Lectura en silencio salvaje | Yenny León [Letras abiertas]

“Leer, leer siempre, dulce pasión del ánima”.

Gastón Bachelard.

La vida se aleja cuando solo hay prisa, cuando eres un leve testigo de un tiempo que te atraviesa sin tocar la médula de tu sensibilidad.

¿Cómo puedes permitirte pasar por la vida sin darte la oportunidad de inventar la libertad? Y esto no se logra evadiendo el silencio y la incertidumbre sino habitando sus raíces.

Recuerda que la libertad también viene en forma de palabras y estas no pueden escucharse por fuera del espacio del silencio. Entiéndase que este silencio no es la ausencia de ruido, sino el estado atento del alma.

La lectura permite la conexión con este sublime ánimo vigilante pues es el medio perfecto para agudizar el vínculo con el río silencioso que teje todas las palabras. Con ella exploras vacíos espléndidos en donde puedes probarte almas diversas en contextos y cuerpos jamás imaginados por lo que crees ser. Así acoges mil vidas en un tiempo detenido que eterniza ideas, sensaciones, conflictos y hallazgos.

No olvides nunca que encarnar otras pieles, con todos los atavíos que esto conlleva, toma tiempo. Así que, por favor, ¡para! No leas mucho, detente más. Date el privilegio de fusionarte verdaderamente con las palabras.

No llenes espacios con la lectura, por lo contrario, crea la herida pues “es el lugar por donde entra la luz”, como alguna vez escribió Rumi, uno de los más grandes poetas místicos.

Cada lectura te revela un silencio diferente. Busca entonces adueñarte de la multiplicidad de esos silencios.

Atrévete a leer en función de nada, sólo así se logra un asombro inmerecido.

El verdadero lector vive lo indescifrable amándolo apasionadamente.

Leer también es rendirse a otras miradas, hurgar en la garganta de todo lo que existe para encender velas que solo se apagan por dentro y que gimen por las que nunca se prenden. Es revivir mil veces a la sombra de un radiante olor de tierra, ser el eco de diversas voces al unísono.

Acoge este don en la palma de tu mano y agradece, porque sólo aquel que lee atentamente es capaz de crear el milagro.

Yenny León