Este libro, el más representativo de la obra del escritor británico Aldous Huxley y publicado en 1932, pertenece al subgénero distópico de la ciencia ficción, que se caracteriza por narrar un mundo indeseable e imaginario, la recreación de una sociedad futura de gobiernos totalitarios, la destrucción del medio ambiente, el desarrollo y uso desbordado de la ciencia y la tecnología, entre otros. Un subgénero que se deriva de un contexto de guerras mundiales, del posicionamiento del capitalismo, de la producción en masa, entre otras circunstancias, donde la individualidad se pierde a la par con la identidad por fines colectivos.

En Un mundo feliz nos encontramos, tan solo en las primeras páginas, con el Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres, un lugar donde se producen seres humanos de manera artificial, en fecundadoras, tubos de ensayo y a partir de ovarios extirpados. Desde esta premisa ¿Qué mundo feliz nos podemos imaginar? En este caso, una realidad de “estabilidad social” y “predestinación social”, donde esta forma de producción humana deriva en castas, personas creadas para hacer parte de un estatus social determinado, personas que nacieron para una tarea específica y ninguna otra.

Estamos en el año 632 después de Ford, lo que, además, nos ubica en una época futurista en la cual el apellido nos recuerda a Henry Ford, a quien se le atribuye el fordismo y popularizó la producción en cadena. Nos hallamos ante una historia que no se divide en antes y después de cristo, sino que, por el contrario, antes y después de Ford como un dios. Veremos expresiones como “Gracias a Ford” y el reemplazo de la cruz cristiana por una T, que hace alusión al modelo T de Ford.

A partir de lo anterior, la tecnología y la ciencia serán las que orientan la conformación de esta humanidad, donde se vende la experiencia, todo se compra, todo se vende y la libertad sexual impera, en este caso, para no generar lazos íntimos, amorosos o familiares con nadie. Un mundo donde el condicionamiento humano, a partir del método de la Hipnopedia, impide que la gente piense, tome decisiones y donde el consumo de drogas como el Soma inhiben las emociones. Por todo esto, miramos de frente seres humanos serviles y aparentemente felices.

Veremos tres personajes en particular, Lenina Crawne, Bernard Marx y John El salvaje, quienes representan las polaridades de la historia dado que: Lenina es una mujer ideal de la sociedad de Un mundo feliz, una Beta-más y trabajadora genética, que procura tener tantas relaciones sexuales como pueda, pero que en esta realidad que no permite emociones, tendrá dificultades para reconocer su amor por John. Bernard por su parte es un Alfa-más y psicólogo, quien constantemente pone en cuestión el funcionamiento de esta sociedad artificial a partir de su oculta inconformidad con el sistema y consigo mismo: “Yo soy yo, y desearía no serlo” (Huxley, 2013). Finalmente, John el salvaje, quien proviene de un amor oculto entre dos habitantes de la sociedad fordiana pero vive en la reserva del Malpaís, un mundo antiguo e incivilizado. El personaje representará un enfrentamiento entre dos culturas muy diferentes.

En Un mundo feliz la historia, la memoria, la escritura, la literatura y las artes en general, son una “patraña” que impide la felicidad del hombre, sin embargo, la narración también nos mostrará fugas donde la pregunta por la individualidad, por la existencia, por los vínculos y por la creación, nos hará dudar de este sistema de felicidad. Finalmente, y como parte de este subgénero distópico, puede avecinarse un final catastrófico. Te invitamos a descubrir el desenlace de esta historia consultando el libro en el catálogo del SBPM o descargándolo de manera legal y gratuita en el siguiente enlace: https://freeditorial.com/es/books/un-mundo-feliz

Un mundo feliz 

Autor: Aldous Huxley 

Penguin Random House: Debolsillo, 2013 

Elizabeth Jaramillo P. 

Mediadora de lectura 

Club de lectura Caos de estrellas – PBDO 

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