Un recomendado de David Palacio

¿Cuánta sensibilidad requiere un alma para deshabitar el cuerpo que de principio le fue encomendado y poseer otros, con ojos, manos, bocas, orejas y cascos diferentes? esta es, en esencia, la mayor facultad del escritor Mario Escobar Velásquez que en Cuando pase el ánima sola, como en otros de sus libros, presenta con gran habilidad.

“Maldito el día en que Mi Negro la tomó conmigo. Maldito el día y maldito Mi Negro. Tanto andar, desde muchacho y primera parte en que me amaño. Primera en que no me siento forastero, me siento de paso, como agua de río…”

Si quien lee estas breves palabras, que no alcanzan a describir en absoluto lo que Mario es capaz en tan solo una de sus agudas reflexiones, no ha tenido el gozo de vivir en la amplia escena rural colombiana, con seguridad, a través de esta novela, no sólo se sentirá un habitante del escenario campesino sino, que alcanzará a percibir, desde los ojos de don Chucho, detrás del mostrador de su estancia, las múltiples historias que se entretejen en este típico pueblo.

Las ocurrencias de Mario, o tal vez, las historias que como finquero llegó a conocer de las gentes que lindaban los predios que alguna vez administró, aparecen en el pueblo contadas desde la perspectiva de cada personaje. Así, el escritor nos introduce, por ejemplo, en la mente de Tereso, el bobo del pueblo, de quien no se creería, fuera capaz de articular el más simple de los pensamientos humanos y que sin embargo, la agudeza de la alteridad del escritor, nos hace testigos de cada hilo que se teje en su alma.

Por otra parte está Alaín, personaje recurrente en los libros de Mario, de quien conoceremos su amor por la literatura, la enseñanza y el trato con la gente. A veces tímido y otras aventurero, errante, pecador en buenas formas por su desconocimiento de los sentires ajenos, como los de Amparito, a quien Alaín, en aras de defender su honor de mujer, la priva de lo único que marca para ella la diferencia en un mundo banal en el que la simplicidad es el pan de cada día.

“Maestro tan pendejo… Maestro tan muchachito, maestro tan sabio de letricas y de libritos y tan desconocedor de las mujeres y de la vida. Maestro conocedor de maestras deseosas de matrimonio, extendiendo ese deseo del santo estado a todas las mujeres. Maestro para niños, tan niño” 

Cuando pase el ánima sola es un diálogo consigo mismo desde la sabiduría que cada personaje alcanza a obtener de su interacción con el mundo y las cosas que en él le son dadas a todos. Es una voz que surge de la soledad que quema en las horas más calurosas del día y es un diálogo entre el hombre y la naturaleza innegable que nos empeñamos en destronar de nuestro interior cada vez que se asoma a la ventana de nuestros comportamientos.

Sobre el autor

Eso que llaman arrugas en realidad fueron los arañazos del tiempo, la experiencia y la sabiduría en el rostro de Mario Escobar. Nacido en Támesis, Antioquia, en 1928, fue finquero, peón de hacienda, maestro rural, ganadero y escritor, entre muchas otras cosas. Dirigió talleres de escritura en la Universidad de Antioquia y del Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid. Obtuvo el Premio Nacional de Litera Vivencias con la obra que hoy invitamos a leer Cuando pase el ánima sola y obtuvo el Premio Internacional de Cuento Fernando González con el cuento ¿Te acordás Margaritón?. Falleció en Medellín en el 2007.

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Título: Cuando pase el ánima sola
Autor: Mario Escobar Velásque
Clasificación Dewey: C863 E74cu 
¿Quién te invita a leer esta obra?
David Palacio 

Comunicador social y periodista. Mediador de cultura digital en el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín. Cree que el tango tiene algo que decirle a todos los que llegan a tocar las puertas de las cortinas melódicas del fuelle y su poesía. Aficionado al barroco y a Pavarotti, cree en la ruptura de los límites del mundo individual a través de las historias que los otros tienen por contar.

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