Un berrinche de novela [Recomendado literario]

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En los Animales del fin del mundo, de Gloria Susana Esquivel, el lector podrá adentrarse en la narración paulatina, detallada, dolorosa, divertida, trágica y muchas veces desesperante de un berrinche que se incuba, de manera sutil, en el día a día y va in crescendo hasta adquirir proporciones faraónicas. ¿La protagonista? Una culicagada cuyos dientes de leche van cayendo a medida que avanza la historia y se multiplican sus arrebatos de furia y sus gritos estridentes y agudos que todavía me resuenan en los oídos, pese a que se supone que la lectura es un acto silencioso.

 

Y creo que el desespero que me hizo sentir, la ternura y hasta cierta dosis de bronquita que me inspiraba por momentos la pequeña protagonista, son la mejor muestra de que se trata de una novela que, en efecto, transporta al lector y lo mete en medio de la azarosa y temprana vida de Inés, una niña perdida en la casona de los abuelos, por donde deambula inventándose situaciones y personajes, procurando quedar a salvo de los regaños de la abuela y las pelas del abuelo, pues como cualquier crío normal tenía ella una disposición natural para hacer daños y meterse en líos. Por desgracia, los que mandaban la parada eran bastante propensos al mal genio, el pellizco, la palmada y el insulto, para mayor oprobio de la niña, pues qué sentido tenía serlo si, como diría Mafalda, no la dejaban ejercer. Algo de lo que ni la mamá podía protegerla, con todo y que se suponía que esa era también su casa.

 

Inés pronto va a cumplir siete años y, lejos del papá, le teme más al fin del mundo que se desatará luego de un eclipse total de sol que se avecina, que a los carros bomba que estallan en la calle. Enclaustrada, como vive, y sin poder salir ni a la esquina, fantasea con ver a sus padres juntos; no de nuevo juntos, sino por primera vez y con ella a su lado, pues en sus escasos recuerdos no tiene ninguno donde los tres parecieran, así fuese por un corto instante, una familia.

Se siente como una prisionera en esa casa ajena llena de cuartos y puertas y rincones y payasos de cerámica, por donde también merodean sus fantasmas, algunos de carne y hueso, mientras ella juega a las escondidas consigo misma. Y cuando por fin conoce a María y se hacen compinches, pues Inés no tiene más remedio que imitar el mundo adulto, rabioso y antipático, y hasta esa partecita de la historia que empezó tan bien, termina en bronca, con una Inés altanera, humillando a su única amiguita.

 

Al final de cuentas, sin embargo, me reconcilié con la pequeña y sus berrinches. Me recordó el cuento del chico que soportaba impávido la regañada de la mamá y, en una pausa de la cantaleta, el rapazuelo le dice imperturbable: Pero, mamá, ¿cómo me acusas de ser maleducado, si fuiste tú quien me educó? Porque de pronto eso es lo que le pasa a la pequeña Inés y es lo que realmente devela la novela. La mala educación, el mal ejemplo que como personas y como país damos a las nuevas generaciones. Violencia intrafamiliar, pugnacidad en el debate público, embarazos no deseados, padres distantes o ausentes, políticos delirantes, peleas de borrachos, calles peligrosas, peloteras entre viejos y jóvenes, indolencias ante la miseria y el dolor ajeno, son nuestro pan de cada día, un pan que no sirve precisamente para alimentar la tranquilidad hogareña o la felicidad infantil.

 

Además del carro bomba o del asesinato de un candidato presidencial que se cuela también en la vida de Inés y en la novela. El importante señor tenía su sede principal al frente de la amplia guandoca donde vivía confinada ella, por Chapinero o Teusaquillo, de seguro en 1990, tragedias que la niña apenas si comprende pero que estaban ahí, presentes, de puertas afuera y puertas adentro. ¿Qué más podíamos esperar entonces de esa Inés solitaria e incomprendida sino un estallido de rebeldía, una explosión de inconformismo y bullosa protesta, siendo esa la única forma de que, como adultos y lectores, le paráramos bolas?

 

La trampa de estos Animales del fin del mundo, si es que la hay, tal vez resida en el hecho de que suceden cosas, no tan graves como para pensar en el fin del mundo, pero sí digamos que incómodas. Creo que todos hemos asistido en algún momento a una de esas escenas, con un muchachito revolcándose en el piso de la rabia, en medio de escandalosos gritos y gemidos, por causas desconocidas, en su gran mayoría asuntos nimios como un helado o un playstation que no están al alcance del presupuesto familiar. Cosas que a veces pasan, pero que por donde se les mire, no brindan un lindo espectáculo.

 

De ahí el gran acierto de estos curiosos Animales, porque nos muestran el panorama completo. El berrinche, visto de principio a fin, se vuelve fábula, historia, novela. Y lo mejor, la historia realmente no termina; yo diría que se apaga cuando Inés mira de frente el sol en medio del eclipse, contrariando recomendaciones y consejos, y por fin se queda quieta y deja los alaridos. El torrente de la pataleta se detiene. La algarabía abandona el tinglado y se hace de nuevo el silencio, como cuando escampa.

Los animales del fin del mundo Gloria Susana Esquivel. Alfaguara, 2017, 142 p.

Gloria Susana Esquivel es una periodista bogotana que en 2016 publicó el poemario El lado salvaje y en 2017 su primera novela, Los animales del fin del mundo.

¿Quién te invita a leer este libro?

Fotografía por Daniel Mordzinski

Guillermo Cardona

Comunicador Social Periodista de la Universidad de Antioquia. Trabajó con la compañía de humor Frivolidad, la de Tola & Maruja. Fue editor periodístico y libretista del desaparecido programa de humor La Zaranda de RCN Radio. Ha sido columnista y colaborador de los periódicos El Colombiano y El Espectador. Dirigió la Fiesta del Libro y la Cultura entre 2007 y 2012, actualmente hace parte del equipo de trabajo del Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad, y escribe para el periódico Universo Centro. En 2005 fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura a Novela Inédita con El Jardín de las Delicias, publicada por Planeta ese mismo año. También con Planeta ha publicado las novelas La bestia desatada (2007), Batallas de Champiñón (2011) y Las misas negras de san Pablo (2015).