Hace unos 60 años, luego de la muerte de su esposo, doña Laura Ortega y sus hijos llegaron a Medellín buscando “la casita” del barrio Manrique, que él les había dejado de herencia, la encontraron sin ventanas, sin puerta, totalmente desmantelada, fue así que terminaron en el sector conocido como Playón de los comuneros, donde los recibió una prima y les dio posada en el ranchito que tenía construido.

Recuerdan que la prima les armó una cama con adobes y tablas, pero poco pudieron dormir porque ese día llovió mucho y el agua les pasaba por debajo de la cama improvisada.

Todo ese terreno estaba lleno de tugurios y doña Laura encontró quien le cediera un terrenito por mil pesos, que para ese tiempo era mucha plata, y construyeron su casa con paredes y techo de fieltro. Les tocaba turnarse para trabajar y cuidar el rancho, porque al menor descuido se podían entrar los ladrones y llevarse lo poco que les quedaba.

Por esa época había un sacerdote, el padre Jorge, que les ayudó con material para empezar a levantar “algo más digno”, les dio algunos adobes, cemento y arena con lo que hicieron las dos primeras habitaciones de la casa.

“Para construir estas casas se armaban convites, y todavía se arman, se hacía el almuerzo y el jugo para los que ayudaban y si había algo de plata se les daba también, pero ellos no cobraban, era por ayudar al vecino”. Los convites han sido muy valiosos para el crecimiento de los barrios y ayudan a fortalecer los lazos entre vecinos.

Luego de tantos esfuerzos, cuando empezaban a sentirse cómodos, corrió la voz de que el dueño del terreno había aparecido y los iba a expulsar del sector, el padre Jorge los alentó a defender sus casas y les recomendó: “no se vayan a dejar quitar los ranchitos, ármense con piedras, y si ese señor viene, se las tiran, pero no se dejen quitar los ranchitos” esa vez no llegó nadie, pero el padre les pidió adelantar el proceso de legalización del predio, para lo cual tuvieron que levantar los testigos y evidencias necesarios y finalmente adquirir el título de propiedad.

El playón ha cambiado mucho, ya no se ven ranchos, la delincuencia ha disminuido mucho, ya se cuenta con colegio, iglesia, sede comunal, alcantarillado, servicios públicos legales y calles pavimentadas.

Hoy es María Graciela Ruiz Ortega quien cuenta la historia de su madre, Laura Ortega, una de las fundadoras del sector El Playón, ubicado en la Comuna 2 de Medellín. Una historia de lucha, resistencia y construcción comunitaria.

De izquierda a derecha Graciela Ruiz Ortega (80 años),
Oliva Ruiz Ortega (81 años), Libia Ruiz Ortega (78 años).

Tugurios del Playón de los comuneros tomada del archivo
Fotográfico de la BPP fondo Gabriel Carvajal.