la red viaja instantáneamente a cualquier parte del mundo a velocidades inalcanzables. La gente toma por verídico todo lo que ve en Internet sin preocuparse por los contextos.  La  importancia que damos a la opinión que los demás tienen sobre nosotros, y la capacidad que nos brindan los medios de expandir nuestra crueldad, crecen de manera directamente proporcional y de forma exponencial.  Destruir la imagen de alguien es, ahora, mucho más sencillo y tiene mayores consecuencias.

A su vez el bullying, que antes empezaba y terminaba en las puertas del colegio, ahora no da respiro, pues las redes sociales hacen más fácil el hostigamiento a cualquier hora del día, desde cualquier lugar; acceder a ese hogar virtual que cada uno ha ido adquiriendo es sumamente sencillo, al igual que crear perfiles falsos desde dónde actuar, mover redes de personas en pro de un mismo objetivo o ridiculizar públicamente a cualquiera. Aquí la violencia es psicológica, aunque puede tener repercusiones físicas como ataques, agresiones, homicidios o incluso, suicidios.

Con la llegada de la red, cada evento nos lleva a perseguir a alguien, a exponerlo. Acá el acoso ya no es de niños contra otros niños, sino todos contra todos. Series como Black Mirror, en los capítulos “Odio nacional” u “Oso Blanco”, hacen un retrato de lo que es nuestro comportamiento en las redes sociales cuando nos sentimos con autoridad moral para asediar a los demás. 

   

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Hace un tiempo un norteamericano salió en un video viral donde daba fuertes muestras de xenofobia. Días después se publicaban  vídeos del hombre en los cuales era perseguido e insultado por donde pasaba, obligándolo a usar prendas que cubrieran su identidad para poder sobrellevar la situación; algunas personas cantaban canciones latinoamericanas frente a su casa, no encontrando descanso tampoco allí. Su cuenta de facebook tuvo que ser cancelada. Su vida se volvió un infierno de un momento a otro. Su historia ya dejó rastro en la web y por más que él haya aprendido a ser más tolerante (tal vez), cada que veamos su vídeo comenzará de nuevo la persecución, porque la vigencia se recorta, se pega y se renueva. Mientras tanto, en masa, se aplauden las lecciones que reciben los villanos, aunque esto nos cuente convertirnos en alguien similar.

Ahora las dinámicas de relacionamiento circulan a través de la fibra óptica; el internet es calle, patio, parque, extensión de lugares de encuentro y desencuentro, desde donde se construye actualmente la realidad. Transitar por estos territorios siendo asediados, juzgados, perseguidos, burlados, se conoce con el término de ciberacoso, entre adultos, y ciberbullying, entre menores. 

Cuando Dan Olweus, habló de las tres características del bullying que ante aplicaban también para definir cualquier tipo de acoso, no solo el escolar, aún no se había entrado en la era de la información tal y  como la estamos viviendo actualmente. Esa clase de hostigamiento sigue existiendo a nivel escolar y laboral, pero las redes traen consigo una figura de acosador que puede desdibujarse. Analizando estas tres características a la luz de los virales en los que, como se citó anteriormente en los ejemplos, se causa una indignación nacional o mundial que causa que sus protagonistas sean apabullados por miles de transeúntes virtuales que pasan de largo dejando su opinión moral sobre el acontecimiento,  ¿Se puede hablar de acoso? ¿Se puede decir que hay un acosador? ¿Es intencional, repetitivo y existe un desbalance de poder?

No se puede decir a ciencia cierta si es intencional o no, pero el peso que cada internauta pone en sus palabras al opinar, parece más radical que la moralidad que aplica para sí mismo.

Sin duda es repetitivo sobre todo para quien lo vive, pues aunque cada usuario de la red comentase una sola vez una publicación tal,  al parecer ninguno está en capacidad de medir las consecuencias que genera la sumatoria de cada una de las interacciones que hacen sobre el contenido compartido.

Finalmente, el desbalance de poder está en la fuerza que ejerce la opinión pública,  en un medio hipermasivo como es la Internet.

 

¿Qué hacen las autoridades en Colombia frente a los casos de ciberacoso y ciberbullying?

 

Son muy variados los motivos de acoso y los derechos que estos vulneran. Dependiendo del caso, se puede estar protegido por las siguientes leyes del Código penal:

   

   

Además, la Ley 1620  de 2013 del Ministerio de Educación Nacional,  “creada por el Sistema Nacional de Convivencia Escolar y formación para el ejercicio de los Derechos Humanos, la Educación para la Sexualidad y la Prevención y Mitigación de la Violencia Escolar”,  define el ciberbullying como toda forma de intimidación con uso deliberado de tecnologías de información (Internet, redes sociales virtuales, telefonía móvil y video juegos online) para ejercer maltrato psicológico y continuado.

Sumado a ésta, existe el PROYECTO DE ACUERDO No. 194 DE 2016 “Por el cual se dictan lineamientos de política pública para la prevención, sensibilización y protección sobre crímenes cibernéticos contra niñas, niños, y adolescentes de las Instituciones Educativas Distritales”.

También, es importante tener en cuenta que los menores de edad están protegidos por el Código de Infancia y Adolescencia que contiene penas específicas y más rigurosas (consulte el Código aquí). 

Si se sospecha la violación de alguno de estos derechos u otros contemplados por el Código penal, se debe presentar una denuncia ante la Fiscalía o recurrir al CAI Virtual de la policía nacional en el siguiente enlace https://caivirtual.policia.gov.co/, para analizar las particularidades de cada caso. En caso de menores, se puede diligenciar la denuncia a través del sitio web www.teprotejo.org.

   

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Si quieres conocer más sobre ciberbullying y ciberacoso, te invitamos a visitar el sitio web de “Páginas amigas” o “En Tic confío“.

Bibliografía

  1. Vivas, Julián. Matoneo, problema que no se ha podido erradicar de colegios del país. (febrero, 2018). Periódico El Tiempo. http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/matoneo-en-las-ciudades-de-colombia-185084
  2.  Aggression in the schools: Bullies and whipping BOYS, D. Olweus. Washington, Hemisphere Publ. Corp., 1978. No. of pages: xiii 4 + 218
  3. Debray, Régis (1994) Vida y muerte de la imagen: Historia de la mirada en Occidente, Paidós, Barcelona. LAS TRES EDADES DE LA MIRADA
  4. Debray, Régis (2001) Introducción a la mediología, Paidós, Barcelona.
  5.  En video: El infierno que vive el abogado racista que atacó a unos latinos por hablar en español en NY.  (Mayo,2018) Revista Semana. https://www.semana.com/mundo/articulo/en-video-el-infierno-que-vive-el-abogado-xenofobo-que-ataco-a-unos-latinos-por-hablar-en-espanol-en-ny/567552