Los Ríos Profundos, un viaje poético por la sierra peruana y el mundo indígena

Por Eliana Maldonado Cano

Coordinadora del Parque Biblioteca Presbítero José Luis Arroyave –San Javier-

José María Arguedas nace el 18 de enero de 1911 en Andahuaylas, una región del sur peruano, que hace parte de la región denominada Espacio regional Ayacuchano, considerada una de las zonas más pobres del Perú, y escenario de una de las guerras internas más cruentas en la historia peruana, que terminó siendo cuna  del  Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho en 1966. Arguedas, pierde desde temprana edad a su madre y es criado por las mujeres indígenas  en las haciendas en las que vive con una madrastra que lo rechaza, un hermano problemático y su padre que viaja constantemente.

a sierra hacer parte vital del universo narrativo arguediano, dotando de una amplia intensidad memorial a sus páginas, como puede verse en los Ríos profundos (Rovira, 2000-2001)[1]. La novela narra el proceso de maduración de Ernesto, que es también el proceso de puja y cambio del pueblo. Inicia el relato en el Cuzco. Ernesto, que no es más que un chico de 14 años, viaja de la mano de su padre  por la sierra peruana, el Apurímac, el Cuzco, Ayacucho. El joven lleno de sueños, sobresaltado y excitado por todo, el padre en busca de trabajo y mayor bienestar para su hijo.

La  belleza con la que describe Ernesto las piedras del muro incaico en el Cuzco abruma. La magia y la sobriedad de sus descripciones hacen que el lector se transporte en el tiempo y el espacio, hasta un Perú desconocido por nosotros:

“ Toqué las piedras con mis manos; seguí la línea ondulante, imprevisible como la de los ríos,  en que se juntan los bloques de roca. En la calle oscura, el silencio, el muro parecía vivo; sobre la palma de mis manos llameaba la juntura de las piedras, que había tocado.”

Puede el lector extender la mano y sentir la roca que han puesto cientos de hombres mágicos, hombres serpiente, hombres tierra.

“Era estático el muro, pero hervía  por todas  sus líneas y la superficie era cambiante, como la de  los ríos en verano”

En Abancay Ernesto es dejado en un colegio religioso como interno  y su padre parte a buscar otros rumbos, otros lugares que le permitan ejercer y ganar algún dinero. Ernesto convive con alumnos de muchos sitios del Perú y allí la riqueza, la pluralidad, las palabras y canciones en quechua no se hacen esperar. Pero no solo es la historia de un adolescente medio indígena, medio occidental en el internado, es la historia del pueblo que sufre, que tiene hambre, la contraposición de dos mundos muy diferentes, el occidental, con una visión colonizadora, en puja por el desarrollo económico sin importar el coste y  el indígena, sumido en la pobreza, en los cantos y danzas, tratando de permanecer. La gran tragedia que sufre el pueblo indígena y en especial las  mujeres:

“Las mujeres guardaron silencio; y poco a poco el silencio se extendió a toda la plaza. Podía escucharse el caer del sol sobre el cuerpo de las mujeres, sobre las hojas destrozadas de los lirios del parque”.

Estas luchas que se describen a lo largo de la historia, la diferencia de clases, de imaginarios hacen que Ernesto tenga que encontrar un camino y una opción  de vida. Que se interrogue, que salga a caminar y critique, que crezca, que invoque, que cante y llame al padre, en qechua, en castellano, en todas las lenguas, en un pueblo andino, solitario.

Este es el libro perfecto para acercarse al mundo andino, un mundo lleno de poesía, de riqueza, en palabras claras transparentes, como el canto del Zumbayllu , un juguete que aún debe girar en la mente del ultimo lector, cantando algo que solo él sabe.

“Encordelé mi hermoso zumbayllu y lo hice bailar. El trompo dio un salto armonioso, bajó casi lentamente, cantando por todos sus ojos. Una gran felicidad, fresca y pura, iluminó mi vida”.

[1] Rovira, J. C. (2000-2001). José María Arguedas y la memoria autobiografica del indigenismo contemporaneo. Anales de literatura española (14).

 

Parque Biblioteca Presbítero José Luis Arroyave

¡Un lugar dónde re-crearse es fácil!

El Parque Biblioteca Presbítero José Luis Arroyave es un lugar de encuentro único, por su estructura, ubicación, diseño, por la gente que viene y la que te espera.

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