Una expedición es saber perderse [Letras Abiertas]

Debo confesarlo: suelo perderme con muchísima facilidad, en todo sentido. Si voy de paseo y la instrucción es clarísima “toma la vía de la derecha después del puente”, por una extraña razón yo sigo tranquilo por la izquierda; al rato me doy cuenta, cuando el paisaje no es lo esperado, ni la distancia recorrida, ni los rostros, es como si creyera más en mi intuición que en los hechos, es como si algo dentro de mí me comandara y me conociera mejor que nadie y entonces me llevara al deslumbramiento, a la sorpresa de algo inimaginado por el camino que le da la gana. Y es ahí cuando para mí empieza una verdadera expedición, es entonces cuando no me enojo conmigo mismo por despistado sino que sonrío y me detengo para contemplar la sorpresa.

 

En una expedición pocas veces sabemos a dónde llegaremos, una cosa es la intención que uno tiene de arribar en cierto lugar; otra, llegar a donde llegamos. Recordemos nada más la historia de un tal Cristóbal Colón, o la de tantos hombres de ciencia que van por un camino tratando de descubrir algo maravilloso y sin pensarlo, de repente, aparece algo más increíble aún. La magia de la sorpresa.

 

A mí me pasa mucho eso en una biblioteca, que es un universo maravilloso para encontrar todas las expediciones posibles. Resulta que voy con un numerito escrito de manera chueca por ahí buscando, qué se yo, un L234, y me detengo primero en una K con algo, cuyo lomo me seduce, entonces lo abro y leo una frase y me siento ahí en el pasillo hasta que me regañan y me toca irme para una silla a seguir leyendo. En el camino, cuando ya he olvidado un tal L234, sumo a mi recorrido otro par de libros que me susurraron algo y al abrirlos intuí la belleza de los sueños. Perderse es delicioso, no saber qué se va a descubrir a veces me resulta mucho mejor.

 

Querido perdido o expedicionario, te sugiero un ejercicio: un día cualquiera entra a una biblioteca como si te estuvieras refugiando en una iglesia, no específicamente a escuchar misa, no precisamente a hacer una tarea, entra porque necesitas un tiempo contigo mismo, échate la bendición con cualquier libro, uno al azar, cierra los ojos mientras los dejas muy abiertos y piérdete entre la cadencia de las frases que, con seguridad, te llevarán al puerto que necesitas en ese instante.

 

Diego Aristizábal

¡Ven! Averigua a cuál expedición te llevarán las bibliotecas públicas de tu ciudad.