¿Una emisora de bibliotecas?

¿Una emisora de bibliotecas?

Un momento, por favor, no entiendo.

¿Acaso las bibliotecas no son ese lugar donde los libros recogen polvo y oxidan sus hojas? ¿no es ese lugar como un asilo para los libros donde gobierna la dictadura de un silencio más profundo que el del cementerio? Un silencio tan intenso que ni los muertos lo soportan, pues los he visto dejar la paz del más allá para hablarnos de épocas olvidadas y lugares lejanos, sus voces perdidas en el presente no son más que recuerdos de fantasmas.

¿No es la biblioteca el lugar donde al producir un mínimo susurro te llueven las miradas inquisidoras de lectores jubilados que se han fugado por unas horas de sus casas?

¿Bibliotecas con una emisora?

Un momento, por favor, no entiendo.

¿La radio no es aquel cadáver que dejó agonizante la televisión y enterró el internet? ¿No es el medio extinto que con sus últimos alientos de moribundo exhala raquíticas narraciones de fútbol y propaga música gangosa en diciembre para todos los vecinos de la cuadra? ¿no es la radio el aparato que los incultos recogieron para propagar sus ruidos ensordecedores? ¿no es la radio el altavoz de los profetas apocalípticos, la plaza donde los culebreros ponen a la venta sus brebajes milagrosos, el tocadiscos del himno nacional?

¿Y ahora resulta que las bibliotecas vienen a hablar y a escuchar, y que las bibliotecas tienen radio, y que la radio esta más viva que nunca y que las bibliotecas te piden que no te calles, que te expreses, que hables, converses, rías, cantes, que se sienta la respiración fuerte y cálida de una ciudad palpitante?

¡Un momento! ya, si, ya entiendo.

Una biblioteca callada y pasiva no se ajusta a una ciudad parlante, y una ciudad parlante no debe olvidar que el ruido también censura, la bulla también acalla las voces, no debe olvidar que la confusión es otra forma de romper el dialogo de sus habitantes.

Entonces esa vieja biblioteca nos regala el silencio que es otra cosa, otra substancia. El silencio le da sentido al caos, a las palabras, a la música, al ritmo, al
pensamiento. Si, el silencio también tiene un lugar en la radio y la radio tiene un lugar en las bibliotecas y las bibliotecas caminan buscando su lugar en la ciudad.

Porque las bibliotecas no son edificios, no se construyen con andamios, las bibliotecas no son bodegas para los libros ¡Qué confundido estaba! Las bibliotecas son semillas que se entierran y van surgiendo lentamente. Las bibliotecas son animales grandes, más grandes que una ballena, y caminan lentamente a paso de elefante hasta encontrar el lugar que las reclame. Las bibliotecas son las nuevas plazas públicas, son el lugar para el intercambio, para el debate, inclusive, para el negocio de las mas valiosas mercancías que son las ideas, el conocimiento, las imaginación, el lenguaje, los saberes, las experiencias, las emociones, las historias, la gente… si, las bibliotecas existen para la gente. Las bibliotecas guardan más riqueza que un banco y su valor no oscila en las bolsas de mercados extranjeros, nunca cae, no les afecta el dow jones. Las puertas de sus bóvedas siempre están abiertas y de esta manera sus tesoros están mas seguros. Las biblioteca son el parche, son el parque de diversiones, son el lugar de encuentro y de desencuentros, las biblioteca son laberintos y llanuras, las bibliotecas son circos y templos, son laboratorios del futuro, son la llave del pasado, son la casa de los ratones, son los hombros de gigantes. Las bibliotecas, a partir de hoy, también son ondas de esta ciudad parlante.