Me fui a casa, pues, con aquella frase rondando siempre en mi cabeza: él murió como todo el mundo un día muere. Y fue cuando ocurrió algo que me pareció formidable: fue naciendo allí, dentro de mi rojo, un amarillo

Bojunga Nunes, 2004. 

La literatura de Brasil toma su independencia de las corrientes europeas y se consolida desde sus propios modelos culturales en el siglo XIX, de allí que empiecen a surgir nombres como Jorge Amado, Clarice Lispector, José de Alencar, Joaquim Machado de Asís, entre otros referentes de la actualidad como Nélida Piñón y el recomendado de hoy, Lygia Bojunga Nunes, todos ellos preocupados por desplegar una literatura nacional. 

La literatura de Bojunga, enmarcada en la literatura infantil y juvenil, se caracteriza por tratar temas relativos a la cultura y preocupaciones de su país, temas como la crianza, la familia, la infancia, la importancia de la historia en la enseñanza y en la formación del sujeto, entre otros, son su sello personal. 

Para el caso de Mi amigo el pintor, publicada en 1986, nos narra una historia escrita en formato de diario, desde la voz de Claudio, un niño que tiene una relación de amistad con su vecino El pintor, un artista que expresa sus sentimientos a través de los colores. Dicha percepción también se va configurando en Claudio a medida que va comprendiendo esta mirada del mundo a través del arte, para él: el amarillo es alegría, el blanco es el vacío, el rojo algo que se trata de entender, algo complicado como la muerte. 

El texto evidencia de manera sutil las discusiones sobre lo que significa la infancia en un país latinoamericano, lo que es ser niño en una sociedad donde aún, tanto ellos como los adolescentes tienen poca participación y supuestamente, no tienen capacidad para comprender temas como el trabajo, la muerte, las enfermedades mentales, la política, la historia, entre otros, que, sin lugar a duda, tocan constantemente las puertas de su realidad: “Si un tío cae preso porque mató o robó, la gente de mi edad llega a comprenderlo siempre; ¿por qué, pues, si dicen «él es un preso político», la gente de mi edad nunca entiende bien lo que eso quiere decir? ¿Por qué?” (Bojunga, 2004) 

Claudio, a raíz de la relación con su amigo el pintor, debe enfrentarse dichos ámbitos de la vida, además de pasar por sentimientos de ira, de tristeza, de vacío, de alegría, ámbitos y sentimientos que los adultos hablan en susurros creyendo que de esta manera protegen a los más jóvenes para que no los enfrenten, negando la posibilidad de resolverlos y entenderlos a partir de establecer espacios de conversación con ellos. 

La historia nos ubica en este contraste de percepciones de la muerte en la infancia y en la adultez, de la crudeza de algunos discursos religiosos sobre la muerte, de los sueños como formas de recuerdos y encuentros con otros, pero también como ese mundo onírico al que recurrimos para buscar respuestas de manera inconsciente, como recurso humano para sanar. Así nos narra Claudio uno de sus sueños luego de la muerte de su amigo el pintor, donde se debe enfrentar a un público para explicar su vida y su muerte: 

Distinguido público, atención: os voy a contar la historia de ese fantasma. Es una historia corta porque él es un fantasma recién muerto. Se convirtió en fantasma porque equivocó el momento de su muerte. Nunca había pensado que eso pudiese suceder. Pero sucedió. Él debía morir sólo cuando fuese viejísimo, pero era un artista, era un pintor (mirad el pincel en su mano), tenía la manía de vivir pensando en colores. Se despertaba, y en vez de decir, como todo el mundo, estoy triste, estoy contento, se expresaba así: Hoy estoy morado. ¡Hoy me he puesto tan amarillo! Hoy desperté medio morado, pero me fui amarilleando hacia el atardecer. (Bojunga, 2004) 

Sin embargo, la historia también nos habla del amor, del valor de la amistad y de los aprendizajes que de ella se despliegan a pesar de la diferencia de edades, incluso nos invita a reflexionar sobre nuestra mirada y cómo entendemos el arte: 

Hoy estaba saliendo del baño cuando oí entrar al síndico (es el padre de la hija de esa señora que olvidó el pollo en el horno); a toda prisa corrí hacia mi cuarto y cerré la puerta. No era para que él no me viese desnudo, no; era porque, para ser sincero, no soporto al síndico. Una vez dijo que un pintor que pinta a una mujer amarilla lo hace porque no sabe pintar a una mujer como es. Esa clase de tíos que no pescan nada de arte, ¿no? (Bojunga, 2004) 

Esta no es más que una invitación a explorar la literatura brasileña, que, si bien se cuenta a través de un idioma que no comparte con los demás países latinoamericanos, no se aleja de las realidades que vivimos como seres humanos que habitamos el sur del continente. 

Titulo: Mi amigo el pintor

Autora: Lygia Bojunga

Editorial: Norma, 2004

Elizabeth Jaramillo P. 

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