Caminos y memorias, Revista de las bibliotecas corregimentales del Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín

Editorial

Por: Eliana Maldonado Cano, Gestora Coordinadora

Parque Biblioteca Fernando Botero San Cristóbal.

El Sistema de bibliotecas Públicas de Medellín tiene una alta presencia en el territorio con más de 32 unidades de información, entre ellas, nueve Parque Biblioteca, Centros de documentación, bibliotecas público barriales y público corregimentales.

Tenemos presencia en los cinco corregimientos de la ciudad, allí están en el Occidente en el corregimiento de San Cristóbal el Parque Biblioteca Fernando Botero, En Palmitas la Biblioteca Público corregimental San Sebastián de Palmitas, al sur en el corregimiento de San Antonio de Prado está la Biblioteca Público Corregimental El Limonar y el Parque Biblioteca José Horacio Betancur. En el Suroccidente de la ciudad está la biblioteca Pública Altavista y en el oriente la Biblioteca Público Corregimental de Santa Elena. Seis bibliotecas que le aportan a la creación de tejido social, respeto por la vida, convivencia ciudadana, acceso a la información a la población rural y semi urbana que allí se asienta.

La CEPAL (2011), en el estudio titulado Hacia una nueva definición de “rural” con fines estadísticos en América Latina, presenta varias propuestas que definen lo “rural”, en las cuales algunos sectores de la población con la que compartimos podrían identificarse. Por ejemplo: “lo rural se orienta por consideraciones demográficas, referidas a la forma que adquiere la distribución espacial de la población” (p.15), sin embargo, definir el territorio solo por esas consideraciones excluye a gran parte de la población y sus procesos. Otra definición que proponen de lo “rural” es: “una forma de vida, una cosmovisión y una cultura, normalmente marginal o excluida de las corrientes más dinámicas del desarrollo, que privilegia la urbana, terciaria e industrial” (p.15), sin embargo, también se queda corta frente a los procesos que allí se viven y la calificación de marginal no sería propia ni justa con la comunidad. Finalmente, en la búsqueda de una propuesta más incluyente proponen una nueva definición: “Se considera que un territorio es rural cuando el proceso histórico de construcción social que lo define se sustenta principalmente por los recursos naturales y mantiene esta dependencia estructural de articulación. Un territorio es rural cuando su especificidad es su dependencia de los recursos naturales y su base económica se estructura alrededor de la oferta ambiental en que se sustenta” (p.16).

Todas estas definiciones son válidas y nos brindan diferentes versiones de eso que nosotros llamamos rural y ruralidad, sin embargo, desde nuestra experiencia hace falta una más amplia, menos apegada a los procesos económicos y más cercana a los procesos humanos. Estos espacios de la ciudad son importantes por esas nuevas dinámicas, vitalidades que vibran bajo otras necesidades y concepciones del mundo, la búsqueda del equilibrio entre las necesidades de la ciudad y el desarrollo sostenible de los territorios. Hemos presenciado cómo las necesidades de la ciudad han ido transformando los entornos rurales, grandes extensiones de cultivos fueron atravesados por vías que conectan otros territorios, intervenciones urbanísticas y grandes urbanizaciones han generado otras dinámicas igual los conflictos sociales. Es allí en donde nuestras bibliotecas buscan aportar a la construcción del tejido social y de nuevas propuestas de transformar al ser humano a través de la cultura.

En esta primera edición de nuestra revista presentamos las actividades que consideramos más representativas del mes de julio y lo que se viene para agosto, propuestas hechas con el corazón y el esfuerzo de un Sistema de Bibliotecas que busca conectar a toda la sociedad a través de los libros, con una propuesta de trabajo robusta, pensada y diseñada según la diferencia.