Un día de azules secretos llegará – Porfirio Barba Jacob [Recomendado Literario]

Porfirio Barba Jacob, Maín Jiménez, Ricardo Arenales son algunos de los seudónimos  usados por Miguel ángel Osorio Benítez a lo largo de su vida. Nació el 29 de julio de 1883 en Santa Rosa de Osos y falleció en la Ciudad de México en 1942 en un pequeño departamento al que se había mudado hacía muy poco, dejando atrás el Hotel Sevilla que habitó por años. La tuberculosis que padecía fue menguando la velocidad de su vida, su ritmo furioso, el humo de sus noches, la poesía, la política, los reportajes, la vida.

Soñó con publicar por cerca de 30 años su obra poética en un único libro que reuniera la obra dispersa en revistas y periódicos. El corazón iluminado, Guirnaldas de la noche, La vida profunda, Antorchas contra el viento, son algunos de los nombres con los que quiso titular la obra. Cinco prólogos escribió durante once años  para ese libro de poemas, sin embargo inconforme con los resultados, consigo mismo y con la obra siempre evitó publicarla (Vallejo, 2006). Tres recopilaciones fueron hechas en vida del poeta: Rosas negras en Guatemala entre 1932-1933, Canciones y elegías en México entre 1932-1933, y La canción de la vida profunda y otros poemas en Colombia en 1947. Ninguna fue hecha con autorización expresa del autor, pues él se rehusaba a “asesinarlas y sepultarlas dentro de un libro”, así lo expresó en el prólogo de la publicación que estuvo a cargo de Rafael Arévalo Martínez, en Guatemala, y añade, además:

Hay muchos libros de poetas y muy pocos grandes poetas, decía yo. Y esperaba. Y trabajaba… ¡Un día llegará en que las palabras me enseñen sus azules secretos! ¡Entonces pondré en formas mejores la emoción y el ensueño que provisionalmente dejo en éstas! (Barba Jacob, 1920).

A su amigo Juan Bautista Meza, quien editó  el libro publicado en Colombia, en 1947 le manifestó en varias cartas que las dos publicaciones que circulaban le causaban gran horror, la amistad no impidió que a éste también le hiciera reproche por las variaciones que había en los poemas, las correcciones y constantes modificaciones que fueron  hechas y con las cuales no estaba de acuerdo. Barba Jacob revisaba continuamente su obra, cambiaba los títulos, las dedicatorias, la puntuación, agregaba o suprimía versos, transformaba continuamente los poemas en otros y los volvía a transformar. Las versiones se encuentran en la obra publicada en diferentes países, se conservan hoy en bibliotecas, centros documentales, y permiten reconstruir las fases y largas jornadas de trabajo, que hacía el autor en medio de penurias, holganza, licor, aislamiento (Vallejo, 2006).

Barba Jacob no llegó al reconocimiento pleno de su obra en vida, mucho menos en Colombia; alcanzó cierta visibilidad entre 1927 y 1930, época en la cual regreso al país, dueño de un “prestigio fantasmal como hombre y como poeta” (Posada, 1957). Es en Barranquilla en donde inicia su vida literaria con la publicación del poema Campaña florida bajo el nombre de Ricardo Arenales, deja Colombia y parte vía Puerto Rico hacia México. En Cuba en 1915 a los treinta y dos años escribe la Canción de la vida profunda, Elegía de septiembre y Un hombre. A partir de allí su vida y obra estuvo repartida entre Colombia, México, Guatemala, Puerto Rico, Cuba, Estados Unidos, Honduras y  El Salvador, en un largo recorrido nostálgico y doloroso a veces, y desaforado y ruidoso, en otras.

La obra poética está compuesta por setenta y cinco poemas, escritos entre 1906 y 1939. La época más fecunda se sitúa entre los años de 1915 y 1920. En su obra se resaltan  los Poemas intemporales, las doce o quince o más Antorchas contra el viento que el poeta consideraba obras maestras, y que lo son como: La estrella de la tarde, Canción de la vida profunda, Elegía de septiembre, Un hombre, Los desposados de la muerte, El son del viento, Canción de la soledad, Balada de la loca alegría, La reina, Futuro, entre otras, (Posada, 1957).

Ganó también prestigio por su obra periodística, reportajes, crítica literaria y editoriales que  enriquecen los compendios y antologías que se hacen hoy. Es indudablemente uno de los mejores poetas hispanoamericanos y por eso hace parte de nuestros recomendados literarios hoy.  Como no hay mejor forma de conocer a un escritor que por su obra, queda hecha la invitación para adentrarse en la  canción de la vida profunda;  un poema con fuerza, que describe la dinámica del ser humano, la nostalgia, el trasegar y el cansancio, pero la esperanza y la alegría también. Lleva al lector en un recorrido por los diferentes estados de ánimo del ser humano, un canto a la vida y a la muerte. Días móviles, fértiles, placidos, días claros, floridos, abiertos, pero también sórdidos, oscuros, lúbricos, días humanos, días estancados en el sentimiento y sufrimiento humano.

Canción de la Vida Profunda

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar…
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría…
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar…

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión;
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal;
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos…
-¡niñez en el crepúsculo! ¡lagunas de zafir!-
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
¡y hasta las propias penas! nos hacen sonreír…

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar:
el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar:
el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.

Mas hay también ¡oh Tierra! un día… un día… un día
en que levamos anclas para jamás volver;
un día en que discurren vientos ineluctables…
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!

Eliana Maldonado Cano

Poeta, Gestora coordinadora del Parque Biblioteca Fernando Botero-San Cristóbal, estudiante de Doctorado en literatura en la Universidad de Antioquia. Poemas suyos aparecen en antologías, como Ellas escriben en Medellín, Hombre Nuevo editores 2007 y Poesía Colombiana del Siglo XX escrita por Mujeres, Apidama editores, 2014. Libros de poesía publicados: Bajo la Piel, 2007, Lunas de Sombra, 2010, Hacía el Pacífico, 2015 y Cartografía de la lluvia, en El Salvador en el 2016. Poemas suyos han sido traducidos al inglés y al portugués.

Bibliografía de consultada

Barba Jacob, P. (2006). Prologo Fernando Vallejo. En Poesía completa. Fondo de Cultura Económica. México.

Barba Jacob, P. (1944). Antorchas contra el viento (Editorial Minerva). Colombia.

Foffani, E. (1997). Las máscaras del poeta. Orbis Tertius, 5, 117–127.

Posada, G. (1970). Dos temas de un poeta maldito: La vida y el amor en la poesía de Porfirio Barba Jacob. Thesaurus, XXV, 215–250.