Cuando Gabriel García Márquez publicó Cien años de soledad en 1967, comenzó a hablarse mucho de la importancia de este escritor, dada su trascendencia, y el lugar que ocupa dentro de la literatura universal. A pesar de su fama, en ocasiones las personas pierden de vista la dimensión que este escritor y sus obras han alcanzado, llegando incluso a plataformas transmedia variadas y diversas, que acercan a nuevos lectores y plantean otras perspectivas a los lectores antiguos. 

Es por eso que a continuación, mostraremos algunos recursos transmedia donde las obras de Gabriel García Márquez han tomado participación. 

Juego al Doce: Literatura y tecnología 

Es un juego didáctico de aventura con un carácter histórico y literario, el personaje es una versión libre del legendario gitano, Melquiades, de la obra literaria Cien años de soledad, quien recorre la recreación de Macondo venciendo algunos retos que le permiten acceder a la historia del territorio del doce de octubre, noroccidente de Medellín.

En su recorrido tendrá la posibilidad de interactuar con elementos análogos como un juego de Cartas (tarot de Pilar Ternera, personaje del libro) y un juego de mesa que permitirá explorar elementos literarios de la obra, además de interactuar con otras personas, entorno a la memoria local del territorio en donde se encuentre el jugador.

Imágenes tomadas del fanzine del juego

“Juego al Doce, Tecnología y literatura” se realizó con el grupo de amigos del Parque Biblioteca, como una forma de exploración y experimentación bibliotecaria; buscó a partir de la lúdica poner en dialogo la memoria local, la literatura y la tecnología, Tres elementos que han sido vitales para el Sistema de Bibliotecas Públicas Medellín, en búsqueda por alcanzar su propuesta de valor “Conectar territorios para el desarrollo de la ciudadanía”.

 Fragmento tomado del fanzine de metodología Juego al Doce

Imágenes tomadas del juego de mesa Juego al doce

Película: La langosta azul (1954)

Imagen tomada de: https://www.filmaffinity.com/

Esta es una película experimental surrealista cuyo guión y dirección contó con la participación de Gabriel García Márquez, en la que se narra cómo un agente secreto extranjero investiga la presencia de radioactividad en algunas langostas pescadas en un pueblo del caribe.

Este cortometraje se rodó sobre película reversible, sin ningún negativo, lo que dificultó enormemente durante años su presentación al público a causa del deterioro que sufría en cada proyección, hasta que en los años 90´s se pudo realizar un internegativo que permitió una nueva circulación del cortometraje y que nuevas generaciones de espectadores redescubrieran esta obra fílmica.

Cuento: “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”

Es un conocido cuento de Gabriel García Márquez, que narra cómo una madre le dice a su hijo que tiene la sensación de que “algo muy grave va a suceder en este pueblo”. Poco a poco el rumor se expande, la gente comienza a comprar comida hasta el punto de no dejar existencias, comienzan a observar señales que para ellos son apocalípticas, hasta que al final, todos terminan huyendo. Esta es una excelente manera de encontrar una analogía a las situaciones que se presentan cuando una mala información se esparce peor que un virus entre voz a voz, hasta el punto de generar el caos.

A continuación, te presentamos el cuento:

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

—No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

—Te apuesto un peso a que no la haces.

Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:

—Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o, en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:

—Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

—¿Y por qué es un tonto?

—Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Entonces le dice su madre:

—No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:

—Véndame una libra de carne —y en el momento que se la están cortando, agrega—: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:

—Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la vieja responde:

—Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.

Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:

—¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

—¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)

—Sin embargo —dice uno—, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

—Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.

—Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:

—Hay un pajarito en la plaza.

Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.

—Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

—Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

—Yo sí soy muy macho —grita uno—. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:

—Si este se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

—Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa —y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

—Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

César Augusto Pérez

Mediador de Cultura Digital

Parque Biblioteca Gabriel García Márquez, Doce de Octubre

0