Arte para la libertad – Un viaje literario a la cárcel Bellavista.

Un anhelo de libertad alcanza a percibirse en el ambiente húmedo de camino a la imponente puerta azul, desde afuera vista por muchos como la privatización de un mundo que se va desmoronando tras de sí a cada paso y desde adentro, puerta de un renacer que entrega al mundo hombres nuevos que aunque salen con los mismos ojos con los que entraron, regresan viéndolo todo de una forma muy diferente.

Varios gallinazos escoltan silenciosamente los pensamientos de quienes se encuentran a ambos costados de los muros y pasan desapercibidos en medio de un entorno que no podría ser más propicio para la vigilancia. Acá los ojos no sobran, aunque sean ojos de animales impedidos para relatar a algunos hombres el accionar de otros.

Las instrucciones son claras, solo ingresar con el nombre plastificado y un dedo manchado de tinta, dejando entre muchas otras cosas la huella del índice derecho en la hoja de un cuaderno de registro, esa misma huella del dedo acusador que a veces parece sonreír mientras señala pero que esta vez entra al lugar donde todos ya han sido señalados con antelación.

Difícilmente la imaginación de un visitante novato podría recrear la imagen de un centro educativo en la entrada de la cárcel Bellavista. Luego del paso por algunos pasillos débilmente iluminados por osados rayos de luz que entran por ventanales ubicados en los extremos superiores de los altos muros, saludos muy simpáticos de hombres que departen entre sí en los pasillos nos reciben.

Al frente la Biblioteca Central nos espera. En este puerto desde donde la palabra y el espíritu humano se elevan y abren paso entre rejas y muros, también brotan para expresar a través de múltiples géneros su esencia depositada en alrededor de doce mil ejemplares impresos y cinco mil disponibles en pdf.

El espacio adornado con las mariposas amarillas de Gabriel García Márquez y los ingeniosos relatos costumbristas de Tomás Carrasquilla están al paso del personal del Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín que durante el año apoyó desde las áreas de fomento de lectura y escritura, gestion social y cultural, y servicios bibliotecarios las actividades de la Biblioteca Central y sus procesos con la comunidad carcelaria.

Mientras los mediadores de biblioteca hablan de los resultados del desarrollo de actividades como el taller de escritura, taller literario, formación de mediadores y el cine foro entre otros, algunas miradas del público, muchas de ellas guiadas por anhelos que van más allá de la imposición mural se concentran en las intervenciones de quienes fueron guías de las cien actividades desarrolladas por el personal de nueve bibliotecas del Sistema de Bibliotecas durante el año.

Más allá de acciones y consecuencias y esas nociones newtonianas, en el centro educativo de la Cárcel Bellavista, lo más importante son los procesos de resocialización donde la educación juega un papel protagónico, muestra de ello es Biblioweb, una plataforma digital
creada por uno de los internos como proyecto de grado con el fin de sistematizar el material bibliográfico y generar el préstamo y registro del mismo con público externo e interno del centro penitenciario.

Luego de recorrer brevemente la historia de la llegada de los primeros libros a la biblioteca y de ser testigos de la representación de algunas problemáticas carcelarias gracias a la producción de un corto audiovisual donde la participación del colectivo audiovisual Pasolini en Medellín fué determinante, nos trasladamos a la Comunidad Terapéutica.

En medio de las impactantes realidades que se ponen en diálogo cuando algunos de los integrantes de la Comunidad leen sus historias de las páginas de una bitácora, es imposible evitar que algunas emociones surjan del interior para posarse como una primera piel en el cuerpo dejando la convencional en segundo lugar, y que la primera encuentre en el espacio cada palabra que cae sobre ella como una cápsula reflexiva. Tras cada relato, un fuerte aplauso lo precede y las miradas afirmativas confirman la concientización de un pasado no muy grato y el paso a la construcción de un futuro más prometedor.

Nos despiden con la intervención de un payaso que habla de la tristeza que encierra su risa, un Canio como el de la famosa obra​Pagliacci del italiano Leoncavallo, en la que un payaso llora su desdicha mientras hace reír a carcajadas al público. Todos expresan lo importante de haber aprendido a expresarse a través de la palabra escrita y su anhelo de que el taller de escritura regrese el próximo año.

Recogemos los pasos que dejamos en el camino de entrada y encontramos las mismas particularidades que antes, la mirada vigilante de los gallinazos posados en lo alto del muro, la alta puerta de color azul y un mundo visto por los mismos ojos con los que entramos sólo que de una forma muy diferente.