“No era mi día. Ni mi semana, ni mi mes, ni mi año. Ni mi vida. ¡Maldita sea!”.

Charles Bukowski

Hablar de Heinrich Karl Bukowski, como versa su original nombre de pila, alemán, o de Henry Charles Bukowski, si queremos saltar de un continente a otro; siempre generará profundas pasiones o irreconciliables resquemores. Bukowski fue un hombre de altos contrastes, podríamos decir, decidió dedicarse a la escritura de manera formal y permanente cuando tenía casi 50 años, a lo largo de su vida anduvo de trabajo en trabajo, desempeñando casi todo tipo de oficios, pero con una latente obsesión y necesidad de escribir que nunca le abandonó. La escritura implicó para él una suerte de ancla o polo a tierra que evitó la inmersión absoluta en el mundo denso del alcoholismo, los bares y los prostíbulos, gracias a la escritura pudo entrar y salir de esos universos sin que el ejercicio de creación cesara.

La escritura de Bukowski destila un tufillo a alcohol y cenicero rebosante, nos deja adentrarnos en el mundo poco ortodoxo de la noche, con sus riñas, callejones oscuros y sus profundas tristezas, los personajes presentes en sus obras retratan el desencanto de una sociedad americana que jamás alcanzó el publicitado sueño, si no que viven la realidad cruda de una pesadilla permanente en la que el fracaso es ley.

Para acercarse a su obra es necesario comprender este contexto y aproximarse sin prejuicios, con la sabia curiosidad de quien espera encontrar una flor en el fango.

Recomendada, para iniciar la exploración de su universo, la lectura de “Escritos de un viejo indecente”, libro de cuentos que recoge que deambulan entre la realidad y la ficción, pues Bukowski, sobre todo, fue experto en mezclar lo autobiográfico, con lo fabulado.

Libro: Escritor de un viejo indecente

Autor: Charles Bukowski

Editorial Anagrama, 2006.

Diana Carolina Paniagua Ramírez
Gestora de Fomento de Lectura y Escritura
P.B. Doce de Octubre

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