La Obra “Comuna seis: Relatos que se hacen imagen es producto del trabajo desarrollado desde el mes de febrero de 2016 con mujeres habitantes de la comuna seis, en el marco del proyecto “Violencia urbana y memoria: un estudio comparado entre cinco ciudades 1980 – 2012”

Los cuadros son creaciones individuales y colectivas que plasman los significados de diferentes hechos de violencia y resistencia  de este territorio.

Son memoria hecha imagen. Imágenes de hechos significativos que han marcado la historia individual y colectiva de quienes habitan la comuna.

Nuestras memorias, nuestra historia

El barrio es y ha sido el lugar propicio para el encuentro. Son sus calles, esquinas y escalas testigos de los procesos sociales, la movilización política y los procesos violentos.

El barrio son sus personajes y cotidianidades, esos personajes que habitan y lo recorren en el día a día y sus voces que gritan … Arreglo la olla, la pitadoraaaaaa”; “mazamorra”; “tierra de capote”, cada uno con una entonación particular que podríamos imaginar y traer a nuestras mentes.

La cuadra es el punto de socialización, el lugar de las comitivas, hechas con papas grasosas, salchichón y tajadas de maduro, es el lugar de los juegos populares, yeimi, stop, bote tarro, golosa, pisingaña.

Hoy la memoria del barrio sale,  grita que «El olvidador nunca logra su objetivo, que es encerrar el pasado (cual si se tratara de desechos nucleares) en un espacio inviolable. El pasado siempre encuentra un modo de abrir la tapa del cofre y asomar su rostro» Mario Benedetti

Autoras: Luz Marina Pineda, María Mercedes Marín, Natalia Marín

Triste anochecer

Relata el asesinato de su sobrino en el año de 1993: Era una noche de agosto cuando el joven se desplazó desde el Barrio Villa Flora hasta el 12 de Octubre con el objetivo de cambiar sus zapatos que no le combinaban con la pinta. Eran aproximadamente las 8:30 de la noche, cuando él venía oyendo su música con los audífonos. En un desechito se encontraba el hombre que lo estaba esperando y le disparó.

–          ¿Mami como venía vestido el niño? Me parece que fue el niño.

–          Doña Nury, doña Nury es su hijito, lo mataron

–          No ese no es.

Cuando bajó ya la ambulancia lo estaba recogiendo. Lo mataron entrando a la casa, desde eso se vendió la casa donde vivían.

Autora: Ana Isabel Toro

Construimos el barrio a convites

El barrio El Progreso fue construido a punta de convites. La escuela de El Triunfo, el Kínder, las casas, las vías.

La escuela El Triunfo, que luego apodaron La Ratonera comenzó con dos mujeres líderes: Falconery Torres y Rocío Carmona. Ellas la levantaron en guadua en 1984, cuando esto era una invasión, puros ranchos. Después se hizo de bahareque a convites, y luego el municipio nos mandó profesoras: la señorita Miriam Miranda, era una de las primeras, otra era Ángela, otra muy querida, María Elena, y Dianita, que ahora trabaja en la personería.

El padre Hernán Umaña fue el fundador de todos los Colmenas en Colombia. Lo que quedaba de las ganancias lo invertían en mejorar las invasiones, en formación para la gente, a través de La Fundación Social. Francisco Molina era el director de La Fundación Social, que llegó al barrio a mediados de los 80. A través de Corvide, y luego el Primed, conseguía los subsidios para hacer mejoras a los ranchos, pero ahí también las viviendas se hacían a convites. Por ejemplo, en una cuadra, las diez familias le hacían un fin de semana a una casa, el próximo fin de semana le hacían a otra casa, y así se comenzó a formar el barrio El Triunfo, hasta que quedó sin un solo rancho.

Al colegio El Triunfo, cuando era una escuelita de bahareque también le metió mano La Fundación Social con todos los materiales e ingenieros, y nosotros trabajábamos a convites, volteábamos la tierra, cargábamos materiales porque no entraban las volquetas. A través de una cooperativa que se llamaba Mirador del 12, conseguíamos la carne, con unas compañeras de El Triunfo nos conseguíamos hasta dos bultos de revuelto, y hacíamos almuerzo para  un convite de 300 personas cada ocho días para construir el colegio, y quedaba con que llenar 8 cajitas de mercado que repartíamos entre las familias más pobres.

Solamente no fue a convites la Escuela Integrada Santa Teresa, que construyó la Alcaldía después de una manifestación que se le hizo a Omar Flores en 1988, y el Colegio Progresar, que fue una promesa del alcalde Luis Alfredo Ramos a los líderes de la Junta de Acción Comunal en 1990-1992. Nos dijo que si él ganaba nos prometía un colegio, y que ya se acababa tanta guerra y tanta mortandad, pero ese colegio se construyó sobre mucha sangre, cuando lo estaban haciendo venía mucha gente buena a pedir trabajo y ¡allá mismo la mataban! ¡Qué pesar!

Autoras: Ana Luzmila Martínez, Nohemy Jaramillo, Marta Domínguez, Sandra Holguín

Milicias y ratones, un recuerdo de la violencia

¡Los milicianos!, así se reconocían o eran llamados durante este periodo los actores armados que hacían presencia en el barrio El Triunfo. Se distinguían porque en su vestimenta como elemento  accesorio tenían la cachucha. Este elemento fue objeto de estigmatización e implicó que muchos jóvenes que nada tenían que ver con el conflicto cayeran muertos al cruzar fronteras que se iban estableciendo entre uno y otro actor. Los enfrentamientos fueron fundamentalmente en el periodo de los 80 y principios de los 90 con la banda de los ratones.

La gente que quedaba en medio de las confrontaciones buscaba lugares donde esconderse, cualquier piedra era un buen refugio a las balas cruzadas.

El cerro Picacho fue testigo de las muchas banderas Roja y negra que se instalaron allí por parte de los actores armados. Mientras las milicias estuvieron como único actor en el territorio hicieron procesos de limpieza social, de jóvenes consumidores y ladrones, además de repartir la leche y el quesito que era sacado de los carros repartidores, motivo por el cual muchos de ellos no volvieron a subir.

Se recuerdan los muertos en los buses que eran llevados hasta las guaduas para que no se creyeran que eran de la parte alta de la comuna. Quienes habitaban el mirador del doce y el triunfo no podían pasar para el doce de Octubre cuarta etapa, hoy conocido como el Progreso.

En la memoria aún permanecen intactos los recuerdos de los asesinatos cometidos por los ratones, en particular el de una mujer al interior de su casa que era del Triunfo por haber puesto una plaza y el constante cobro de vacunas a los transportadores del parqueadero del 254.

Autoras: Alix Sossa, Edila Herrera, Gladis Herrera, Natalia Marín

La marcha de los niños

“Yo enseñaba acá y tenía el Kínder Santa Teresa. Hicimos una marcha el día del niño del año 1991, entonces la banda de Frank dijo “hagan la marcha que nosotros les ponemos una orquesta para que todas las familias vengan a bailar”. La marcha la hicimos a la 1 de la tarde, y llegaba aquí al Kínder.

Los niños entraban, se les daba un sándwich de refrigerio, y llegó la orquesta que tocó hasta las 12 de la noche. Los muchachos de la Banda de Frank me pidieron que les guardara una jíquera, muy pesada, y ya como a las 10 de la noche la gente comenzó a irse para la casa, y cuando fuimos a ver qué era lo que había en la jíquera,  ¡había más de seis boquifríos ahí! Revólveres!! Si hubiera venido los soldados o la policía, además en esa época Teleantioquia estaba en todo su apogeo, y ya todo Medellín me había visto con esa jíquera.

Después de ver lo que había ahí, fue una noche muy amarga. Muy tarde volvieron los muchachos a pedirme que les entregara aquello. Ellos me tenían confianza, porque a pesar de todo, casi todos los de la banda de Frank habían sido alumnos míos en el Kínder en el segundo piso de mi casa”.

Autoras: Nohemy Jaramillo, Alix Sossa, Ana Luzmila Martínez

Eso fue duro, pero resistimos y sobrevivimos

Las Autodefensas Unidas de Colombia ingresaron al Progreso N° 2 por el barrio París (Bello) y por el cerro El Picacho, lugares de conectividad con el occidente (Urabá). Entró a operar entonces una ley: banda que no se les uniera sería exterminada mediante el asesinato o el desplazamiento. La banda de Frank se negó a adherirse a la estructura paramilitar por lo que se desataron las confrontaciones: primero en las tardes, luego en las noches y, al final, a cualquier hora del día.

Las autodefensas se tomaron el poder, mediante barridas se apoderaron del territorio. Acabaron, incluso, con una cooperativa que “los muchachos” montaron para generar ingresos. “Eran los que daban las órdenes”. Regulaban el tránsito y funcionamiento de buses, decidían desde dónde y a qué hora salía el transporte. Establecieron los horarios de circulación en calles y sitios públicos. También quisieron tomarse las organizaciones sociales pero éstas resistieron: sin excluir a ningún poblador del territorio, los líderes sociales hicieron que las reglas organizativas primaran sobre la fuerza.

En esta guerra fueron significativos algunos lugares. El paradero de los buses de Transmedellín era “el fogón”; un lugar para el cobro de vacunas. La iglesia Santa Teresa de Jesús sirvió de refugio para los pobladores en medio de las confrontaciones. Y las zonas verdes y El Picacho fueron utilizadas como “cementerios” donde tiraban los cuerpos sin vida.

Muchas personas perdieron la vida en esta guerra. Entre ellas se recuerda a Doris Botero, una de las lideresas de El Progreso N° 2.

Autoras: Edilma Higuita, Ruby Restrepo, Gloria Margoth Valle, María Lucila López Buitrago, Margarita Cardona, Alejandra Burbano.

Oscuridad de mi alma

Mi hijo de 21 me fue quitado. Cuando yo lo tuve en la pobreza que vivía, el papá del niño estaba en un cuento más triste todavía. Yo al papá del niño lo vi un domingo, y el lunes ya me fui a vivir con él. Faltaban quince días para que naciera el niño cuando a él lo mataron, y yo me quedé donde la suegra, que porque la vivienda de ella si era digna, al menos más digna que la mía. Pero para ella yo no podía estar con nadie más, no aceptaba que yo quisiera tener otra compañía, entonces me dijo que me fuera, y yo cogí mi muchacho y me vine, “al marginal” según dicen, porque la casita en la que yo vivía apenas la estábamos haciendo, poniéndole el piso, el baño.

A media noche llegaron, con totes y todo, le dispararon a mi mamá para llevarse al niño de ocho meses…  ¡de ocho meses! Yo al ver que le dieron un tiro a mi mamá solté el niño, la sangre es muy escandalosa, yo pensé que la habían matado, pero el tiro le pegó en una oreja. Se llevaron al niño y no supe más de él hasta que vino de nueve años, a vivir donde vive, pero ya nunca más vivió conmigo. Aguanté el desprecio de mi hijo, de ver que me dijera cosas, mala mamá, sin saber realmente lo que había pasado, y eso duele. Él dice que solo quiero a los otros dos hijos que tengo, y él no sabe que a él es al que más quiero, porque a los otros les pude dar todo lo que pude, y a él no. Me lo quitaron que porque la vida que yo le podía dar no era digna, pero a nadie tienen porqué quitarle un hijo. Sentí que perdí todo.

Autora: Sandra Holguín

El Picacho

El cerro El Picacho es un símbolo muy representativo en la ciudad y la comuna. Antes de la violencia era un sitio para el encuentro y el paseo de olla. Una vez se fue urbanizando cambió su aspecto. La gente sube allá en familia para el sano esparcimiento.

Autora: Emilce Guzmán Zapata

Mi barrio, Doce de Octubre tercera etapa

Antes de construir la iglesia había una casita de tabla y piso de tierra, y ahí se celebraba la misa. Luego se construyó la iglesia Santa Mariana de Jesús. Detrás de la iglesia había un lote donde construyeron el colegio Jesús María Valle. Cuando la violencia, mataban a las personas y la dejaban junto a la iglesia. A una muchacha la sacaron de la casa, la mataron y la dejaron ahí.

Autoras: Edilma Herrera, Gladys Herrera

Artemis

Artemis es una unidad productiva donde once mujeres nos reunimos a hacer productos de aseo en la sede de la Junta de Acción Comunal del barrio El Progreso

II. Nos reunimos todos los jueves a trabajar. Artemis se ha convertido en un grupo unido, donde mientras trabajamos compartimos nuestras historias, construimos solidaridad y resistimos. Es un grupo de amigas, donde cada una puede ser sin importar su condición y situación, es el lugar del Ser, para el amor, la tranquilidad y la esperanza. Ya llevamos cinco años.

Autoras: Edilma Higuita, Gloria Margoth Valle, Ruby Restrepo, Margarita Cardona, Ana Luzmila Martínez.
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