Cuando leemos novelas no somos los que somos habitualmente, sino también los seres hechizos entre los cuales el novelista nos traslada. El traslado es una metamorfosis: el reducto asfixiante que es nuestra vida real se abre y salimos a ser otros, a vivir vicariamente experiencias que la ficción vuelve nuestras. Sueño lúcido, fantasía encarnada, la ficción nos completa, a nosotros, seres mutilados a quienes ha sido impuesta la atroz dicotomía de tener una sola vida y los apetitos y fantasías de desear mil.

La verdad de las mentiras, Mario Vargas Llosa

La novela El Lector, de Bernhard Schlink publicada en el año 1995 en Alemania, ha sido reconocida por una gran variedad de premios literarios tanto en su país de orígen como por fuera de él y ha sido traducida a más de treinta idiomas, ya que el autor introduce el tema del holocausto desde una perspectiva particular y poco habitual: el narrador no le apuesta al héroe, a sus aciertos y a sus victorias, por el contrario, introduce una serie de cuestionamientos morales que conducen a identificar al lector con el antiheroe, con el verdugo, con el criminal, a reconocerse y pensarse desde sus mismas incertidumbres. En otros casos literarios como Raskólnikov el personaje de Dostoyevski o Madame Bovary de Flaubert, se experimenta la misma sensación como lectores, darles sentido, razón y peso a sus acciones, el lector se sitúa de su lado y toma el hacha por el mago o el veneno en sus manos; para el caso de Hanna Schmitz y de Michael Berg, protagónicos de El lector, la situación no es lejana.

La novela representa una historia dentro de otra que inicia en el año 1958 en la posguerra, mientras se desarrolla la relación que surge entre Michael Berg, un joven estudiante de quince años con Hanna Schmitz, una mujer de treinta seis años que se emplea como revisora en el tranvía; paralelamente se introduce el reciente pasado alemán, el nazismo, el Tercer Reich, y de esta manera, se inician los primeros procesos judiciales para juzgar a los criminales de guerra. La novela representa un amor apasionado, de rituales eróticos mediados por la lectura literaria, en el escenario de la posguerra alemana: “Lectura, ducha, amor y luego holgazanear un poco en la cama: ese era entonces el ritual de nuestros encuentros.” (Schlink, p.45, 2000).

En la obra, además, se evidencian las tensiones morales por las que atravieza uno de los personajes principales, ya que el tema que transverzaliza la narración es la ambivalencia de dichos juicios internos a los que se enfrenta Michael al reconocer en Hanna el primer amor de su vida y posteriormente, conocer su faceta como guardiana de los campos de concentración. El transcuro de toda la historia se debatirá entre tratar de comprender el pasado de la mujer que fue su primer amor o culparla por los crimenes que ha cometido:

Quería comprender y al mismo tiempo condenar el crimen de Hanna. Pero su crimen era demasiado terrible. Cuando intentaba comprenderlo, tenía la sensación de no estar condenándolo como se merecía. Cuando lo condenaba como se merecía, no quedaba espacio para la comprensión. Pero al mismo tiempo quería comprender a Hanna; no comprenderla significaba volver a traicionarla. No conseguí resolver el dilema. Quería tener sitio en mi interior para ambas cosas: la comprensión y la condena. Pero las dos cosas al mismo tiempo no podían ser” (Schlink, 2000, p.148)

A la par el autor logra, a partir de los recursos narrativos y esteticos que emplea, que esta serie de dicotomías morales cuestionen los propios juicios del lector que se acerca a la historia, que lo ubiquen en retospectiva y de esta manera, se identifique y se involucre con el relato, el autor nos ubica ante el cuestionamiento de si se puede amar y desear una persona en su totalidad, con su pasado, sus defectos, errores y bondades.

Titulo: El lector

Autor: Bernhard Schlink

Editorial: EDITORIAL ANAGRAMA, Barcelona, 2000

Elizabeth Jaramillo P.

Club de lectura Caos de estrellas 

Parque Biblioteca Gabriel García Márquez, Doce de Octubre

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