El hombre que no quería ser padre: la belleza de lo paradójico

“(…) De mi padre

que de niño tuvo los ojos tristes y de viejo

unas manos tan graves y tan limpias

como el silencio de las madrugadas.

Y siempre, siempre, un aire de hombre solo.

De tal modo que cuando yo nací me dio mi padre

todo lo que su corazón desorientado

sabía dar. Y entre ello se contaba

el regalo amoroso de su miedo.”

Piedad Bonnett, Biografía de  un hombre con miedo (fragmento)

Dicen que no somos nosotros quienes encontramos  los libros que nos tocan el alma, sino que son ellos, los libros, los que tienen el poder de tocarnos; los que nos encuentran en momentos precisos de la vida, justo cuando sus páginas tienen algo que decirnos.

Entrar en un contacto íntimo con El hombre que no quería ser padre, o más bien, permitirse ser encontrado por este libro, puede ser también, verse involucrado en la belleza natural de una de las paradojas más grandes de la humanidad: la que encierran la paternidad, y por qué no, la maternidad.

Lejos de la brusquedad de la desnaturalización o de las dañinas sensaciones de abandono que siembra el desamor voluntario, una pregunta puede servirnos de faro, de mapa, de ruta, entre tantas que el lector quiera hacerse cuando toma este libro entre las manos para seguir el camino de sus letras. Esa pregunta es: ¿cómo ser un antipadre sin dejar de ser padre?

Esta paradoja se erige ante nosotros inevitablemente durante la lectura de esta obra y se alza con una belleza contundente, de la que es difícil escapar: la belleza de la ironía, como en el poema de Piedad Bonnett, en el que miedo y la valentía se unen como una pareja para salir a danzar juntos.

Alfonso Buitrago, el autor, nos permite entrar en la intimidad luminosa y natural del entramado de la relación tejida entre él y su padre. En su narración hay una invitación implícita, casi un impulso inevitable, a adentrarnos en la más profunda humanidad de nuestros propios padres, que pueden ser todos muy distintos –de hecho en su singularidad lo son-, pero en esa diferencia particular, cada uno ha tenido que ir venciendo a sus propios monstruos o ha tenido que aprender a convivir con ellos, aún más intentando, y en el intento ejerciendo, más aún, viviendo la certeza de ser padre con todo lo que ello implica.

También nos pone frente a un espejo a quienes somos padres o madres; un espejo descarnado y sin contemplaciones idealistas, pero que sabe también, develar con su reflejo, con una franca y contundente desnudez, toda nuestra sensibilidad y capacidad de amar.

Algunos padres que se han hecho célebres en la literatura gracias a las maneras en que sus hijos los perciben y los recuerdan –maneras tan distintas como profundas-, se hacen presentes brevemente en este libro: el temido padre de Kafka, el ausente padre de Auster, los amados y abnegados padres de Raymond Carver y Héctor Abad Faciolince… Todos ellos aparecen y desaparecen en la búsqueda del autor, o en sus hallazgos, en el acto de contar una vida y una posición paterna en la que sorprende cómo pueden conjugarse, casi fusionándose, la complejidad con la sencillez como en la sabiduría callada, pero elocuente del arte.

Leyendo este libro acompañamos muchos momentos de la vida y de la muerte de un hombre que no quiso ser papá, y sin querer serlo, y con la intención de renunciar permanentemente a esta atadura y “etiqueta”, supo ser tal vez uno de los más lúcidos y sabios padres que cotidiana y naturalmente han existido.

En su propósito implícito, ya fuera que lo quisiera o no, estaba el regalo de la más absoluta autonomía posible para sus hijos, quienes desde muy pequeños, al lado de sus huellas, a veces con algún desconcierto, a veces con alguna perplejidad, pero siempre con el sabor inolvidable y entrañable de una lección tras otra aprendida, fueron creciendo “a la luz de las oscuridades”, “en la presencia de las ausencias” de su papá “no papá”.

“Infundir miedo, causar terror, inseguridad personal, para someter al otro, es la táctica de todo opresor. Mis relaciones contigo están fundadas en la existencia de una recíproca y total autonomía individual. Sabes muy bien que no reclamo ninguna investidura de autoridad frente a ti para nada. Por eso, de mi parte, jamás habrá órdenes, amenazas, reproches, consejos, etc. Me limito a fijar mi posición frente a la tuya y a decidir lo que tengo que hacer yo. Nunca voy a decidir por ti. Ni a presionarte en nada. Cada cual está en libertad de elegir el camino que prefiera seguir. (…) Mi existencia está hecha también de rupturas. (…) La única forma de llegar a conocer al Otro, al menos en la exterioridad personal, es allí en la circunstancia de la propia soledad.”

                Fragmento de una carta de Alonso Buitrago a su hijo Alfonso.

También es un hecho paradójico que antes de morir, Alonso, el declarado antipadre, perdiera su voz. Aunque no la perdió nunca tal vez, porque su voz fue su actitud, si se quiere más clara, firme y contundente que la que sale de las cuerdas vocales con sus efectos sonoros.

Alfonso Buitrago, el autor, nació en Medellín, es periodista y escritor. Máster en Literatura Comparada y Estudios Culturales de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha escrito crónicas para La Hoja de Medellín, El Malpensante y Soho. Ha sido profesor de Edición Periodística de la Universidad de Antioquia y ha hecho parte de los comités editoriales del  Sistema Informativo De la Urbe y del periódico Universo Centro de Medellín. Recibió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y fue Becario de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Para quien alguna vez se haya preguntado cómo ser padre, o incluso para quien no se lo haya preguntado, sería uno de esos inolvidables regalos de la vida que se dejara encontrar por este libro. Algo tendrá para decirle, algo tendrá para tocar en algún punto de su ser, algo que nos seguirá acompañando incluso después de dar vuelta a la última página y terminar su lectura.

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ISBN 9789584230843
Clasificación Dewey 070.44 B932h
Título El hombre que no quería ser padre
Autor Alfonso Buitrago Londoño

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Carolina Montoya

Entre lo que más agradece y disfruta en su vida está su pasión por los libros, por la lectura, que descubrió en sí misma a muy corta edad, precisamente de la mano de su padre. A la vida también le agradece que los libros y la lectura se hayan convertido también en su labor, y en mucha parte de su manera de observar y percibir la vida, de vivirla y de ser.

Es Licenciada en Español y Literatura de la Universidad de Antioquia, coordinó por varios años el programa Leer en Familia de la Red de Bibliotecas de Comfenalco Antioquia, participó en el equipo pedagógico del programa La Ciudad de los Niños del Museo de Arte Moderno de Medellín y tiene varias publicaciones realizadas sobre lectura con primera infancia. Hizo la coordinación pedagógica de la Estrategia Nacional Fiesta de la Lectura en los departamentos de Antioquia, Chocó, San Andrés y Providencia, Sucre, Atlántico, Bolívar, Guajira y Magdalena. Y como “todo viaje afuera es un viaje adentro”, en su ser han quedado impresos varios regalos que estas bellas tierras le han dado.

Ha sido promotora de lectura en varios proyectos de fundaciones y organizaciones que trabajan por la lectura y la escritura en Medellín. Actualmente es promotora de lectura de la Biblioteca Pública Piloto. Es madre de Juan Miguel, de 8 años, quien le enseña cada día también a mirar la vida, a observarla y a vivirla.