Carta a los lectores [Letras Abiertas]

Carta a los lectores.

En tiempos de los foros públicos para exhibir los almuerzos íntimos, los noviazgos, los viajes a playas solitarias y las furias personales, la lectura es uno de los últimos refugios personales que subsisten. Cerrar la puerta, abrir los ojos, pensar por cuenta propia utilizando la ruta que deja un autor que nos seduce o nos irrita. Esa es la terapia que se propone para huir en perfecta quietud. Mucho mejor si esa fuga sucede de la mano de quienes pueden llevarnos hacia ideas y vidas que nos son ajenas. Tal vez se pueda utilizar a Marcel Proust, y su pequeño texto Sobre la lectura, para hacer una metáfora entre las paredes que nos acogen y los libros que decidimos deben acompañarnos: “Por lo que a mí respecta solo soy capaz de vivir y de pensar en una habitación donde todo es producto de la creación y del lenguaje de unas vidas profundamente diferentes a la mía, de un gusto opuesto al mío, donde no pueda encontrar nada que me recuerde mi pensamiento consciente, donde mi imaginación se exalta sintiéndose en las profundidades de una personalidad extraña…”

La lectura se ha ido convirtiendo en una especie de artesanía que se cultiva con rigor por unos cuantos, sin aspiraciones de exhibición ni codicias económicas, solo con la intención de ejercitar una destreza, de imponerse una disciplina, de atreverse a pensar. El papel del libro es limitado, no entrega un resultado final sino apenas un inicio, marca una dirección con distintos rumbos. En palabras del mismo Proust, lo que para el autor son “conclusiones”, para el lector son simples “incitaciones”. “Somos conscientes de que nuestra sabiduría empieza donde la del autor termina, y quisiéramos que nos diera respuestas cuando todo lo que puede hacer por nosotros es excitar nuestros deseos”.

Eso es la lectura en último término, una invitación a pensar por cuenta propia, una promesa que aparece y desaparece en medio de las páginas y de nuestra capacidad de atención, como el añorado mirador que entrevé el caminante en las curvas y recodos de su ascensión.

Pascual Gaviria.