Así nos leímos en el VI Encuentro de Bibliotecas Populares y Comunitarias

“Las comunidades no son estáticas, las comunidades se mueven, tienen dinámicas”

Con estas palabras, Arley Orozco Velásquez, Secretario de la Red de Bibliotecas Populares de Antioquia (REBIPOA), definió el porqué de una biblioteca comunitaria o popular en un territorio. Y es que en Medellín, estos espacios trabajan cada día por enriquecer sus procesos y fortalecer los puentes de comunicación con otras experiencias.

Esos esfuerzos, se vieron materializados el sábado 4 de mayo en el VI Encuentro de Bibliotecas Populares y Comunitarias: Leernos en la experiencia, organizado por el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín y la Biblioteca Pública Piloto, con el apoyo de REBIPOA.

Ese día las  calles, casas y habitantes de los barrios Boyacá y Tejelo de la Comuna 5 Castilla, fueron testigos  del encuentro de las 10 apuestas locales, una nacional proveniente de Bogotá, y una invitada desde Ecuador que aceptaron la invitación para dialogar.

El evento, inició en la mañana en la Biblioteca y Casa de la Cultura Raíces de la Raza ubicada en Boyacá,  con las intervenciones de REBIPOA, la Biblioteca Comunitaria de Manabí- Ecuador y la Biblioteca Agroecológica El Uval.

La primera, contó un poco sobre la trayectoria, logros y retos de estos espacios comunitarios, populares, de calle, entre otras formas de nombrarse de acuerdo con sus características en la ciudad, así como de la incidencia cada una, dejando claro que no deben ser vistas como lugares pobres, sino como “procesos organizativos de participación importante”.

Desde Ecuador, su representante Paola Martinez, mediante piezas audiovisuales abrió un poco el panorama sobre la actual situación educativa y cultural en su país, en el que según lo manifestado por ella, no hay literatura de calidad y los libros tienen un alto costo. Pero, principalmente, mostró cómo para contrarrestar estos vacíos y otros más complejos, se trabaja para mantener el entusiasmo de los niños,  niñas y adolescentes a través de la lectura con clubes, bibliotecas móviles, el intercambio cultural y otras apuestas diversas que apuntan al fomento de la ciudadanía global.

Esto quiere decir: reconocer nuestro accionar para actuar desde lo local hasta lo global.

“La importancia reside en la necesidad que tiene toda sociedad de no dejar perder los saberes comunes. Es decir, esos saberes que por lo general  no son reconocidos, pero que funcionan, que proliferan en la vida cotidiana de la gente” fue lo que expresó Daniel Alejandro Cerón, Integrante de la Biblioteca Agroecológica el Uval, para hablar del papel de la experiencia de la que hace parte.

Ellos, expusieron su apuesta de la misma forma en la que cultivan, aprenden y toman decisiones en la casa del sur de Bogotá en la que está asentada El Uval: de manera colectiva. El grupo, se sentó frente al público en el escenario, y uno por uno relató a partir de su vivencia personal cómo han establecido un propósito de cuidar la vida en común y mantener una relación coherente entre la agroecología y la educación, que es uno de los objetivos de la Pedagogía de la tierra.

En la actualidad las dinámicas propias de cada territorio y la necesidad de resolver las problemáticas relacionadas con el bienestar han llevado a que emerjan procesos “plurales”, tal como Arley Orozco lo nombró, que permitan que las bibliotecas trascienden el concepto académico o de información. Daniela Laverde, coordinadora de la Biblioteca Infantil  Comunitaria- BINCO-, explicó que para ella, y de acuerdo con la esencia de su experiencia, una biblioteca comunitaria “es un espacio en el que se puede servir a otros, mostrándole otros mundos, permitiendo que la persona atraviese la persona a través de los libros, a través de lo literario.”

Este año, con el Encuentro no sólo se pretendió compartir saberes, sino  sentires. Durante la tarde, en la segunda parte del evento, en la Biblioteca Popular Tejelo y en la Biblioteca Raíces de la Raza,  los espacios estaban prestos para que en cada una, 6 de las experiencias invitadas, enseñaran qué es lo que las hace distintas.

Así, en ambos lugares los olores, los alimentos, las reflexiones, las narraciones, las preguntas, el teatro, la siembra de plantas, la imaginación, la escritura y, sobre todo el diálogo, fueron los protagonistas durante dos horas en las que, de manera corta pero significativa, los asistentes se acercaron a la construcción diversa  a la que le apuestan estos espacios en Medellín, Envigado, Bogotá y Ecuador.

¡La palabra une, la palabra junta! Fue una de las frases con las que se animó el recorrido que partió  desde Raíces de la Raza con sonidos, alegría y entrega de poemas a los transeúntes para llegar a Tejelo y cerrar el evento con el momento más esperado del día: la entrega del Reconocimiento a  la labor bibliotecaria.

Al final, después de haber disfrutado de una espera ambientada con las piezas de la Red de  Escuelas de Música del 12 de Octubre, el premio se lo llevó Sueños de Papel, una biblioteca comunitaria situada en el barrio La Cruz de la Comuna 3 Manrique. El balance del encuentro, al que asistieron aproximadamente 130 personas, fue satisfactorio, pues según Arley Orozco, “hay mucha tela por cortar, hay toda una escuela  con unos grandes aprendizajes”, que deja como reto seguir afianzando las relaciones entre experiencias, aunque “al menos sabemos que Medellín posibilita diversas lecturas”, de acuerdo a lo expresado por Andrés González, integrante de El Uval.