3er puesto: La familia de los Nanos

II Concurso de narrativas: Las familias cuentan

Una de las posibles consecuencias de la violencia, es la poca influencia que hoy ejerce la moral del ser humano en la ética, las lecciones de urbanidad, de conducta y disciplina que nos inculcaban desde la casa, en la escuela y en  el  colegio, fueron fundamento para que esta familia, a través del tiempo y del espacio marque pautas ejemplarizantes a nivel social.

La familia Álvarez Marín, se generó de manos de los abuelos José David Marín y Ana María Dávila, abuelos maternos y de Ulpiano Álvarez  y de Tránsito Tejada, abuelos paternos.

Mis abuelos maternos eran procedentes de Palmitas, mientras que mis abuelos paternos procedentes de Ebejico, quienes llegaron a LA LOMA en busca de progreso y de mejores oportunidades económicas en la ciudad.

Así, nuestros padres, Ana Isabel Marín Dávila y Justiniano Álvarez Tejada, se casaron en el año 1.948, cuando mi madre solo tenía 15 años; a partir de allí se genera una lucha constante  por sacar a flote el nuevo hogar, entonces, mi padre continua las labores de agricultura, para más tarde, lavar arena en la quebrada la Iguaná, mientras mi madre se ocupa de los oficios domésticos, incluyendo el cuidado de las gallinas, los caballos y los marranos. Además, buscar leña y cargar agua del pozo que estaba instalado cerca del puente   sobre la quebrada la Iguaná, paso obligado para ir a San Cristóbal.

Cada, año nacía un hermanito, hasta completar el numero 14; sólo que la primera Gabriela, fallece recién nacida.

La suerte, entonces, acompañó a mi padre y fue llamado a laborar a la fábrica de licores de Antioquia, a partir de allí, se mejora ostensiblemente la situación en el hogar.

El esfuerzo de mi padre por mantener un hogar unificado, y es aquí, donde todos tuvimos la oportunidad de estudiar, algunos lo hicimos, otros entraron a agrandar la población económicamente activa del entorno.

Desde el inicio, este ha sido un hogar muy unido, por lo general, los fines de semana, nos reunimos para comentar las noticias más sobresalientes del país, de la ciudad, de la vereda, del mundo y  del departamento, con esto aprovechamos el tiempo, para el juego de cartas, el juego de dominó, de parqués, y hasta la ruleta rusa, es aprovechada al lado de las risas, los chistes, el jolgorio y la armonía.

Para construcción de la casa, todos aportamos, la tarea de mi padre, una vez, llegados del colegio, cada uno  y diario, le tocaba ir a la quebrada la Iguana a traer una piedra, un galón de arena o de gravilla para mejorar la casa que había sido construida con tierra, boñiga y caña brava.

Hoy, no solo los “NANOS”, el fin de semana asisten a la recreación y al regocijo, se reúnen una revoltura de familiares, vecinos y amigos que en medio del juego, el baile y la parranda, se toma algún aguardiente, que permite crecer la armonía y la amistad.

Pero ¿cómo es nuestra casa?, en la parte exterior la forma un patio inmenso que permite realizar las actividades de baile, parranda y jolgorio, allí, en medio de mesas y sillas, se concentra la gran familia para que en son de chistes, música, poesía y sentimiento, se agite el corazón de los presentes; seguidamente hay un corredor que le da la vuelta a la casa formando una L, desde acá se aprecia el cafetal de la familia Naranjo, donde respiramos un aire puro y verdadero, alejado del co2, no hay contaminación, ni ruido alguno que pueda interrumpir las tertulias, que se realizan especialmente los domingos, día favorito para la reunión familiar, después de la asistencia a misa.

Su interior: una sala inmensa con unas sillas o muebles de salón, donde descansa, el que agobiado por su jornada de trabajo quiere reposar, un reloj hawaco, y un cuadro de mis padres, adornan la sala; contigua a esta, se encuentra el comedor, conformada por una mesa rectangular, seis sillas Luis 15 y un cuadro con el pasaje de la Sena, que le da luz y colorido. Adentrándonos, se encuentran 4 habitaciones donde antes nos acomodábamos los 14 integrantes de la familia, dejando una para los jefes del hogar. La cocina es inmensa, compuesta por todo lo necesario para el desarrollo de las actividades comestibles diarias. Los baños también, grandes eran construidos para el placer de realizar el aseo personal, enchapados en cerámica y porcelana; muchas veces había que coger fila para entrar a él, por ser una familia numerosa.

Sobre el patio, está la huerta, donde se sembraba café, era una época, en que en diciembre, al llegar de la escuela, nos disponíamos a recoger el producto, recuerdo que era aromático, oloroso y tenía una pulpa gruesa, que en la federación de cafeteros lo admiraban por su calidad, sembrábamos también plátano, recogíamos unos racimos inmensos con lo que era uno de los elementos favoritos del sancocho que se hacían allí.

En medio de las tradiciones que ha conservado la familia, se rescata el festival de poesía costumbrista, una noche cualquiera, cuando todos estábamos entonados con los aguardientes  que habíamos compartido, surgió la siguiente poesía que hoy conservamos, dedicada a nuestra madre y a nuestra tía Tulia, ambas, reposan ante la presencia del Señor:

ESTA CASA

“En esta casa hay alegría;

Se llena de movimientos,

De sonrisas, placer, encantos,

De misterios y cantos.

Es una senda de honor;

Contemplan la naturaleza,

Sin egoísmo, con devoción,

Con alteza se adora a “DIOS”.

Y cuando hay un percance,

No se evade, se enfrenta;

Dos mujeres alegran la vida,

Y comparten el día que nace.

En este día especial,

De sentimiento exquisito,

A ustedes dos les digo:

Con amor las felicito”.

Que esta familia siga construyendo caminos de amor de paz y en silencio conservando la fe en un mañana mejor, en espera que la justicia divina distribuya bienestar para aquellos desposeídos, son las pretensiones que hoy enmarcan a este gran hogar conservado desde tantos años y unido para siempre en el amor.