Carta a un lector | Valentina Toro [Letras abiertas]

“Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros.”

—Franz Kafka.

Varias veces he oído la frase “leer para escapar de la realidad”. Yo misma la he usado en algún momento. He reflexionado sobre ella. Y he llegado a la conclusión de que no puede escaparse de la realidad a través de los libros. Los libros son una realidad inevitable. Una mímesis, un espejo que nos refleja tal cual somos, envueltos en metáforas o alegorías, pero reales, quizá más reales de lo que podemos percibirnos en un espejo cualquiera. Aun cuando acudimos a la ficción, a esos mundos que se distancian del nuestro en sus formas, en su estética, estamos habitando los mismos códigos, conectando realidades convertidas en palabras que, de una forma o de otra, trazan los patrones de nuestra propia realidad. “Libros donde el lector pueda refugiarse del mundo y a la vez conocerlo”, dice Juan Gabriel Vásquez, porque en el texto podemos detenernos a analizar aquello que en la cotidianidad se nos escapa, tenemos el tiempo de diseccionar, de investigar. La lectura, a fin de cuentas, es también un quehacer científico.
Leamos, no para escapar, sino para pertenecer, para entender y para construir la realidad que habitamos por fuera de ellos. Leamos para conocernos. Leamos para desarmarnos y volvernos a armar. Leamos para encontrarnos cuando estemos perdidos, para ver en el otro lo que somos, lo que quisiéramos ser y lo que nunca seremos. Leamos para significar lo que se ha vuelto insignificante, para ver lo que se ha vuelto invisible. En los libros está el mundo, nuestro mundo, estamos nosotros, está impresa nuestra condición humana. Leamos para descubrir que en las letras somos infinitos y que, gracias a ellas, somos dueños de nuestra propia finitud.

Valentina Toro