Quiero decirte | Manuela Gómez [Letras abiertas]

Medellín, julio de 2018

Quiero decirte,

Encontré un lugar, casi como una guarida, desde donde puede verse el sol. Pero, más que un lugar es un hora. Un paréntesis que se forma, rodeándome. Allí está, como un faro, el frasco de las luciérnagas que tienen los niños en la novela de Faulkner, el olor de los árboles cuando llueve, humo azul y un frío resplandeciente. También manglares, que como escribió Mary Oliver, permanecen siempre en su agua amada, con hojas pequeñas, suaves y pálidas. Créeme, allí está el poema, esa hermosa y pequeña bestia, que hace lo que quiere. Hay fuego y zorros, nutrias deslizándose sobre la nieve, relámpagos y estrellas que se descuelgan del cielo.

Estoy hablándote de un libro y de otro y de otro. No tengo que mirarlos para contarte sobre ellos, porque ya están ordenados en alguna parte de mí. Hoy, creo, están en el centro, cerca del corazón. A veces se mueven, suben, pasan por la garganta, para quedarse en los ojos.  Por ellos, es que puedo ver la lluvia de la tarde que se queda en las hojas del almendro, las figuras perfectas en la piel del sapo que encontré una noche. La misma luz titilante de las luciérnagas, en la pantalla del monitor, mientras la doctora hacía la ecografía, que yo tanto esperaba.

Porque leer, estoy segura, me hace vulnerable a la belleza que hay en este mundo.

Y eso es una bendición.