Texto de Esteban Duperly, Unidad de contenidos patrimoniales de la Biblioteca Pública Piloto.

Durante cerca de tres décadas Horacio Gil Ochoa participó en la Vuelta a Colombia en bicicleta, solo que no dándole a la biela sino disparando sus cámaras fotográficas de mediano formato y 35 milímetros. Él es el autor de muchas de las tomas más icónicas que conocemos de las primeras competencias de ciclismo en nuestro país; suyas son estas imágenes que muestran a corredores atascados en barriales, o cruzando quebradas, o atravesando pueblos de provincia a los que llegaba el ciclismo pero no el progreso. Gracias a estas fotos sentimos tanto respeto por los campeones de aquellas épocas. Gil fue el primero en notar que los ciclistas, sucios, raspados y extenuados, eran una suerte de mártires cuyos calvarios merecían ser fotografiados. Esa porción de su obra fotográfica bien podría llamarse barro, sudor y lágrimas.

Además de las Vueltas a Colombia, como reportero gráfico Horacio Gil  también fotografió las vueltas de la Juventud en México y Francia, los Juegos Olímpicos del 68, torneos de fútbol, e incluso imágenes no relacionadas con el deporte, como el festival hippie de Ancón y un extenso registro industrial de Medellín.

Horacio Gil Ochoa murió en febrero de este año (2018), a los 88 años de edad. Con él se desvanece otro trozo del siglo XX. Su ausencia significa la desaparición de un integrante más de una antigua generación de fotógrafos análogos –ya solo queda un puñado, cada vez más minúsculo– que andaban por el mundo con sus rollos de película en blanco y negro haciendo buenas fotos. Su archivo fotográfico se salvaguarda desde 2001 en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. 

700 imágenes del fondo Horacio Gil Ochoa están disponibles para consulta en línea de www.bibliotecapiloto.gov.co

0