Cuentos ganadores del II Concurso de narrativas: Las familias cuentan | P. B. Fernando Botero

Conoce los cuentos ganadores del II Concurso de narrativas: las familias cuentan, que es organizado por el Parque Biblioteca Fernando Botero, San Cristóbal.

Ganador 1er puesto

“Las familias cuentan”

Familia Paniagua López

La Loma, cuna de fiesta y alegría

Los primeros voladores sonaron  a las 6:00a.m.; con los ojos adormilados cada quien se fue levantando; no era un día cualquiera, era el día del Globo. San Gabriel despertó con un sol brillante que quemaba las montañas y hasta el sector de La Escombrera, ese misterioso y mitológico lugar en el cual muchos dicen escuchar voces que emanan de la tierra, parecía unirse a la felicidad de todos, engalanando la vereda con sus bellas formas.

La temperatura comenzó a subir y antes de las 7:00a.m., el primer globo emergió del sector de Barrionuevo, con unas dimensiones que desafiaban las posibilidades de estas creaciones de papel. Subió lento y con elegancia, mientras los estallidos de la pólvora convocaban a toda la verada a la contemplación del coloso, que flotaba en el aire con la gracia de una pompa de jabón tornasolada.

Y así, uno a uno se iban elevando; corazones de Jesús que parecían llevarle a algún dios las plegarias de los más piadosos, camisetas de fútbol de los equipos locales que provocaban el griterío de los hinchas, barcos que a toda vela se dejaban llevar por el viento y tantas otras figuras que colmaban el cielo de colores y alegría, a pesar de las restricciones legales que prohibían el uso de los globos tradicionales por ser causantes de innumerables incendios.

Los gritos y silbidos no se hicieron esperar; la geografía de San Gabriel permitía ver cómo aquí y allá, los techos y balcones se iban disponiendo para observar el espectáculo. Pero no sólo eran los sangabrieleños, era toda La Loma la que, tácitamente, convergía en una celebración vital, que más allá de poner a flotar globos en del aire, representaba una forma de resistencia, ante la terquedad de una violencia que se negaba a abandonar la vereda y que sólo se marchaba por lapsos de tiempo, para regresar más despiadada e implacable.

Aquel día La Loma entera era la anfitriona que recibía a centenares de curiosos, que de todos los rincones de la ciudad y municipios aledaños, llegaban para ver la particular dinámica de una fiesta que llevaba más de una década alegrando la vida de los lomeños.

La gastronomía era diversa; tamales, sancocho, fríjoles y fritangas y la infaltable empanada lomeña con ají picante o dulce, de obligada degustación y consumo para cualquier visitante.

Los globos que desde temprano ascendían, se iban convirtiendo en puntitos negros, enmarcados en un cielo azul y transparente, cómplice de la felicidad de lugareños y visitantes. Después del medio día, el  volumen de los equipos comenzó a subir; el porro, característico de la tradición cultural de la vereda, el  vallenato, la salsa y la música tropical, se escuchaban en diferentes casas, confundiéndose en un babélico encuentro de ritmos y sonidos.

A eso de las 6:00p.m. la fiesta estaba en pleno, los patios y las terrazas rebosaban de gente, incluyendo algunos extranjeros, amantes del exotismo y las costumbres latinoamericanas, que andaban por todas partes registrando en sus cámaras de alta gama, las peculiaridades de una vereda que, hasta este día, había sido totalmente desconocida para ellos.

Después de las 7:00p.m., los globos ya parecían luciérnagas diseminadas en un cielo negro, ausente de nubes y luna; a esta hora los bailarines no daban tregua y melodía tras melodía demostraban sus innatas dotes danzarinas, características de las familias más tradicionales del lugar.

Las botellas de aguardiente, ron y cerveza se apilaban en los rincones; la noche avanzaba entre el baile, las risas, las conversaciones jocosas y el bullicio de los niños, que aún discutían sobre cuál de los globos había sido el más hermoso del día; porque si de creatividad se trataba, la vereda entera podía alardear del primor y la prolijidad con que era fabricado cada globo; porque todo era importante en este proceso; la selección del papel y sus colores, la dimensión, los secretos y técnicas para que se elevaran hasta perderse en el firmamento y, lo más importante, los personajes del momento y las figuras simbólicas que jóvenes y adultos ingeniosos plasmaban en el papel.

La noche avanzaba en armonía y ya en la madrugada de un lunes festivo, los cuerpos cansados comenzaron a ceder; los equipos de sonido bajaban su volumen y sólo quedaban en los patios y balcones algunos borrachitos que se resistían a terminar la fiesta.

Un sol montañero y anaranjado asomaba por el oriente y sólo se veía en la vereda uno que otro parroquiano que se dirigía a trabajar y algunas señoras que sin falta asistían todos los días a misa de siete. Algunos globos desorientados flotaban aún en un cielo limpio e impecable. La fiesta del globo había terminado, dejando en el aire un olor a fritura, petróleo y pólvora que, por varios días permanecería en el aire.

Autores:

Integrantes Familia Paniagua López.

Margarita María López (Madre)

Luz Dary Paniagua López (Hija)

Jorge Paniagua López (Hijo)

Carmen Paniagua López (Hija)

Verónica Arango Paniagua (Nieta)

Jacob Ortiz Arango (Bisnieto)

 

Ganador 2do puesto

Un nuevo pensamiento.

Cuando mi mamá me informó hace 4 años que nos mudábamos de casa y que además nos íbamos para una vereda, ¡Por Dioooos! Casi muero, y lo digo en serio, creo que fue un momento no muy agradable en mi vida, esto lo hacían porque: 1. Querían una casa donde pudieran tener gallinas (cosa que a mí no me gustó nadita) y 2. Según ellos, estaba muy rebelde, cosa que no era así, yo “Soy la mujer más obediente de este planeta” pero claro, ellos no lo veían de esa forma, después de que peleáramos mucho, ellos ganaron (obvio yo era pequeña y no tenía opinión) nos mudamos a mitad de año en el 2015. Cuando llegamos todo estaba normal, como cualquier vereda diría yo, cuando llegamos a la nueva casa ya se estaban terminando las vacaciones de mitad de año, yo entré en la Institución Loma Hermosa a cursar la otra mitad de 7mo grado, cuando llegué pensaba que todo estaba mal (aunque nunca he sido de muchas amigas) extrañaba a las que había tenido en mi antiguo hogar.

El primer día de clase, todo era normal como cuando sos nueva, así mismo, los alumnos eran iguales y yo como siempre era la nueva y me sentía incómoda, yo pensaba que iba a ser mucho tiempo, pero ya ves que no, a los pocos días empecé a hacer compañeros que con el paso del tiempo se fueron convirtiendo en mis amigos, con ellos fui aprendiendo cada cosa de La Loma, como la concha, la primera vez que me la nombraron, yo quedé como ¿Wath? ¿Qué es eso?, al principio se burlaron, decían que quien no iba a saber qué era la concha, pero al ver que en verdad no sabía ellos me fueron explicando que era como un lugar de encuentro, el lugar central donde hacían la mayoría de las actividades, a mí como siempre me pareció muy charro que estuviera al lado de la iglesia ya que pues, los encuentros por lo general eran fiestas, Donde había alcohol y muchos fumaban, ellos como siempre se reían y decían que dejara de ser niña, y un montón de cosas que por el momento no recuerdo… pero en fin, me fui dando cuenta que estos encuentros que se hacían allí eran más que solo fiestas, eran integraciones, alegrías, fiestas, congregaciones, era estar en un lugar donde todos teníamos la mismas ganas de bailar, salir, compartir….. estos lugares eran cultura, progreso, convivencia y luchas que desde siempre se han tenido (por lo que me han contado hasta la iglesia la lucharon, un espacio tan general como esta, donde fueron días de cansancio pero que se pudo construir)

Al pasar el tiempo y yo ir compartiendo con ellos, con el ambiente, me di cuenta que La Loma es mucho más de lo que se escucha, de lo que se ve en la televisión. Empecé asistir a los festivales de globos, de cometas, a los festivales de salsa, desfiles de mitos y leyendas, a escuchar más sobre los diferentes grupos que la comunidad brindaba; el grupo juvenil, grupos de danza, grupo de lectura en la biblioteca, grupos de aeróbicos, grupos de música, y otros más, el que me llamo más la atención fue el de música, desde siempre me ha gustado mucho la música y al llegar aquí y ver tantos jóvenes que cantaban (diferentes géneros) y tocaban instrumentos, me di cuenta que es algo que yo podía cumplir, que se daba un apoyo, que encuentras a los líderes ayudándote, dándote recursos, espacios, personas especializadas, te dan lo que necesitas para poder cumplir tus sueños y desde ese momento creo que me fui enamorando de La Loma, ya no me parecía tan malo estar viviendo en La Loma.

En La Loma encuentras que hay amor y esfuerzo por parte de la  comunidad por salir adelante, en verdad se esmeran por enseñar a todos La Loma que en verdad es, por brindarles a los jóvenes un camino distinto al de la drogadicción, ir dejando el  tabú  ( balas, pobreza, calentura, ranchitos) que muchas personas tienen sobre el corregimiento, que yo tenía sobre él, y sí, no podemos decir que no hay bandas, obvio que las hay, caray donde no hay de eso, es solo que ya encuentras muchas oportunidades para no entrar a eso. Cuando me fui dando cuenta de todas estas historias, lo que en verdad significa estar viviendo en La Loma fue como si me hubieran dado 3 cachetadas diciéndome como ¡Oye, reacciona! Me llevó tiempo reaccionar pero reaccioné, salí de todos esos pensamientos absurdos que tenía, y empecé a proyectarme en mi camino, en todas las oportunidades que tenía a mi alcance, no fue fácil, eso sí, me toco luchar mucho conmigo misma para salir de mi zona de confort, pero salí, y fue lo mejor que he hecho, ya que al hacerlo conocí personas, me integré, conocí algunas de las raíces de la loma, disfruté, aprendí, y todo esto por la lucha de personas que en verdad quieren y anhelan poder tener la mejor loma.

Al ir pasando el tiempo y yo ir conociendo La Loma en su totalidad ( si es que en verdad se puede conocer) siendo  4 años viviendo y conociendo, llegué a la conclusión de que no fue tan malo como pensé al principio, las personas no eran campesinos ( y no tengo nada en contra de ser campesino, es solo que no me agradaba la idea de tener que ser parte de ello, y lo mas irónico, terminé siéndolo) era fascinante estar rodeada de gente que te hablan de tus gallinas como una más de la familia, o de tus perros como el ser por el cual sales de casa, o montar en tus caballos y mostrarlos a todos, eso fue espectacular, encontrar gente que tuviera amor por animales, por su comunidad, por su persevación.

Hace cuatro años llegué a vivir aquí y tengo amigas desde eso y otros que voy haciendo, tengo una casa donde mi mamá puede tener gallinas y nadie le dice nada, donde por las noches se siente la tranquilidad, donde no hay tanta contaminación y puedes respirar tranquilo, y lo mejor vives rodeado de monte, suena raro, pero es hermoso estar rodeados  de estas montañas, poder visualizarlas cada mañana al levantarte y salir a trabajar o estudiar, es gratificante, en fin, esa idea horrorosa que tenía al principio de venir a vivir en una vereda, al son de hoy es lo más lindo que me pudo haber pasado.

Autora:

Camila Andrea Alvarez Marín.

Ganador 3er puesto

La familia de los Nanos

Una de las posibles consecuencias de la violencia, es la poca influencia que hoy ejerce la moral del ser humano en la ética, las lecciones de urbanidad, de conducta y disciplina que nos inculcaban desde la casa, en la escuela y en  el  colegio, fueron fundamento para que esta familia, a través del tiempo y del espacio marque pautas ejemplarizantes a nivel social.

La familia Álvarez Marín, se generó de manos de los abuelos José David Marín y Ana María Dávila, abuelos maternos y de Ulpiano Álvarez  y de Tránsito Tejada, abuelos paternos.

Mis abuelos maternos eran procedentes de Palmitas, mientras que mis abuelos paternos procedentes de Ebéjico, quienes llegaron a LA LOMA en busca de progreso y de mejores oportunidades económicas en la ciudad.

Así, nuestros padres, Ana Isabel Marín Dávila y Justiniano Álvarez Tejada, se casaron en el año 1.948, cuando mi madre solo tenía 15 años; a partir de allí se genera una lucha constante por sacar a flote el nuevo hogar, entonces, mi padre continúa las labores de agricultura, para más tarde, lavar arena en la quebrada la Iguaná, mientras mi madre se ocupa de los oficios domésticos, incluyendo el cuidado de las gallinas, los caballos y los marranos. Además, buscar leña y cargar agua del pozo que estaba instalado cerca del puente   sobre la quebrada la Iguaná, paso obligado para ir a San Cristóbal.

Cada, año nacía un hermanito, hasta completar el numero 14; solo que la primera, Gabriela, fallece recién nacida.

La suerte, entonces, acompañó a mi padre y fue llamado a laborar a la Fábrica de Licores de Antioquia, a partir de allí, se mejora ostensiblemente la situación en el hogar.

El esfuerzo de mi padre por mantener un hogar unificado, y es aquí donde todos tuvimos la oportunidad de estudiar, algunos lo hicimos, otros entraron a agrandar la población económicamente activa del entorno.

Desde el inicio, este ha sido un hogar muy unido, por lo general, los fines de semana, nos reunimos para comentar las noticias más sobresalientes del país, de la ciudad, de la vereda, del mundo y del departamento, con esto aprovechamos el tiempo, para el juego de cartas, el juego de dominó, de parqués, y hasta la ruleta rusa es aprovechada al lado de las risas, los chistes, el jolgorio y la armonía.

Para la construcción de la casa, todos aportamos, la tarea de mi padre, una vez llegados del colegio, cada uno y a diario, le tocaba ir a la quebrada La Iguaná a traer una piedra, un galón de arena o de gravilla para mejorar la casa que había sido construida con tierra, boñiga y caña brava.

Hoy, no solo los “NANOS” asisten el fin de semana a la recreación y al regocijo, se reúnen una revoltura de familiares, vecinos y amigos que, en medio del juego, el baile y la parranda, se toman algún aguardiente, que permite crecer la armonía y la amistad.

Pero ¿cómo es nuestra casa? En la parte exterior la forma un patio inmenso que permite realizar las actividades de baile, parranda y jolgorio, allí, en medio de mesas y sillas se concentra la gran familia para que en son de chistes, música, poesía y sentimiento, se agite el corazón de los presentes; seguidamente hay un corredor que le da la vuelta a la casa formando una L, desde acá se aprecia el cafetal de la familia Naranjo, donde respiramos un aire puro y verdadero, alejado del CO2, no hay contaminación, ni ruido alguno que pueda interrumpir las tertulias, que se realizan especialmente los domingos, día favorito para la reunión familiar, después de la asistencia a misa.

Su interior: una sala inmensa con unas sillas o muebles de salón, donde descansa el que agobiado por su jornada de trabajo quiere reposar, un reloj hawaco, y un cuadro de mis padres, adornan la sala; contigua a esta, se encuentra el comedor, conformado por una mesa rectangular, seis sillas Luis XV y un cuadro con el pasaje de la última cena, que le da luz y colorido. Adentrándonos, se encuentran 4 habitaciones donde antes nos acomodábamos los 14 integrantes de la familia, dejando una para los jefes del hogar. La cocina es inmensa, compuesta por todo lo necesario para el desarrollo de las actividades comestibles diarias. Los baños también grandes eran construidos para el placer de realizar el aseo personal, enchapados en cerámica y porcelana; muchas veces había que coger fila para entrar a ellos, por ser una familia numerosa.

Sobre el patio, está la huerta donde se sembraba café, era una época, en que en diciembre, al llegar de la escuela, nos disponíamos a recoger el producto, recuerdo que era aromático, oloroso y tenía una pulpa gruesa, que en la federación de cafeteros lo admiraban por su calidad, sembrábamos también plátano, recogíamos unos racimos inmensos, que eran uno de los elementos favoritos del sancocho que se hacían allí.

En medio de las tradiciones que ha conservado la familia, se rescata el festival de poesía costumbrista, una noche cualquiera, cuando todos estábamos entonados con los aguardientes que habíamos compartido, surgió la siguiente poesía que hoy conservamos dedicada a nuestra madre y a nuestra tía Tulia, ambas reposan ante la presencia del Señor:

ESTA CASA

“En esta casa hay alegría;

Se llena de movimientos,

De sonrisas, placer, encantos,

De misterios y cantos.

Es una senda de honor;

Contemplan la naturaleza,

Sin egoísmo, con devoción,

Con alteza se adora a “DIOS”.

Y cuando hay un percance,

No se evade, se enfrenta;

Dos mujeres alegran la vida,

Y comparten el día que nace.

En este día especial,

De sentimiento exquisito,

A ustedes dos les digo:

Con amor las felicito”.

 

Que esta familia siga construyendo caminos de amor de paz y en silencio conservando la fe en un mañana mejor, en espera de que la justicia divina distribuya bienestar para aquellos desposeídos, son las pretensiones que hoy enmarcan a este gran hogar conservado desde tantos años y unido para siempre en el amor.

Autores:

Maria Elvia Alvarez Marin.

Maria Del Tansito Alvarez Marin.

Rodrigo De Jesús Orrego Alvarez.

Maria Eugenia Alvarez Cano.

Luis Guillermo Alvarez Marin.