Lecturas de ciudad – La calle, la esquina, el barrio

La calle, la esquina, el barrio

Imagen recuperada de: autor.

Narración por: Santiago Toro.

“Un inmortal vuelve a libar,

acaba a la tierra de regresar”…

A, Franklin Morales Otálvaro

Anhelo con vehemencia volver a sentir la frescura de esas calles en que crecí, recuerdo cuando jugaba con la ‘gallada’ en las aceras, y cómo el olor fresco de la tierra húmeda acariciaba mi olfato; ese aroma a campo y libertad todavía hace estragos en mi alma. Cierro los ojos y siento tan vivos los colores que brindaba el sol en aquellas mañanas, cómo se encendía el índigo del cielo mientras por mi cabeza pasaban los pájaros con el zagas aleteo: por los aires van el azulejo, el cirirí, el colibrí; en su vuelo tranquilo, un poco más bajo, pasan por mi lado con su pureza de pétalos las mariposas en su suave danza multicolor. Cada casa tenía un árbol, todos ellos viejos amigos de más casa de antaño y mudos testigos de la historia familiar.

Todos los seres vivos teníamos que ver con cada uno de estos árboles ya que éramos sus huéspedes; habita vamos el mismo espacio, la misma tierra, y todos giramos en torno a sus sombras y a sus silencios cómplices. En la esquina de “La Cachucha” había un mango y un borrachero, en el frente de mi casa teníamos un pequeño carbonero (calliandría medellinensis, especie única en la ciudad y que está en vía de extinción) y, al otro lado de la calle; en la casa de Los Montoya, cuan larga y esbelta se encontraba una acacia roja; más  al centro de la cuadra había un naranjo y una palma.  En fin, cada casa recordará  un follaje, un aroma, un tesoro en la memoria para compartir  con los demás; aquellos árboles  fueron nuestros guardianes verdes y floridos. Su ausencia marcó el fin de aquellos caserones hechos con tapia y teja de barro.

Cordero, O. (2017). Los muertos dicen la verdad. En Belén si tiene quien le escriba. Medellín.

 

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