Una rayuela en contra del cielo [Recomendado literario]

Sobre Rayuela y los 55 años de su publicación. Lecciones sobre la manera de ver y mirar.

Yo no sé  en qué carajos estaba pensando Julio Florencio Cortázar cuando por allá en los años 60 decidió tirar para el cielo un montón de papeles y después recogerlos al azar. Escribir los números en un cuaderno viejo y decirnos, entonces, que ese era el orden, que así es la vida… Porque eso es Rayuela, una novela contra-novela, contra-corriente contra todo: una reunión de historias anacrónicas, anti-lineales; un collage de conversaciones, tabaco y muerte. Los puentes, la lluvia, los peces que vuelan y los hospitales. ¿París? ¿Montevideo? ¡Decínos por dónde empezar!

 

“Algo tan contradictorio que debía ser la verdad misma”

(Rayuela, Ed. Punto de Lectura, Página 59)

 

No señores. No tiene reglas: tal y como es la vida, así es esta novela… Esta historia, este relato o como lo quieran llamar no tiene reglas porque esa es su naturaleza: el lector las inventa y hace con ellas lo que le da la gana. Moldea los personajes a su antojo, e incluso se siente partícipe de su confusión.

 

Todos morimos un poco cuando nos besan. Todos morimos un poco cuando tomamos un avión de regreso a casa, cuando nos enamoramos de la mujer de nuestro mejor amigo, cuando se mueren nuestros hijos. Morimos y volvemos a nacer entre las páginas de este libro. Aunque queremos creer que no estamos locos. A veces despertamos con el Club de la Serpiente, después nos encontramos debajo de un puente con los pantalones en los tobillos.

 

¿Y qué pasó? ¿Qué fue lo que pasó? Le preguntamos, y él nos dice que tranquilos, que si nos perdemos sólo tenemos que volver al principio. Volver al tablero de números inventados que por allá en los años 60 dibujó en un cuaderno viejo cuando tiró los papeles al cielo.

 

“¿Qué busca? ¿Se busca? No se buscaría si ya se hubiera encontrado” (p. 642)

 

Dicen que existen varias formas para leerla. Julio propuso dos: en el orden corriente, hasta el capítulo 56, como las carreteras que van al sur. Y al llegar allí dice que podemos prescindir del resto sin remordimientos. ¡Sí, cómo no!

 

El segundo libro lo propone en un tablero de alteridades y altercados, para algunos, bastante sugerentes; para otros, toda una explosión.

 

Sin embargo, existe hasta una tercera y una cuarta ruta: leer todos los capítulos de principio a fin, como una rayuela de 154 peldaños. Sí, 154. El cielo no cuenta. No se les olvide.

“Se habían encontrado en pleno laberinto de calles, siempre acababan por encontrarse y se reían como locos, seguros de un poder que los enriquecía” (p. 52)

 

Julio quería llamarla Mandala –Habláme de los círculos y de los universos internos y externos– . Entonces, también, pudo haberla llamado Cajita China, ¿no? El asunto es que Mandala le pareció un nombre pretencioso. Optó por llamarla Rayuela aludiendo a ese juego infantil de los 9 peldaños en busca del cielo: la búsqueda de la plenitud.

 

“Una rayuela en la acera; tiza roja, tiza verde. CIEL. La vereda, allá en Burzaco, la piedrita tan amorosamente elegida, el breve empujón con la punta del zapato, despacio, despacio, aunque el Cielo esté cerca, toda la vida por delante” (p. 622)

 

Julio Florencio Cortázar nació en Bélgica el 26 de agosto de 1914. Y murió en París, en su eterna París, “París es gratis”, el 12 de febrero de 1984. 69 años de vida dedicado a las letras, a las palabras guturales. A los gatos y al Jazz. Con sus manos gigantes abrazó el mundo y nos dijo que “no”. Que las cosas no eran como siempre nos habían dicho. Que había otros cielos y otros suelos. Otras formas de hacer literatura. Otras formas de leer. Su Rayuela, su bendita Marelle a contraviento y a contratiempo. 62 pasos. Un nuevo modelo para armar… y para amar.

 

“No aprendas datos idiotas – le aconsejaba- por qué te vas a poner anteojos si no los necesitas” (p. 45)

 

Y es que Rayuela propone tres finales: uno “diciéndose que al fin y al cabo algún encuentro había, aunque no pudiera durar más que ese instante terriblemente dulce en que lo mejor sin lugar a dudas hubiera sido inclinarse hacia fuera y dejarse ir, paf se acabó” (p. 462).

 

“Un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas” (p. 15)

 

Paf. Pum. Paz. Así como un relámpago. Como terminan las películas cuando se va la luz o como nos asustamos porque vamos rumbo al abismo y sentimos cerca el final. ¿intempestivo? Ah, ah. En el segundo final propuesto por Julio Florencio “Traveler no le contestó nada y miró a Ovejero que entraba y se inclinaba para tomar el pulso de la histeria matensis yugulata” (p. 659)

 

¿Se fue al cielo? ¿Borrará el tiempo y el viento su recuerdo como los mares borran la memoria ancestral? Es increíble que pueda haber tanta agua salada en este mundo de locos. “No nos vamos a quedar todo el día en este banco. – Esperá que termine el pitillo” (p. 728).

 

Julio se esforzó por traducir con palabras del mundo de fuera todo lo que había vivido en las horas de tiniebla. Todo lo que llevaba dentro. Sus reflejos y tabacos. Los peces que vuelan y que nadan por los puentes de París. Las callecitas empedradas y empinadas que pueden ser de aquí o de allá. Rocamadour y su afección pulmonar. Las paredes blancas de un hospital mental. Todo lo que llevamos dentro. Tú, aquí. Yo, allá.

“Nada me extrañaría que vos y yo fuéramos el mismo, uno de cada lado” (p. 457)

 

De Rayuela me quedó un cuento. La desmemoria y parte de mi historia. Por eso hoy, en esta inusitada invitación para dejarse llevar por la Rayuela como por un tobogán sin fondo, quiero regalarles un cuento. De Juanita no hemos hablado, pero no hace falta. Vos también, seguro ,tenés la tuya. Hoy hablaremos de la mía, esa que vio la luz por allá en el año 2007 y ya cumplió 10 años.

 

Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está orientado a hacia la nostalgia” (p. 492)

 

Nostalgia de nosotros mismos, de perdernos como en un jardín de senderos que se bifurcan. De asesinar a Julio de un cuchillazo. Nostalgia de que Oliveira salte de estas páginas y nos tome del cuello y nos deje sin aire. Que nos quite el sueño. Nostalgia de vernos de pequeños. De encontrar el cielo en una piedra y en la puntica de un zapato.

 

El asunto es que la he mantenido tan a oscuras. A ella a Juanita. Volvé al principio si te perdés. A veces la leo. La comparto entre los amigos. Otras veces la dibujo, intento recrearla. Los que me conocen, algunos más que otros, de cariño me dicen “Juanita”. Y me gusta esa rareza de los piropos y las canciones y tu misterio y tu invención.

“Lo absoluto – decía la Maga, pateando una piedrita de charco en charco – ¿Qué es lo absoluto Horacio?

– Mirá- dijo Oliveira-, viene a ser ese momento en que algo logra su máxima profundidad, su máximo alcance, su máximo sentido, y deja por completo de ser interesante.”

(Rayuela, Ed. Punto de Lectura, Página 61)

El capítulo preferido: El siete. El 7 en la voz de Julio.

¿Qué ruta le quieres dar a tu lectura? Mientras decides, puedes encontrar este libro en las bibliotecas públicas de Medellín:

Título: Rayuela

Autor: Julio Cortázar

ISBN: 9789587044768

Clasificación Dewey: A863 C827ra6

¿Quién te invita a leer esta obra?

Valentina Bustamante Cruz.

Nació en Medellín en 1987. Se graduó en Comunicación Social de la Universidad Pontificia Bolivariana. Ha publicado textos en la Revista Cuadernícolas. Promotora del proyecto Ciudad Parlante. Editora de la Revista Grotexco. Hoy hace parte del equipo de trabajo de la Biblioteca Pública Piloto.