Compañías – Carla Giraldo [Letras Abiertas]

Estaba tecleando una primera palabra cuando sentí el impulso de pararme e ir por un librito de Italo Calvino. —¿Para qué?— Luego regresé por los diarios de Sándor Márai y tomé también una anto-logía de poesía náhuatl. No encontré Un hombre, de Oriana Fallaci, un libro amigo cercano, espero no haberlo regalado en un ataque de desprendimiento.

Uno o dos minutos después estoy así: con los brazos llenos, con una sonrisa de muchos dientes, ni bonita ni fea, real, y con una sensación cálida que me recorre el cuerpo. —Juepucha, para esto—.

Exageré. Ahora el escritorio está vibrando con todos ellos. Cuatro años a bordo de mí mismo, Middlemarch, El viaje de las botellas vacías. Seguro no hacía falta montar tal desorden para decirlo, pero es que quería que me acompañaran. Así que aquí están, junto a mí, y eso me alegra.

No es una confesión, pero quiero que sepan que lo he olvidado todo. Todo todo o casi todo. Ciudades, fechas, nombres, paisajes, descrip-ciones, diálogos que amé, momentos que quise que me siguieran acompañando, pero que igual se fueron.

Ya no recuerdo. ¿Cuál era el río sobre el que navegaba el Gaviero acompañado de esos otros hombres?, ¿por qué navegaban?, ¿a dónde iban?, ¿qué buscaban? No lo sé. Solo conservo un anhelo que sentí como mío, volver a la cordillera y encontrar en La Nieve del Almirante a Flor, esa mujer de cuerpo desordenado que él sí amaba.

Olvidé el nombre del dictador, quise hacerlo. Nunca el del hombre terco y valiente que fue Alekos Panagoulis. Su resistencia, su lucha, lo que lo celebré, recé y lloré. Recuerdo a Bola de Ceboy un gusto en la boca,¿qué llevaba en su bolsa?, ¿un pavo, queso, pollo, panes, vino?, ¿qué?

A Belano, a Lima, al desierto de Sonora. El viaje, el movimiento y también una habitación en París. ¿Qué más? Nada más. Una única imagen, una emoción, un estremecimiento, un algo. Eso es todo.

Una huella sutil que me sigue acompañando a mí y solo a mí.