De vacas, lecturas y vacaciones [Letras Abiertas]

Diciembre de 2018.

Como tantas cosas buenas de la vida, las vacaciones son invento antiguo y anónimo, cuyo origen de seguro se remonta al Génesis, libro según el cual, el mismísimo Creador dedicó el último día de su dura labor a descansar.

En Europa se volvió costumbre veraniega entre jueces y clérigos desde la Edad Media, pues con esos calores de la estación no daban ganas ni de estudiar ni de delinquir, si bien no pasaba lo mismo con las ganas de pecar.

Luego, con la Revolución Industrial, la formación de los sindicatos y el mejoramiento general en nuestro estilo de vida, los trabajadores alcanzaron conquistas como la reducción de la jornada laboral y, por supuesto, unas merecidas vacaciones después de un año de continuo trabajo.

Este viejo sueño de los jornaleros se convirtió poco a poco en toda una tradición en nuestro país, sobre todo en diciembre, época en la cual buena parte de Colombia entra en modo Navidad, lo que equivale a decir tiempo de asueto, de modorra, de trasnochos y levantadas tarde.

Ahora bien, como los seres humanos rara vez sabemos qué hacer con los muchos privilegios que tenemos, la primera pregunta que nos surge cuando se acercan las vacaciones es: ¿Qué voy a hacer?

Con tanto tiempo libre por delante, a muchas personas les puede el terror de lo improductivo y viven bajo la amenaza de una permanente aburrición.

Se trata quizá de una mala interpretación de lo que significa descansar que no es, como piensa el perezoso, no hacer nada, sino cambiar de actividad, dedicarle más tiempo a esas labores que nos llenan de alegría y satisfacción o, si se puede dar el gusto, salir a pasear, a conocer otras regiones, otras gentes, otros ríos y otros mares.

Una buena época para soltar el celular y disfrutar del paisaje, para mirar atardeceres, para perderse en el bosque, para dejarse llevar por las fragancias del campo, por el delicioso aroma del sudor de los caballos y de la leche recién ordeñada, para congraciarse con las vacas y admirar su vida rumiante y sin afanes.

Y obviamente para leer. El Quijote de Cervantes; Guerra y Paz, de Tolstoi; Los Miserables, de Víctor Hugo; En busca del tiempo perdido, de Proust; y aún El hombre sin atributos, de Musil, son algunos ejemplos de esas lecturas que requieren tiempo y dedicación, ideales para unas vacaciones, máxime cuando son largas.

Ahora bien, si aún en medio de las lecturas quiere seguir en vacaciones, hay muchos libros que se desarrollan en medio de esa suspensión provisional de la rutina diaria, como La gaviota, de Anton Chéjov, Muerte en Venecia, de Thomas Mann; Una habitación con vistas, de E.M. Foster; El Señor de las Moscas, de William Golding; y por supuesto Dos años de vacaciones, de Julio Verne. Para otras vacaciones en medio de las vacaciones.

En estas vacaciones tenemos el mejor plan para ti: perderte entre las miles de lecturas que tenemos para ti en las bibliotecas públicas de Medellín.