Roberto Juarroz: rayo y espejo [Recomendado Literario]

“Corto los hilos

de la mirada con que te miro

y empiezo a tejer con ellos

la pasión de mirarte

allí donde no estás.

Por eso, algunas veces,

te veo más en tu ausencia que en ti.”

Roberto Juarroz

Si queremos mirarnos en el más franco de los espejos, ese espejo podría ser la poesía de Roberto Juarroz. En ella miraríamos, y más que mirar, contemplaríamos todas nuestras preguntas ante la vida y sus formas de manifestarse, nuestros vacíos y sus rellenos impuestos por nosotros, nuestras evasiones y, de forma aún más contundente y aguda, nuestras confrontaciones.

Cómo somos en nuestra forma más desnuda, cómo son los contornos de nuestra alma y de nuestro ser, se descubren por Juarroz en lo que parece un juego magistral de palabras –como de mago experto- y con una sabiduría honda, que va más allá de la sensación y la emoción para elevarnos a contemplar las raíces y los sentidos –o sinsentidos– de nuestras propias maneras de ser.

«…Tú seguirás allí desnuda como tú

y yo seguiré aquí desnudo como yo…»

 

No es gratuito o casual que la poesía de Roberto Juarroz esté reunida en un universo que él mismo ha decidido llamar “Poesía vertical”. Para explicar esto o para responderlo, se han hecho varias indagaciones y aseveraciones documentadas.

Sin embargo, para un lector desprevenido, sin demasiada expectativa, pero dispuesto a “dejarse desnudar y tocar” por lo que lee, la poesía de Juarroz tiene el mismo efecto que el del rayo: un rayo de sol que ilumina lo oscuro en nosotros, o un rayo implacable de tormenta, que desvela, aturde, sacude y atraviesa toda la profundidad de nuestro ser.

Las infinitas preguntas de nuestra alma son traducidas con sus palabras. Lo que aún no hemos podido responder aparece sin respuesta, pero más claro ante la mirada de este gran observador y ante la nuestra.

Con cada uno de sus poemas nos enseña, como un maestro que hace sentir afortunados a sus alumnos sin proponérselo, a observarnos a nosotros mismos; a observarlo todo.

Entre toda esta experiencia de encontrarse con estas palabras, también está la de crear. Después de desnudarnos, de mostrarnos realmente quiénes somos ante nuestras paradojas, preguntas, búsquedas y huidas, estos poemas nos invitan a reinventarnos a la luz de esos cuestionamientos, que si bien no tienen respuesta inmediata, sí trazan una ruta de búsqueda que puede ser tranquila y sosegada, a la luz de lo que uno mismo es y de lo que se descubre siendo.

Y esto es lo bello de la experiencia de esta lectura: descubrirse siendo y conversando consigo mismo, como invitándose a sí mismo a tomar un café en la sala de una casa deseada e imaginada, y luego, invitándose a sí mismo a hacer un viaje afuera, que no es otro que un viaje, o varios, a los más profundos adentros propios, con la lámpara encendida a la luz de la pregunta, de la paradoja, de la polaridad que también somos y que no se reconcilia a la fuerza, sino a punta de agudizar la observación de eso que somos y de lo que el mundo, en correspondencia o no, nos parece que es y nos ha obligado a ser.

Y en esa medida, somos creadores, podemos serlo, de ese mundo que nos aguarda cada día al levantarnos de la cama, trazado por esos sueños de la noche, por esos rostros ausentes que un día fueron presencia, o que ahora son otro tipo de presencia, y también por los que aún deciden permanecer, o los que llegan en diversos momentos a dejar en nosotros otras formas de ser, a enseñar otra mirada y otro sentido más. “Imaginar una lámpara, hasta encenderla”, en sus palabras.

Para cerrar, o más bien, para abrir esta invitación, quiero dejar, querido lector, este poema tocando a una de tus tantas puertas. En él, Juarroz se propone encontrar una palabra que más que rondarnos, nos habite y sea la palabra compañera de búsquedas, hallazgos, azares, viajes, vida, ser.

Como lectora creo firmemente que ya lo ha logrado, que ya la ha encontrado para cada uno de nosotros. Mi invitación es a que te dejes encontrar por esa palabra, te permitas ser tocado por ella y dejes que esa palabra te desnude hasta otorgarte el asombro de descubrirte a ti mismo tal cual eres, y emprender otros caminos tomado de tu propia mano.

Algún día encontraré una palabra…

Algún día encontraré una palabra

que penetre en tu vientre y lo fecunde,

que se pare en tu seno

como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

 

Hallaré una palabra

que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,

que contenga tu cuerpo

y abra tus ojos como un dios sin nubes

y te use tu saliva

y te doble las piernas.

Tú tal vez no la escuches

o tal vez no la comprendas.

No será necesario.

 

Irá por tu interior como una rueda

recorriéndote al fin de punta a punta,

mujer mía y no mía

y no se detendrá ni cuando mueras.

No te quedes sin leerlo, encuentra este libro en tus bibliotecas públicas:

¿Quién te invita a descubrir tu palabra y a leer a este autor?

Ana Carolina Montoya M.

Exploradora de “todos los universos posibles e imposibles” y de sí misma a través de las palabras y de las múltiples formas de leer. Actualmente labora como promotora de lectura de la Biblioteca Pública Piloto y a la vida le agradece haber tenido la oportunidad vivir experiencias gratas con su amor por la literatura y la lectura como pretexto en varias ciudades, instituciones, con muchas personas, haciendo amigos y conociendo maestros en todo sentido. Se considera privilegiada por ello. Además, para ella es una gran suerte que le haya tocado tener como hijo a Juan Miguel, un grato compañero de viaje.