ENCUENTRO DE BIBLIOTECAS 2020 | Las bibliotecas y el cuidado de la vida

Las bibliotecas y el cuidado de la vida.

El Encuentro que se realizará entre 22 y el 25 de septiembre, convoca a todos los actores del campo de las bibliotecas en sus diversas tipologías, gestores sociales, bibliotecarios, mediadores de lectura, responsables de redes, entre otros. 

Programación

22 de septiembre

23 de septiembre

24 de septiembre

25 de septiembre

Por: Adriana Betancur, coordinadora de eventos Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín, Colombia. 

Para enfrentar los efectos cada vez mayores de la crisis sanitaria actual, diversos organismos multilaterales están presentando alternativas que permitan generar propuestas globales para una recuperación sostenible y el avance hacia una reactivación con igualdad.  

“Debemos aprender de esta crisis para reconstruir mejor con las acciones correctas, la pandemia COVID-19 puede marcar el renacimiento de la sociedad como la conocemos hoy, hacia una sociedad en la que protejamos a las generaciones presentes y futuras” (Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe –CEPAL-).  

En este contexto, es imperativo recordar que, en una situación de emergencia -sin importar de que tipo- los derechos humanos se ven en peligro, de ahí que la protección integral sea una necesidad para todos, una tarea compleja que contempla un amplio abanico de acciones para garantizar los derechos.  

Si se considera, además, que la crisis develada por la pandemia ha sacado a la luz nuevas dimensiones de vulnerabilidad, otros marginados, nuevos analfabetismos, la fragilidad de los derechos, todo esto ha potenciado las desigualdades y muestra que nuestro futuro está en riesgo. Una parte de la población está encerrada, otra parte enfrenta contagio y hambre. Los pueblos originarios están expuestos; la violencia patriarcal y racista y los feminicidios han aumentado.  

Con respecto a la educación las desigualdades se incrementaron y aquellos estudiantes, cuyas familias quedaron en desventaja ante las desigualdades de acceso a la conectividad verán afectada la calidad educativa, lo que significa que estos niños y jóvenes se queden en un nivel todavía más bajo con respecto a quienes pueden mantener las condiciones óptimas que exige la educación virtual.  

Por lo tanto, pensar las bibliotecas como parte de una comunidad es un compromiso que exige una rigurosa reflexión que debe trascender los lugares comunes de los discursos y prácticas bibliotecarias, que permita analizar la capacidad de respuesta a los requerimientos de sus diversos públicos en tiempos de crisis, en la construcción de alternativas que las lleven a repensarse y a responder al sentido de su existencia en la sociedad actual.     

Esta pausa obligada,  que implica la pandemia, enfrenta a la humanidad planetaria a tomar consciencia de la fragilidad de la vida, en tanto somos seres “sensibles, heribles, afectables” que precisan la interdependencia, la necesidad de protegemos unos a otros, de manera que sea posible recuperar una visión del mundo centrada en el ser humano como parte de un entorno natural y social: del cuerpo como el primer territorio, de la casa como refugio; de lo íntimo, lo privado y lo público, del cuidado de la tierra. Un momento decisivo en que las bibliotecas, desde su misión en la formación de tejido social deben participar de la vida más inmediata de sus comunidades, a partir de su rol político, en la búsqueda de nuevos retos y estrategias de colaboración que las lleven a amoldarse a necesidades del contexto, como la imposibilidad de reunir a los usuarios en sus espacios físicos.   

Todo esto, sin perder de vista el papel del Estado y del mercado, de las relaciones interpersonales; de lo lejano y lo cercano; del barrio, la cuadra, el territorio; de la presencialidad y la virtualidad; la conexión y la desconexión, la incertidumbre para poner en acción la solidaridad y la cooperación como formas de resistencia ante la crisis sanitaria y económica.  

Un contexto que invita a recordar que cada bibliotecario es un actor social, un sujeto histórico personal y colectivo que construye relaciones sociales lo más igualitarias, justas, libres y fraternales posibles dentro de determinadas condiciones histórico-sociales. Hoy más que nunca cobra relevancia la pregunta por el papel de las bibliotecas, más allá de los principios y valores que encarna el quehacer bibliotecario, se trata de poner en la centralidad los valores éticos de la biblioteca como institución social en un momento clave para reafirmar los beneficios que puede aportar en el cuidado de la vida de las comunidades.   

Asimismo, el confinamiento ha puesto en escena la importancia de los valores de la cultura, de la fuerza de las palabras para la contención emocional. Se ha hecho evidente que esta desaceleración del consumo ha permitido volver la atención al arte en todas sus manifestaciones, y es que leer un libro, escuchar una pieza musical, pasear virtualmente por los museos, y conversar con los otros nos ayuda a recuperar nuestra esencia de humanidad. Como lo afirma el filósofo francés Edgar Morin:  

“Habremos aprendido algo en estos tiempos de pandemia si sabemos redescubrir y cultivar los auténticos valores de la vida: el amor, la amistad, la fraternidad, la solidaridad. Valores esenciales que conocemos desde siempre y que, desde siempre, desafortunadamente, terminamos por olvidar” (Morin, 2020).  

De igual manera, para Martha Nussbaum, la dignidad no es un valor independiente de las capacidades, sino que los diversos principios políticos relacionados con las capacidades constituyen articulaciones (parciales) de la noción de una vida digna desde el punto de vista humano” (2012, p. 186). En otras palabras, donde hay capacidades puede haber, también, estrategias que se despliegan desde una propensión a florecer y, en esa misma medida, nos encontramos con la dignidad. Es decir, es urgente una biblioteca que resignifique su labor social a partir del cuidado de las comunidades para que en ellas florezca la creatividad que las lleve a fortalecer la cotidianidad en medio de la crisis y mantener su dignidad y su cuidado como sujetos y colectivos.  

Por otra parte, este freno también ha permitido desacelerar la destrucción de ecosistemas y experimentar que es posible vivir sin ese consumo exacerbado que destruye el planeta. Que la vida plena y grata tiene dimensiones más relevantes que poseer y acumular bienes materiales como vivir en un tejido de relaciones afectivas basadas en la confianza. Se ha puesto en evidencia la vida campesina, los intercambios sin mediación del dinero, la auto-sostenibilidad alimentaria y múltiples formas de satisfacer las necesidades básicas mediante las redes y el trabajo cooperativo.  

En consonancia con todo lo anterior es necesario dinamizar y fortalecer espacios de información, de comunicación alternativa que permitan construir los sentidos históricos de convivencia, desde medios ciudadanos, pero también desde la cuadra, la calle, la plaza y los espacios bibliotecarios y culturales, no sólo desde los medios de comunicación corporativos y las redes sociales que forman parte de las grandes corporaciones.  

Esta situación nos anima a convocar otros actores para conversar sobre aprendizajes, saberes y desafíos que permitan continuar trabajando articulados desde las bibliotecas, de manera que sea posible interpretar las necesidades y perspectivas de nuestras comunidades para el cuidado y el florecimiento de la vida.  

Desde estas reflexiones, el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín y la Biblioteca Pública Piloto convocan al XIII Encuentro de Bibliotecas: las bibliotecas y el cuidado de la vida, como escenario virtual para potenciar nuevos espacios y estrategias de actuación que posibiliten la pertinencia y oportunidad de los servicios bibliotecarios en el momento actual.  

Para certificar la participación en el Encuentro debes inscribirte:

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